En Brasilia, ayer la Selección tuvo que trabajar demasiado para
vencer a los europeos. Los belgas serán el próximo rival, que vencieron a
Estados Unidos por 2-1.
Ya en una instancia decisiva como los octavos de final, Argentina se jugaba el todo por el todo ante un duro rival, con buenos nombres dentro de su equipo inicial. El partido comenzó como fueron usualmente los partidos para la albiceleste en este Mundial: el rival esperando muy atrás para atacar de contra en el momento justo. Así, se hacía muy difícil iniciar juego de cara al arco. Di María ya mostraba dotes de individualidad para desbordar y tirar el centro, y Lavezzi –el reemplazante de Agüero- no tenía sólo la tarea de atacar la banda derecha, si no de bajar como 8 a la par de Mascherano, ya que quedaba muy solo en un mediocampo al que Gago abandonaba para enlazarse con los delanteros. Se probó por abajo, con centros y hasta con córners, pero no había claridad. Para Suiza, Shaqiri e Inler eran los promotores de juego y los que ponían ritmo a su juego, sumado también a las buenas subidas de Rodríguez, su lateral izquierdo. Desde un córner jugado en corto, Shaqiri elude a Gago, entra en el área casi bordeando el fin de la cancha, y tira un centro atrás que es impactado por Xhaka. Parecía gol, pero Romero actuó rápidamente, con buenos reflejos. El uno argentino volvía a dar garantías en esta Copa del Mundo.
Pasaban los minutos y seguían las imprecisiones, sumado a que Lavezzi no encontraba el espacio a las espaldas de Rodríguez e Higuaín sobraba en el ataque. Se presionó la salida de los centrales, y quizás por ahí se pudo haber encontrado una situación favorable, pero ni eso salió. Benaglio, el arquero del rival, no había interactuado con la pelota o en una situación clara de gol. Preocupación. Y para peor, una pelota asilada deja a Drmic mano a mano con Romero, quien debió haber salido y despejar la pelota, pero decidió retroceder y esperar el remate muy adelantado. El suizo, quien sabe por qué, decidió rematar a la carrera con zurda, tratando de emboquillar la pelota. Los corazones se pararon, pero el remate fue malo y terminó en las manos del arquero. Respiraba Argentina luego de sufrir el primer error garrafal del arquero en este Mundial.
Depositados en la segunda etapa, las cosas cambiaron. Suiza se retrasó demasiado, como queriendo comprar el empate. Y de ahí la Argentina creció. En juego, asociándose Di María (en la derecha) con Messi, y Rojo con Lavezzi. Remates fuera del área, un cabezazo de Higuaín y remates y jugadas picantes de Messi pudieron darle a la Selección la ya merecida apertura del marcador. Suiza hacía negocio y el alargue estaba cerca. Ingresó Palacio en lugar de Lavezz, para darle más peso en el área. Se terminaron molestando Higuaín y el ex Boca dentro del área, sobre todo cuando un cabezazo conectado por Palacio y que se fue cerca del palo de Benaglio parecía mejor para el Pipa, quien estaba mejor posicionado. Sin más que ofrecer, el partido se estiraba al alargue.
En estas instancias, parecía que lo físico iba de a poco dejando de funcionar y el desarrollo del cuerpo era más aguantar psicológicamente el partido. En el primer tiempo suplementario, Suiza mejoró, amenazó con ir a buscar el gol y forzar a hacer otro para rogar por los penales. Pero los europeos, ya con su máxima estrella apagada, eran imprecisos y no mostraban ser una amenaza.
Argentina bajó su rendimiento y la falta de efectividad en los pases o gambetas golpeaba fuerte a los jugadores, que no encontraban la vuelta. Primer tiempo extra finalizado.
En los segundos, Argentina fue a matar o morir: de todas las formas posibles, la Selección buscaba el gol y el pase a cuartos. Pero no ocurría nada. Ingresó Biglia por Gago, quien levantó su rendimiento en comparación a sus últimos partidos. Nada ocurría. Todos esperábamos algo de Messi, como en los partidos anteriores: “Que frote la lámpara”. Y, si bien no fue él quien finalizó la jugada, sí la comenzó. Litchsteiner pierde el balón con Rodrigo Palacio, quien luego de recuperarlo toca bien para Lionel. Arranca Messi, derecho al arco, esquiva un patadón tremendo del defensor suizo. Más cerca del arco, tenía opciones en ambas puntas. Higuaín, quien acompañaba por el centro, se corre para su derecha porque ya se preveía que el 10 albiceleste haga una de las suyas. Pero el astro del fútbol mundial pasa la pelota a Di María, que venía a toda velocidad, con sus típicas zancadas a toda marcha, y se acomoda para su mejor perfil. Esquinado, abajo, a la derecha del buen arquero Benaglio, Argentina prácticamente sellaba su clasificación. A dos minutos de los penales, al minuto 118, había gol argentino. Gritado como pocos, 40 millones de personas se desahogaban con un gol que se había negado durante toda una tarde. Injusticia era ir a los penales y equiparar las posibilidades, donde las estrellas son uno más y el azar se hace rey de las decisiones.
Apareció un Angel para darle respiro a todos los argentinos. Y ese Angel volvió a actuar en el partido, cuando desde un córner para Suiza la pelota pasa a todos y golpea a Dzemaili, volante suizo que apareció solo. El balón golpea al jugador, golpea al palo, pega en el muslo del europeo y se va por afuera. Se pararon los 40 millones de corazones. Todo sucedió en medio segundo, tan rápido, que no permitió ni a Romero actuar. Todos miraron, nosotros también. La suerte estuvo de nuestro lado. Algunos invocaban al Papa Francisco, argentino y religioso hasta la médula. Dándole la forma que cada uno quería, Argentina respiraba. También en un tiro libre al borde del área para Suiza, que Shaqiri impactó en la barrera y el árbitro, de mal desempeño, dio por finalizado el encuentro. Alivio total para todos los argentinos. Todos estábamos pensando en quién iba a patear el primer penal, pero los grandes jugadores aparecen en estos momentos. Desaparecen (no en este caso) en todo el partido y aparecen en los momentos claves. Antes, fue Messi solo. Ahora, Di María está para acompañarlo. Los 4 fantásticos no están. Primero, vino uno sólo. Ahora lo acompaña otro de ellos. Con uno lesionado, esperamos por la recuperación futbolística de Higuaín que nos permita transitar los partidos con más tranquilidad.
Argentina continúa sin demostrar lo que realmente es, pero va al frente, busca, intenta, crea. Hasta ahora, tuvo sus réditos. Di María, el héroe de la tarde de ayer, ya lo dijo: “España tuvo suerte en el 2010, ahora nos toca a nosotros”. Hay que llamarla a la suerte y aprovecharla cuando llega. Por lo pronto, en cuartos de final enfrentaremos a la primer selección en este Mundial que esté a la altura de las condiciones, por lo menos, en los papeles, ya que casos como Grecia, Costa Rica o Argelia rompen con todos los pronósticos y demuestran porqué este es uno de los mejores Mundiales, con más goles y más parejo y también vuelven a demostrar porque el fútbol es un deporte tan imprevisible y tan lindo.
Por Agustín Majul @agusmajul
Ficha del partido
Argentina: Sergio Romero; Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Federico Fernández y Marcos Rojo (José María Basanta, m.105); Fernando Gago (Lucas Biglia, m.106), Javier Mascherano y Ángel Di María; Ezequiel Lavezzi (Rodrigo Palacio, m.73), Gonzalo Higuaín y Lionel Messi. DT: Alejandro Sabella
Suiza: Diego Benaglio; Stephan Lichtsteiner, Johan Djourou, Fabian Schäer, Ricardo Rodríguez; Valon Behrami, Gökhan Inler; Granit Xhaka (Gelson Fernandes, m.66), Xherdan Shaqiri, Admir Mehmedi (Blerim Dzemaili, m.113); Josip Drmic (Haris Seferovic, m.82). DT: Ottmar Hitzfeld (Alemania)
Arbitro: Jonas Eriksson (Suecia)
Amonestados: Xhaka, Gelson Fernandes, Rojo, Garay y Di María.
Estadio: Arena Corinthians de Sao Paulo
Ya en una instancia decisiva como los octavos de final, Argentina se jugaba el todo por el todo ante un duro rival, con buenos nombres dentro de su equipo inicial. El partido comenzó como fueron usualmente los partidos para la albiceleste en este Mundial: el rival esperando muy atrás para atacar de contra en el momento justo. Así, se hacía muy difícil iniciar juego de cara al arco. Di María ya mostraba dotes de individualidad para desbordar y tirar el centro, y Lavezzi –el reemplazante de Agüero- no tenía sólo la tarea de atacar la banda derecha, si no de bajar como 8 a la par de Mascherano, ya que quedaba muy solo en un mediocampo al que Gago abandonaba para enlazarse con los delanteros. Se probó por abajo, con centros y hasta con córners, pero no había claridad. Para Suiza, Shaqiri e Inler eran los promotores de juego y los que ponían ritmo a su juego, sumado también a las buenas subidas de Rodríguez, su lateral izquierdo. Desde un córner jugado en corto, Shaqiri elude a Gago, entra en el área casi bordeando el fin de la cancha, y tira un centro atrás que es impactado por Xhaka. Parecía gol, pero Romero actuó rápidamente, con buenos reflejos. El uno argentino volvía a dar garantías en esta Copa del Mundo.
Pasaban los minutos y seguían las imprecisiones, sumado a que Lavezzi no encontraba el espacio a las espaldas de Rodríguez e Higuaín sobraba en el ataque. Se presionó la salida de los centrales, y quizás por ahí se pudo haber encontrado una situación favorable, pero ni eso salió. Benaglio, el arquero del rival, no había interactuado con la pelota o en una situación clara de gol. Preocupación. Y para peor, una pelota asilada deja a Drmic mano a mano con Romero, quien debió haber salido y despejar la pelota, pero decidió retroceder y esperar el remate muy adelantado. El suizo, quien sabe por qué, decidió rematar a la carrera con zurda, tratando de emboquillar la pelota. Los corazones se pararon, pero el remate fue malo y terminó en las manos del arquero. Respiraba Argentina luego de sufrir el primer error garrafal del arquero en este Mundial.
Depositados en la segunda etapa, las cosas cambiaron. Suiza se retrasó demasiado, como queriendo comprar el empate. Y de ahí la Argentina creció. En juego, asociándose Di María (en la derecha) con Messi, y Rojo con Lavezzi. Remates fuera del área, un cabezazo de Higuaín y remates y jugadas picantes de Messi pudieron darle a la Selección la ya merecida apertura del marcador. Suiza hacía negocio y el alargue estaba cerca. Ingresó Palacio en lugar de Lavezz, para darle más peso en el área. Se terminaron molestando Higuaín y el ex Boca dentro del área, sobre todo cuando un cabezazo conectado por Palacio y que se fue cerca del palo de Benaglio parecía mejor para el Pipa, quien estaba mejor posicionado. Sin más que ofrecer, el partido se estiraba al alargue.
En estas instancias, parecía que lo físico iba de a poco dejando de funcionar y el desarrollo del cuerpo era más aguantar psicológicamente el partido. En el primer tiempo suplementario, Suiza mejoró, amenazó con ir a buscar el gol y forzar a hacer otro para rogar por los penales. Pero los europeos, ya con su máxima estrella apagada, eran imprecisos y no mostraban ser una amenaza.
Argentina bajó su rendimiento y la falta de efectividad en los pases o gambetas golpeaba fuerte a los jugadores, que no encontraban la vuelta. Primer tiempo extra finalizado.
En los segundos, Argentina fue a matar o morir: de todas las formas posibles, la Selección buscaba el gol y el pase a cuartos. Pero no ocurría nada. Ingresó Biglia por Gago, quien levantó su rendimiento en comparación a sus últimos partidos. Nada ocurría. Todos esperábamos algo de Messi, como en los partidos anteriores: “Que frote la lámpara”. Y, si bien no fue él quien finalizó la jugada, sí la comenzó. Litchsteiner pierde el balón con Rodrigo Palacio, quien luego de recuperarlo toca bien para Lionel. Arranca Messi, derecho al arco, esquiva un patadón tremendo del defensor suizo. Más cerca del arco, tenía opciones en ambas puntas. Higuaín, quien acompañaba por el centro, se corre para su derecha porque ya se preveía que el 10 albiceleste haga una de las suyas. Pero el astro del fútbol mundial pasa la pelota a Di María, que venía a toda velocidad, con sus típicas zancadas a toda marcha, y se acomoda para su mejor perfil. Esquinado, abajo, a la derecha del buen arquero Benaglio, Argentina prácticamente sellaba su clasificación. A dos minutos de los penales, al minuto 118, había gol argentino. Gritado como pocos, 40 millones de personas se desahogaban con un gol que se había negado durante toda una tarde. Injusticia era ir a los penales y equiparar las posibilidades, donde las estrellas son uno más y el azar se hace rey de las decisiones.
Apareció un Angel para darle respiro a todos los argentinos. Y ese Angel volvió a actuar en el partido, cuando desde un córner para Suiza la pelota pasa a todos y golpea a Dzemaili, volante suizo que apareció solo. El balón golpea al jugador, golpea al palo, pega en el muslo del europeo y se va por afuera. Se pararon los 40 millones de corazones. Todo sucedió en medio segundo, tan rápido, que no permitió ni a Romero actuar. Todos miraron, nosotros también. La suerte estuvo de nuestro lado. Algunos invocaban al Papa Francisco, argentino y religioso hasta la médula. Dándole la forma que cada uno quería, Argentina respiraba. También en un tiro libre al borde del área para Suiza, que Shaqiri impactó en la barrera y el árbitro, de mal desempeño, dio por finalizado el encuentro. Alivio total para todos los argentinos. Todos estábamos pensando en quién iba a patear el primer penal, pero los grandes jugadores aparecen en estos momentos. Desaparecen (no en este caso) en todo el partido y aparecen en los momentos claves. Antes, fue Messi solo. Ahora, Di María está para acompañarlo. Los 4 fantásticos no están. Primero, vino uno sólo. Ahora lo acompaña otro de ellos. Con uno lesionado, esperamos por la recuperación futbolística de Higuaín que nos permita transitar los partidos con más tranquilidad.
Argentina continúa sin demostrar lo que realmente es, pero va al frente, busca, intenta, crea. Hasta ahora, tuvo sus réditos. Di María, el héroe de la tarde de ayer, ya lo dijo: “España tuvo suerte en el 2010, ahora nos toca a nosotros”. Hay que llamarla a la suerte y aprovecharla cuando llega. Por lo pronto, en cuartos de final enfrentaremos a la primer selección en este Mundial que esté a la altura de las condiciones, por lo menos, en los papeles, ya que casos como Grecia, Costa Rica o Argelia rompen con todos los pronósticos y demuestran porqué este es uno de los mejores Mundiales, con más goles y más parejo y también vuelven a demostrar porque el fútbol es un deporte tan imprevisible y tan lindo.
Por Agustín Majul @agusmajul
Ficha del partido
Argentina: Sergio Romero; Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Federico Fernández y Marcos Rojo (José María Basanta, m.105); Fernando Gago (Lucas Biglia, m.106), Javier Mascherano y Ángel Di María; Ezequiel Lavezzi (Rodrigo Palacio, m.73), Gonzalo Higuaín y Lionel Messi. DT: Alejandro Sabella
Suiza: Diego Benaglio; Stephan Lichtsteiner, Johan Djourou, Fabian Schäer, Ricardo Rodríguez; Valon Behrami, Gökhan Inler; Granit Xhaka (Gelson Fernandes, m.66), Xherdan Shaqiri, Admir Mehmedi (Blerim Dzemaili, m.113); Josip Drmic (Haris Seferovic, m.82). DT: Ottmar Hitzfeld (Alemania)
Arbitro: Jonas Eriksson (Suecia)
Amonestados: Xhaka, Gelson Fernandes, Rojo, Garay y Di María.
Estadio: Arena Corinthians de Sao Paulo




































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