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15 diciembre 2014

Morir de pie

Se escapó. El último torneo corto quedó para Racing, que hizo los deberes y venció en el Cilindro a Godoy Cruz por 1 a 0. Con ese mismo resultado River hizo lo suyo derrotando a Quilmes en un duelo friccionado en el que la igualdad se rompió mediante un golazo de Carlos Sánchez.
En términos generales no fue un buen desempeño del conjunto de Gallardo. Apenas un corto tramo de fútbol dinámico no alcanzó para desequilibrar el marcador en los primeros 45. Con las excepciones de Teo Gutiérrez y Mercado por diversas lesiones, el equipo fue el mismo que apenas cuatro días atrás se consagró en la final de la Copa Sudamericana. Desde un principio se vio a un River auspicioso, con claras intenciones de salir a buscar el partido, poniendo el juego en campo rival y haciéndose de la posesión del balón. Sin embargo, la sintonía fina reluciente en otras oportunidades se ausentó y los pases que frenan carreras así como los errores individuales se hicieron notar. Un destacado primer tiempo de Ponzio –manteniendo el alto nivel alcanzado en los últimos encuentros- en conjunto con un encendido Piscullichi fueron insuficientes para generar peligro en el arco rival. Sánchez nunca conectó con un dubitativo Solari -errático a la hora de controlar pases largos y descargar en los delanteros-, sin poder generar ninguna proyección interesante por la banda derecha. Por el otro lado, Vangioni, que encontró la libertad para proyectarse que no tuvo versus Nacional de Medellín, chocaba con delanteros lentos a la hora de desmarcarse, anulando toda tentativa por su sector. En otras palabras, tanto la solvencia de Mercado en cada intervención así como el talento de Teo para aguantar la marca de espaldas al arco se hicieron extrañar.
El desarrollo del juego no tuvo un cambio abrupto en la segunda mitad. El gol de Racing apuraba todavía más a un necesitado River, que con mucho ímpetu pero con poco fútbol procuraba irse ganador. A la larga, la actitud rindió frutos: Sánchez,  posiblemente el mejor jugador del semestre, sentenció un golazo de afuera del área con su pierna menos hábil. A partir de allí, el tiempo sobró, haciendo largo a un partido monótono y falto de emociones, potenciando el resultado en Avellaneda las ganas del pitido final, adelantado –tristemente- por incidentes con el público local.
El técnico tomó la decisión: vio el desgarro de Maidana en la Bombonera y decidió prescindir de sus principales figuras para el duelo más importante del torneo. La idea no era descabellada a priori y lo es menos todavía con la Sudamericana adornando la vitrina. Así y todo, desde aquí creemos que el punto de quiebre no fue la triple carambola en el Cilindro, sino el domingo en el que el once ideal no pudo con un débil Olimpo. De haber mantenido la distancia en la tabla, una derrota frente a Racing conducía inevitablemente al partido desempate.

No se dio, no fue así, la prioridad fue otra. En un 2014 para el recuerdo, la sensación de que el bicampeonato estaba casi en el bolsillo le duele al hincha de River. De todas formas, este plantel cumplió con alzas las expectativas, devolviéndole el buen gusto al futbol argentino, priorizando el ataque, desplegando un juego vistoso como hacía años que no se veía. Simplemente gracias a un equipo que peleó dignamente en ambos frentes y demostró que el funcionamiento colectivo puede más que los nombres propios.


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

11 diciembre 2014

El famoso River Plate

Y llegó nomás. Después de 17 largos años en los que pasó de todo, River vuelve a levantar un trofeo internacional. Suma a su extensa vitrina la Copa Sudamericana, competición que ganó de punta a punta, invicto y solamente cosechando dos empates.
Ante un marco imponente, la noche no se presentó fácil para el equipo de Gallardo. Atlético Nacional ratificó lo que había hecho a la ida, demostrándoles a propios y extraños el buen nivel de fútbol que es capaz de ejecutar. Intentó repetir la fórmula del duelo de Medellín explorando la banda de Vangioni, aunque esta vez se encontró con una propuesta diferente: el lateral, luego de no haberla pasado para nada bien siete días atrás, se resguardó mucho más de lo que suele hacerlo, sin pasar prácticamente al ataque y frenando una y otra vez las envestidas del peligroso Berrio. Con su arma principal anulada, al conjunto cafetero se le hizo cuesta arriba llegar al arco de Barovero, quien nuevamente –tal como el mote de “arquero de equipo grande” le exige- respondió ejemplarmente en las pocas que tuvo.
El primer tiempo se fue sin goles pero con un River superior. Ponzio evocó a Mascherano, anticipándose continuamente a los jugadores visitantes y cortando todo lo que pasó cerca de él, sin sufrir la soledad con la que se encontró en Medellín. Mientras Pezzella y Vangioni bloqueaban sus sectores, Mercado sufría en más de una oportunidad el dos-uno por su banda, dado que el uruguayo Sánchez no llegaba a retroceder luego de sus incesantes corridas en buscas del primer tanto. Por su parte, Ramiro Funes Mori no tuvo una de sus mejores noches, saliendo a cortar a destiempo lejos del área. Pese a estos inconvenientes, las llegadas del millonario no se hicieron esperar, convirtiendo en figura al arquero Armani. De haber estado Teo un poco más inspirado, River se podría haber ido al descanso tranquilamente con uno o dos goles de diferencia. El colombiano estuvo titubeante en los últimos metros, sin sacar rédito de las continuas posibilidades que Mora se encargó de generarle. El delantero uruguayo fue el más importante del ataque millonario. ¿Cómo, si no le pegó al arco ni una vez? Fue un dolor de cabeza para todos los defensores, sometiéndolos a una presión que los llevaba a cometer errores en las salidas. Curiosamente, un delantero “moderno” que en sus últimos partidos tuvo mejores actuaciones sin pelota que con ella.
Sin presentar ninguna modificación, el segundo tiempo se inició con un andar diferente. River cedió el protagonismo y estuvo al borde del 0-1 cuando el mellizo arriesgó de más en una de sus habituales arranques con pelota al pié. A partir de allí, el pánico al papelón hizo que todo lo que pasara cerca de su pie izquierdo volara por los aires: pelotazo y a otra cosa –era lo que pedía el juego, menos riesgo en su campo dado que salir jugando no era fácil-, podría sintetizarse el resto de su partido. Frente a la incapacidad de Nacional para generar serio peligro en el arco de Trapito, los dirigidos por Gallardo volvieron a hacer uso del juego aéreo, clave en este semestre. Entre la sublime ejecución de Piscullichi y la capacidad goleadora de sus defensores, Mercado y Pezzella, respectivamente, sellaron dos cabezazos inatajables para el bueno de Armani.
Con los dos goles de ventaja y la copa en sus narices, el orden de River sepultó las chances del conjunto visitante, inocuo en los últimos 30 minutos. Virtud a destacar: en contraposición con el reconocido “colgémosnos del travesaño”, el millonario situó el juego lejos, lejísimos de su vaya; presionó más arriba que nunca, forzando a los defensores colombianos a equivocarse continuamente, sin posibilidad de colocar ni un sólo centro en el área de Trapito.

¿El resto? Una fiesta que ya se había iniciado después del cabezazo de Pezzella. Ovación para un reivindicadísimo Ponzio, para la clase majestuosa de Piscu -posiblemente el mejor refuerzo de los últimos años-, para Cavenaghi y su eterno amor por esta camiseta, para Barovero y sus fundamentales intervenciones en el certamen -para Gigliotti-, para todo aquel que pasase cerca de la cámara y para él, para el autor de esta reinvención, para el hijo de la casa, para el cerebro de la operación: para Marcelo “Muñeco” Gallardo. 


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

05 diciembre 2014

Final abierto

Se fue la primera de las dos finales de la Copa Sudamericana y River se trae un buen resultado de tierras cafeteras, considerando que la llave se cierra en el Monumental. Fue un 1-1 versus a un Atlético Nacional de Medellín que tuvo a un viejo amigo de la casa, Juan Pablo Ángel, sentado en el banco en uno de los últimos partidos de su carrera.
Teniendo en cuenta lo friccionado que suelen ser esta clase de encuentros, la de ayer por la noche fue una gran final. “Un tiempo para cada lado”, repitieron hasta el hartazgo los comentaristas de los principales canales deportivos. Los primeros 45 fueron de supremacía verdiblanca. River entró desconcentrado y sufrió varias llegadas en los primeros veinte minutos. La defensa no lograba ordenarse y los colombianos exploraban los enormes vacíos que surgían a espaldas de los laterales: a Mammana le costó asentarse en una posición en la que no acostumbra a jugar –es naturalmente central- mientras que Vangioni tuvo uno de sus peores encuentros desde su arribo a Núñez. A su vez, los volantes locales abrían la cancha hasta sus límites, forzando a Sánchez y Rojas a dejar prácticamente solo a Ponzio, llevándolo a cortar repetidos ataques por medios de faltas que rozaron la tarjeta o a ser superado fácilmente por la simple superioridad numérica a la que se enfrentaba. Por su parte, Mora y Teo anduvieron muy por debajo de su nivel, mientras que Piscullichi, más allá de alguna gambeta aislada, no se encontraba con su juego. Finalmente, se hizo justicia y, cuando parecía que se zafaba del sacudón inicial, el colombiano Berrio aprovechó la espalda de Vangioni y definió con categoría frente a un Barovero poco decidido a salir de debajo de los tres palos. Lo que restó del primer tramo fue más de lo mismo, con un Nacional que pudo haber estirado la ventaja de haber sido un poco más preciso en los metros finales.
“Lo peor ya pasó”. Palabras textuales de Gallardo en el entretiempo. Vaya sí tenía razón: si jugando así estaba solamente un gol abajo, dar vuelta la historia no era una utopía. Sus palabras hicieron efecto y la actitud del conjunto millonario cambió radicalmente. Desde el inició tomó las riendas del partido y el balón comenzó a circular en los pies de Sánchez y Piscullichi. Luego de dar claros indicios de mejora, nuevamente Piscu y su zurda mágica hicieron algo que ya es costumbre: clavar un golazo de afuera del área.  
Minutos más tarde, el Muñeco, quien ya había hecho ingresar a Solari para oxigenar la banda derecha, mandó a la cancha a Cavenaghi en lugar de un deslucido Mora y se la jugó por el retorno de Kranevitter sacando al goleador de la noche. Este último cambio parecía dar el mensaje de que el empate le sentaba bien, pero la lectura del técnico fue más allá: Ponzio, quien levantó notablemente su nivel en el segundo tramo, estaba llevando a cabo una tarea sumamente desgastante y no iba a aguantar los 90 de seguir con el mismo sistema; por ende, decidió adelantarlo, plantar un clásico 4-4-2 y darle la tranquilidad de saber que Kranevitter cubría su espalda. River no perdió el control del partido ni tampoco llegadas al área rival, sino que se asentó mejor en su campo sin pasar grandes sobresaltos en el último cuarto de hora.

Se cerró en parda, podría haber sido para uno como para el otro. Dado que las más claras fueron para los cafeteros –milagroso travesaño tras un cabezazo de Pérez y yerro individual tras una mala salida de Barovero- y que en una semana la historia se cierra en Núñez, los dirigidos por Gallardo no deben estar disconformes con el resultado, conscientes de que están frente a una oportunidad histórica de sumar a sus vitrinas una copa que, hasta ahora, les fue esquiva.


Por Ignacio Alejane @nachoalejandre.

01 diciembre 2014

Lo último que se pierde

Por la fecha 18 del Torneo Transición 2014, River se reencontró con el triunfo luego de la caída ante el actual puntero, Racing. Fue un 3 a 2 trabajoso frente al Banfield de Almeyda, a quien se le entregó una merecida plaqueta por su incansable entrega por esta camiseta.
No fue bueno el primer tiempo de los dirigidos por Gallardo. El amplio dominio del balón no se correspondió con la cantidad de situaciones generadas. Apenas un remate de Teo que encontró bien ubicado al joven Servio –surgido de las inferiores millonarias- fue lo más cerca que se estuvo de alterar el marcador. Se recuperaba rápido y no se sufría atrás, pero la lentitud en los metros finales sumada a la falta de movilidad a la hora de desmarcarse, ahogaban a los laterales y volantes que llegaban con pelota a la altura del área. El sector elegido para perforar fue, casi siempre, la banda derecha, donde un inequívoco Mercado complementaba las iniciativas del joven Solari, quien alteró buenas y malas a lo largo del encuentro. El primer tramo parecía cerrarse en un cero a cero congruente con el adormecedor desempeño de ambos equipos, hasta que, luego de un jugadón individual, Bertolo la clavó en el ángulo izquierdo de Barovero en una soberbia definición.
Panorama negro para River: Racing había ganado 3 a 0 y, con este resultado, se despedía del campeonato. Ante el apuro, el técnico se la jugó y mandó a la cancha al mejor jugador del semestre, Carlos Sánchez, y al ídolo Fernando Cavenaghi. Nuevamente, la mano de Gallardo para los cambios fue determinante en el resultado.
Desde las primeras jugadas del complemento se vio a un conjunto diferente gracias al despliegue incesante del uruguayo. En sólo 12 minutos River estaba encima del marcador, producto de un gran remate de Cavenaghi de media distancia y de un cabezazo del propio Sánchez entrando por la banda izquierda, fiel reflejo de la versatilidad del 8 mentiroso de la Banda. Cuando el partido parecía encaminarse hacia un triunfo seguro, el Malevo Ferreyra –con quien el hincha ya perdió toda la poca paciencia que tenía- se hizo expulsar y, en el minuto posterior, Solari cometió un penalazo. Barovero esta vez no se “convirtió en héroe” –aunque sí lo hizo sobre el final con una serie de espléndidas atajadas- y Banfield empató.
Cuando parecía que el torneo le cerraba sus puertas, Sánchez recuperó, Solari se reivindicó armando un jugadón y el Torito llegó a los 101 goles con la camiseta que ama. A partir de allí, una buena defensa –con Pezzella como abanderado- sacó todo lo que tenía que sacar; en la única que falló, Trapito hizo lo suyo.

Como análisis final del encuentro, quedó demostrado lo mucho que cambia cuando ciertos hombres fundamentales saltan a la cancha. De tener un plantel más largo, Gallardo hubiera podido darle más descanso a ciertos jugadores y llegar mejor parado al último tramo del campeonato, el cual parece estar servido en bandeja para los de Avellaneda. Se dé el milagro o no, nada que reprocharle a este plantel que tiene a sus hinchas ilusionados con la doble corona hasta última hora; como bien dice el refrán, la esperanza, es lo último que se pierde…


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

28 noviembre 2014

El nene


El nene nació y le estamparon la banda en el pecho. No tiene idea del cuándo, pero desde el primer momento en que tuvo uso de razón ya era de River. Fuese por el padre, por un tío, por un amigo. Nunca nadie lo vio con otra camiseta. El nene creció al ritmo de los títulos locales. Tuvo como ídolo a Saviola, Aimar, Ortega, Ángel, el Muñeco. Se acuerda del zapatazo de Zapata en Olimpo y del día que Cavenaghi, Domínguez, Demichellis y compañía gritaron campeón en el Monumental con los pelos de todos los colores. 29, 30, 31…ya ni los contaba. Pero algo le faltaba… el nene veía como la Argentina era suya, pero como su primo malvado ganaba en Colombia, Brasil, Méjico. Veía como un tal Bianchi de pelo blanco se sacaba fotos con copas; como Riquelme paseaba a Makelele en Japón; como un Palermo, a quien nunca lo considero bueno, hacía goles de cualquier forma. Se entera que Bianchi, cuando era nene, era de River. Repudio. Llega a semifinales de su tan ansiada Copa, era su chance, fue a la cancha. Vio como volaban patadas de todos los colores y cuando se abrochaba el cinturón para irse a Colombia, un Tévez le hizo la gallinita. Se esperanzó con Nasuti; lo erró Maxi. Esa espina le quedó clavada. Nunca se la pudo sacar. Leía estadísticas: nunca había podido eliminar a ese equipo en llaves directas de copas internacionales. Siguió creciendo, terminaba el secundario: malas dirigencias, se afanaron hasta el agua del florero, Belgrano. Belgrano. De vuelta al embrión, a renacer, a hacerse de las cenizas. ¡Pelado…Pelado! Y a Primera. River vuelve a ser River. Algo empieza a cambiar. Un poco de orden. Salta la ficha. Vuelve Ramón. Que se vive del pasado, que se vive del presente, que volvemos a dar vueltas: campeón. Ahora sí lo festeja. Ahora sí valora tal y como se merece ser el mejor de los 20 mejores equipos de uno de los países más futboleros del mundo. Lo grita. Lo siente… se va el hijo pródigo. Se va Ramón. ¿Gallardo? ¿Sólo Nacional dirigió este? ¿Está listo? Glamour, fútbol champagne. Semifinales. Sudamericana. Boca… Bajón. Lesiones. Cero goles de visitante. Se lo ve venir. 15 segundos. Penal. Otra vez sopa. Esta película ya la vio. El nene abraza sus rodillas, agacha la cabeza, mira su ombligo. La espina duele. Nunca sanó. Está latente. Se larga a la una, a las dos…¡Trapito..Trapito! Perdió 15 años de vida en 15 segundos de partido. Vangioni, Piscullichi. Afónico. El nene siente lo mismo que antes. El nene está ahí, adentro, con esa puta espina que no sale. El nene ve 5 minutos de descuento. ¡Ya lo vi esto! ¡Está comprado! Teo. Roja. ¡Terminalo por favor!

El nene, ya no es un nene. Dio el salto. Pegó el estirón.


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

25 noviembre 2014

All in

Así se dice cuando en Póker un jugador se juega todas las fichas en una mano, en base a las cartas que le tocaron y a la probabilidad de que el dealer dé vuelta las cartas que necesita para ganar. Es apostar todo lo que uno tiene a una jugada, a una sola cosa, a un único resultado. Eso fue lo que hizo el Muñeco Gallardo. ¿Arriesgado? Sí. ¿Equivocado? Sólo el destino lo sabe.

Únicamente dos titulares paró el DT frente a su inmediato perseguidor. Decidió salir a jugar una final con una reserva reforzada. Los pibes tuvieron que bancar la parada. No estuvieron lejos de la hazaña. Racing no fue más que River, pero tampoco menos. Se encontró con el gol y, a partir de allí, hizo lo que cualquiera haría en la fecha 17 quedando como único puntero: cuidó el resultado. Sabiendo que la juventud no era una amenaza insostenible, Cocca armó bien el fondo y aprovechó tener al hombre-del-momento Gustavo Bou, posiblemente el mejor delantero en el fútbol argentino para complicar en soledad a una defensa entera. El pibe surgido en la cantera millonaria es el típico punta incisivo, plagado de recursos para generar peligro en el área rival, sea definiendo con categoría así como con violentísimos remates. A su lado, chapeau para Diego Milito. Para evitar contiendas judiciales, citamos textualmente un twit del número uno, Juan Pablo Varsky: “El regreso de Milito a Racing se parece, por liderazgo, influencia y contribución, al de Enzo a River en 1994”. El ex Inter de Milán puede no anotarse en el marcador sin dejar de ser fundamental para su equipo, juntando marcas y dejando en libertad a sus compañeros, mostrando esa categoría que solamente distintos como él poseen. Por último, mención especial para un cinco que da que hablar: Ezequiel Videla es cosa seria. Dios quiera que D’onofrio y compañía ya lo estén gestionando para la próxima temporada.

Por el lado de la Banda, poco y nada. Un arranque auspicioso con dos llegadas claras en el primer cuarto de hora se fue diluyendo con el correr de los minutos. Pasado ese sacudón, el juego nunca se encontró, los pases imperfectos reinaron y los centros prácticamente nunca fueron bien tirados. La suerte no estuvo de nuestro lado, a tal punto que el gol de Racing llega de una triple carambola. Más que analizar a los que jugaron, más interesante es analizar las decisiones que se tomaron. La apuesta de Gallardo es clara: la prioridad es Boca y no está mal que así lo sea. Ahora bien, ¿era necesario no parar a más titulares en el banco? ¿El ingreso de Vangioni o Mercado para ajustar los centros no hubiesen esclarecido las llegadas al arco de Saja?

El técnico se la jugó. Los pibes hicieron lo que pudieron y hasta se puede pensar que estuvieron a un sólo gol de mantener la punta. La suerte no estuvo de nuestro lado. River, nuevamente, no se reencontró con su juego. Posiblemente se llega de la peor manera al partido más importante del año. Sin embargo, esto es fútbol, y así como tantas otras veces llegamos como favoritos y nos volvimos con las manos vacías en los superclásicos, quién te dice que el viernes los titulares de los diarios se quedan sin palabras para describir lo acertada que supo ser la decisión de Gallardo. 

Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

21 noviembre 2014

No solo es cuestión de actitud

No soy de los que creen en eso de “mística copera”, creo en los equipos, en sus líderes y en sus técnicos. No creo en las estadísticas, están para romperlas. Ahora bien, sí creo fervientemente que para ganar una copa hay que tener un plus actitudinal en ciertos partidos así como la medida justa de temple: de nada sirve desbocarse en cada pelota sin la serenidad ni la inteligencia necesaria para afrontar un superclásico. En esta confusión entre violencia y actitud, así como la falta de alguien que calme los ánimos y ponga los pies en tierra de todos, River se fue de la Bombonera sin perder, pero sin anotar ni un solo gol de visitante…
Desde un comienzo se vio a un equipo lento, llegando tarde a los balones disputados y cediendo la posesión ante un Boca que, con muy poco, le alcanzaba para situar el juego lejos de su arco. Recién cerca de los 20 minutos, los dirigidos por Gallardo parecieron acomodarse; lejos –lejísimos- de generar peligro, por lo menos equipararon el partido en el mediocampo. Justamente ese sector no supo ser usufructuado: cuando pasaban el círculo central con la pelota al pie se le presentaban huecos en la defensa y, en más de una ocasión, superioridad numérica. Así y todo, las imprecisiones reinaron en un primer tiempo apático en donde la falta de creatividad de los conductores primó.
Por nuestro lado, Piscullichi se mostró reacio a tomar las riendas del partido. Es claro que su rol no es aquel del 10 de toda la cancha: se le pide que se recueste por las laterales para hacer de enlace entre las diferentes líneas de ataque. Cuando se enciende, esta función de nodo conector le sale naturalmente bien; cuando tiene un partido como el hoy en la Bombonera, el equipo lo extraña. Se necesita mucho más de él. ¿Por qué? Porque a los grandes jugadores hay que exigirle. Si uno le pide, es porque es consciente de lo que puede llegar a dar. Se lo requiere al mismo nivel con el que se ganó la confianza del hincha en sus primeros encuentros con la Banda: enchufado, colocando esos cambios de frente que sólo talentosos como él ven antes de recibir el pase y, como lo hizo en una ocasión a Giovanni Simeone, poniendo esos pases entre líneas -y piernas- propias de un gran conductor.
Sin embargo, Piscu no fue el único apagado de mitad de cancha en adelante. Teo no generó ninguna situación de peligro, sin desequilibrar en ninguna jugada ni abrirle espacios al joven Simeone. Bajo la misma línea, el uruguayo Sánchez evidentemente necesita parar: jugar prácticamente todos los encuentros del semestre, debutar con tu selección y, en menos de 48 horas, tener que jugar un superclásico suena extenuante de sólo decirlo. Es un jugador clave en el equipo, uno de los principales creadores junto con Piscullichi y Rojas, además de ser el que mayor desgaste hace. Sin él a un 100% y con Kranevitter lesionado, River no disfruta de sus dos mejores jugadores o, al menos, los más constantes en sus rendimientos.
En cuanto a la defensa, se la vio segura, sin sufrir grandes arrebatos, pero, a la vez, desmedidamente violenta. La cantidad de amonestados -siete- refleja el juego tan brusco como innecesario que la Banda desplegó en la Boca. Vangioni podría haber sido expulsado de no ser los primeros minutos del encuentro mientras que Maidana y el Mellizo cruzaron tarde y mal en sendas ocasiones. El punto más alto del equipo: Mercado. El lateral anuló completamente al corajudo Chávez y siempre que pasó al ataque no perdió el balón, mostrándose seguro en todas sus intervenciones.

Retornando al punto inicial, si River quiere traer una copa continental a Núñez luego de diecisiete años,  necesita dar vuelta la página, volver a sus raíces reencontrándose con el juego ofensivo que tan bien desplegaba, recuperar físicamente a sus jugadores -¿parar o no al once ideal el domingo contra Racing?- y comprender que una oportunidad como ésta no se presenta todos los días. La vuelta se jugará con el cuchillo entre los dientes pero River deberá recapacitar y comprender que jugar con actitud no es entrar a golpear y que, así como los grandes hombres se destacan en los momentos duros, los grandes jugadores  deben aparecer en estas circunstancias.


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

14 noviembre 2014

Se veía venir

“Con el diario del lunes, el prode lo ganamos todos”. Y sí, oportunamente nos calzamos el traje de visionarios y estamos todos de acuerdo que la derrota estaba el caer. El verdugo fue Estudiantes, equipo que presentó una dura batalla en la Sudamericana y que se dio el gusto de cortarle una racha de 31 partidos a quien sigue siendo el puntero del campeonato, beneficiado por la derrota de su inmediato perseguidor, Lanús.
En el postergado de la fecha 14, la noche se presentó complicada desde un principio: a tan solo 6 minutos del saque inicial, Diego Vera aprovechó el error de Barovero y puso arriba en el marcador al conjunto platense. Dato a tener en cuenta: el delantero le convirtió tres goles en tres semanas a la Banda. ¿Algo más de Estudiantes? Además de una destacable labor de su defensa –la cual, prácticamente, anuló toda tentativa ofensiva de la Banda-, y una efectiva presión alta llevada a cabo por sus delanteros que complicó la salida del fondo de River, los dirigidos por Pellegrino no tomaron riesgos, se refugiaron atrás, y defendieron con nueve hombres dejando a Carillo o, en su defecto, a Vera, para la contra. Eso sí, a seguir bien de cerca en el próximo mercado de pases al promisorio juvenil Correa…
A diferencia de lo sucedido en todo el torneo, el conjunto local nunca se encontró con su juego, a tal punto que –aunque suene rarísimo decirlo- no generó tan solo una clara situación de riesgo en el arco rival. La auspiciosa propuesta de Gallardo no se vio en ningún momento: las líneas no se acoplaron y las bandas –más allá de una laboriosa tarea de Vangioni- sufrieron la ausencia de su mejor exponente, Sánchez, y la solvencia que Mercado suele aportar a la hora de pisar el campo rival. A su vez, faltó mayor dinamismo, no hubo quien cambie el ritmo ni impusiera una velocidad de circulación mayor para desacomodar a la defensa. A Mora se lo vio activo, sobre todo en la presión que tanto le insiste el entrenador, pero falto de conectores; Piscullichi se enchufó de a ratos, con destellos de jerarquía esporádicos, pero sin hacerse de los hilos del equipo, tarea que tampoco pudo asimilar el joven Tomás Martínez, quien ingresó en el segundo tramo.
¿Algo para resaltar en esta triste jornada de fin de invicto? Sí, la actitud. Ante la falta de ideas y la sensación generalizada de “hoy no sale una”, no hubo ningún jugador que se borró cuando la parada se vio difícil, yendo para delante con poco fútbol pero con mucho amor propio. El “poné a los pibes” del Muñeco no alteró el resultado esta vez aunque sí confirmó el ansia de lucirse y colaborar que tienen, mientras que se topaban una y otra vez frente a una férrea pared platense.

Para cerrar con un aire un poco más esperanzador, apelando a la mística futbolera más pura, quién dice que haberse sacado de encima la carga de la primera derrota antes de la semifinal con Boca no nos puede llegar a jugar a favor…


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

10 noviembre 2014

Perspectivas

Lunes a la tarde noche. Dos tipos salen del trabajo, terminaron su eterno primer día de la semana. En vez de ir a sus casas, como ya es costumbre, arreglan juntarse en el barcito de siempre. Whisky en mano, se olvidan de todo por un rato para discutir sobre los partidos del domingo. Después de coincidir en que el arbitraje de Merlos fue de lo peor que han visto en una cancha de fútbol -semejante al España-Corea del mundial 2002, en el que el egipcio Gamal Al-Ghandour ya no sabía qué inventar para que los locales llegasen a las semifinales por primera vez en su historia- y en que la ironía de Gallardo para referirse a dicho encuentro fue muy ocurrente (“¿Ya terminó Lanús o todavía sigue jugando?”), llega el momento de emitir opinión acerca del puntero.

Uno, el más joven e intrépido de los dos, no anda con vueltas: “River ya no es el mismo que antes. Estudiantes lo pudo haber eliminado, Vélez lo complicó y ya van varios partidos que no encuentra el juego por el que tanto halagaron al joven pero inexperto entrenador”. Está convencido de lo que dice. Para él, el cansancio y la falta de recambio le están jugando una mala pasada. El mediocampo ya no es el punto de encuentro entre todos los futbolistas de buen pie de la Banda, la defensa deja agujeros y se duerme en más de una ocasión –alegando al error de Mercado en el gol de Milton Caraglio-, la delantera no está generando el mismo peligro que en las primeras fechas y Teo es serio candidato a dejarnos con uno menos si sigue con sus ya clásicas agresiones, como lo fue el infantil codazo a Cubero. Aprovecha y entre tanta tierra le pega a D’onofrio por no traer refuerzos, con más dureza que nunca después de haber visto el nivel que Lucas Pratto demostró en el Amalfitani, tal como lo viene haciendo domingo tras domingo.

Por su parte, su compañero, unos veinte años mayor y con unas arrugas que reflejan, al menos, unas cinco décadas de ver fútbol, se muestra relajado, calmo, escuchando el monólogo del joven con una sonrisa que puede catalogarse como soberbia o propia de un hombre curtido, dependiendo qué tanto se lo conozca. Una vez que escuchó los largos minutos de crítica, deja el vaso en la mesa, inclina su cabeza hacia adelante y le pregunta: “¿Tenés idea lo que significa para un grupo llevar 31 partidos invictos? ¿Estás al tanto que hace nada más que dos torneos San Lorenzo fue campeón con un punto más de lo que River tiene en la fecha 14?”. Procedió a explicar que es lógico que los encuentros sean cada vez más duros, que los rivales lentamente van encontrándole la vuelta pero que, hasta ahora, ninguno pudo superarlo en el juego durante los 90 minutos: la intensidad que implica romper los hilos conectores de la propuesta millonaria deja sin resto a sus rivales para los segundos tramos; se vio en Rafaela, en el ida y vuelta vs Estudiantes y ayer. Se “queman” en el primer tiempo, exponiéndose a una segunda mitad con menos dominio y más llegadas en contra.

Justamente el empate contra Vélez fue el caso en que River no mostró su mejor versión en ningún momento, pero que, así y todo, le encontró la vuelta como ya tantas otras veces. Sin grandes ocasiones pero a su vez sin incurrir en grandes riesgos en su mitad, el empate le calzó bien para seguir arriba, ahora a menos puntos de sus inmediatos perseguidores. ¿Para preocuparse? No parece. Como le gusta decir al Muñeco, se viene una seguidilla de partidos en los que el plantel va a tener que dar importantes muestras de carácter: mantener la supremacía en el ámbito local mirando de reojo la llave por la Sudamericana, apelando a que los pibes oxigenen al equipo y aprovechen estas oportunidades que se les presentarán para dar el salto de madurez en su carrera.


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

07 noviembre 2014

La gran chance

Llegó el momento. Los dos partidos más importantes del año. La llave más esperada en toda Sudamérica. “El Clásico del Mundo”, tal como fue patentado poco tiempo atrás por ambos clubes, se jugará nada más y nada menos que en la semifinal de un torneo continental.
De acá al 20 de noviembre todo pasará a un segundo plano. Fondos buitre, peleas entre candidatos presidenciales, casamientos de la farándula. Será difícil que en algún rincón del país no se toque el tema. Por tercera vez en el mileno, River y Boca se enfrentarán fuera del marco local.
En las dos oportunidades anteriores, la suerte estuvo del lado del conjunto xeneize. En el 2000, dos equipazos se enfrentaron por los cuartos de final de la Libertadores. Tras un 2-1 a favor de River en la ida con goles del colombiano Ángel y Saviola, la vuelta fue remontada con autoridad en un encuentro recordado por el “Topo Gigio” de Riquelme y el retorno de Palermo tras una larga lesión. Más fresco en la memoria, una de las llaves más emocionantes de la historia de la Copa se definió en tanda de penales: el 1 a 0 en la Bombonera se compensó con el gol agónico de Nasuti en el Monumental que selló el 2-1. Es el día de hoy que el penal de Maxi López se recuerda con dolor por parte del hincha de River, mientras que Boca perdió la oportunidad de ir a Japón en el 2004 en manos del sorpresivo Once Caldas colombiano.
Heridas de las más profundas que la pasión futbolera puede dejar, River tiene hoy la gran oportunidad de reivindicarse y sacarse aquella vieja espina: en un semestre de resultados ideales, los 30 partidos invictos lo hacen parecer imbatible. Sin embargo, la contundencia de los primeros encuentros no se vislumbra en los últimos. En la noche de ayer, Estudiantes supo ponerlo contra las cuerdas. El final del primer tiempo y el comienzo del segundo vio a un conjunto platense desencajar al equipo de Gallardo: una serie de clarísimas llegadas consecutivas dieron vuelta el 1-0 impuesto por Teo a los 40 segundos. Las espléndidas tapadas que convirtieron en figura a Barovero –incluido un cabezazo en el área chica del peligrosísimo uruguayo Vera-, demoraron lo máximo posible la remontada que parecía inevitable. A partir de la ventaja de Estudiantes, el partido se transformó en partidazo, jugándose de arco a arco, con llegadas claras para ambos lados. Cuando la llave estaba para cualquiera, nuevamente River hizo uso de un arma mortal de este semestre: el juego aéreo. Tras dos centros magníficos de Pisculichi, Mora y Funes Mori fueron los encargados de sellar el pase a semifinales, dejando sin ánimo a los dirigidos por Pellegrino.

Si hay algo que deja tranquilo al hincha millonario es que en situaciones adversas, el equipo siempre supo encontrarle la vuelta a sus rivales; los resultados, lo avalan. Si Gallardo logra ordenar la última línea -más de una vez queda mal parada frente a la iniciativa constante de ir a buscar el arco rival-, River tiene todo para dar el golpe, vencer a su par boquense y darle el gusto al hincha que viene soñando con una copa internacional, esquiva desde la Recopa de 1997.


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

27 octubre 2014

Recursos

Arrancó que parecía fácil, se puso difícil, estaba perdido, se sufrió, se remontó, se terminó perdonando al rival... En un partido tan cambiante como entretenido, River se trajo  puntos valiosísimos de una cancha complicada como la de Atlético Rafaela, ampliando el historial invicto frente al elenco santafecino.
No fue bueno el primer tiempo de los de Gallardo. Tras un arranque fenomenal, generando chances, poniendo el juego lejos de Barovero y haciéndose de la posesión del balón, las luces se fueron apagando con el correr de los minutos, a tal punto que los dirigidos por Sensini frenaron todos los circuitos de juego del millonario forzando imprecisiones y pases largos e imprecisos (por no decir pelotazos ante la falta de hombres desmarcados), contrariando las primicias que el entrenador procuró inculcar desde su arribo. Con un sacrificio notable y una vergüenza admirable, Rafaela fue quien tuvo las más claras en el primer tiempo, encontrándose con un golazo desde afuera del área de Diego Montiel en el minuto 13. La clave del gol: la espalda de Vangioni. El lateral, quien se perderá el próximo encuentro por acumulación de amarillas, subió al ataque desmedidamente descuidando su sector en más de una ocasión. Ante una floja reacción -o directamente inacción- de Trapito, el partido se puso cuesta arriba y el irse 0-1 al vestuario no fue un mal resultado para la Banda, considerando el desarrollo del juego.
Sin embargo, al igual que como sucedió en los últimos encuentros, las individualidades aparecieron cuando más se las necesitó. Poco después de arrancado el segundo período, una pincelada mágica de Pisculichi puso a River en partido de vuelta. El enganche, cuyo rendimiento se vio disminuido en los partidos anteriores por el desgaste físico acumulado, colocó contra el palo un tiro libre exquisito, y, a partir de ese momento, procuró tomar las riendas del conjunto, distribuyendo con mayor precisión el balón y encontrándose con esa función de armador que tan bien ejecutó al llegar al club. Los dirigidos por el Muñeco pasaron de ser dominados a dominadores y, llámese suerte u ojo crítico –dependiendo del gusto y la (des)confianza del lector- fue justamente el técnico quien, nuevamente, se la jugó con un cambio, por lo menos, llamativo: afuera la figura del torneo, Teófilo Gutiérrez, y adentro el Cholito Simeone. Tan solo un minuto después de su ingreso, fue él quien peleó un pelotazo largo y, gracias a una serie de graves errores de la defensa y del arquero rival, el silencioso pero imprescindible Ariel Rojas marcó su segundo gol con la Banda.
A partir de allí, Rafaela, quien no pudo sostener la presión ejercida en el primer tiempo, fue con más ganas que fútbol y, más allá de una salvada agónica de Maidana sobre la línea, no generó grandes situaciones  de peligro. Fue River quien tuvo las más claras sobre el desenlace pero no resolvió bien ninguna de ellas.
Lejos de su mejor versión, lo que uno se puede llevar de positivo en un partido como éste es que el puntero de la tabla, de quien se sabe que no depende exclusivamente del talento individual sino de un engranaje conjunto, también tiene diversos recursos para afrontar paradas complicadas: el juego aéreo en el Marcelo Bielsa de Newell’s y la jerarquía individual en la calurosa noche rafaelina fueron las llaves de sendas victorias.

Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.


23 octubre 2014

Hizo los deberes


Sin descollar como en otras oportunidades, el River de Gallardo superó otro obstáculo. Su víctima en esta ocasión fue Libertad de Paraguay, elenco dirigido por Pedro Sarabia, quien supo defender los colores de la Banda allá por los años noventa. El marcador final fue 2 por 0, con tantos de Gabriel Mercado y el joven Giovanni Simeone.
A pesar del panorama favorable por el resultado obtenido en tierras guaraníes, River tomó las riendas desde un principio. Saltó al campo con una convicción notable: “para nosotros iba 0-0”, resumió la figura de la cancha, Carlos Sánchez, al terminar el encuentro. Los primeros veinte minutos fueron un monólogo, con Libertad sin poder hacer pie ante la presión alta propuesta por River, comenzando desde un Boyé sacrificado a la hora de retroceder e incomodar al mediocampo paraguayo. Sin embargo, en el afán de tener el arco contrario entre ceja y ceja, el fondo millonario quedó mal parado en más de una ocasión, siendo la más evidente un mano a mano detenido por Barovero. Así como al bahiense Pezzella se lo ve sumamente seguro en el juego aéreo, tanto en al área propia como en la rival, y el mellizo Ramiro Funes Mori atraviesa por el mejor momento de su carrera (“nuevo caudillo argentino”, según el mismísimo Mostaza Merlo),  por momentos se vislumbran desconciertos en la marca a tal punto que es difícil encontrar un partido en donde no haya un tramo de llegadas consecutivas –en su mayoría atajadas por Trapito- del oponente de turno.
Más allá de todo análisis detenido en la propuesta de ambos equipos, un codazo infantil de Antonio Bareiro sobre Ariel Rojas dejó a Libertad con un hombre menos cuando comenzaba a asentarse en el campo; reacción inentendible e injustificable en un futbolista profesional. A partir de allí, el equipo de Gallardo no sufrió mayores sobresaltos y, sin reencontrarse con el juego colectivo de principio de partido, se topó con el gol de Gabriel Mercado sobre el final del primer tiempo luego de un remate en el palo de Sánchez que dejó desencajado al buen arquero Rodrigo Muñoz.
El segundo tiempo, sobró. Frente a la obligación rival de hacer como mínimo 3 goles con 10 jugadores, River, sin pisar el acelerador hasta el final del partido, manejó el encuentro a su gusto. El cambio de ritmo se vio cuando saltaron a la cancha los jóvenes Simeone, Martínez y Solari. Sumados a los titulares Boyé y Driussi, los cinco “pibes” de las inferiores potenciaron el hambre del equipo, jugaron a uno o dos toques y, al ritmo del “ole” de la hinchada, el hijo del Cholo sentenció el resultado final con un zurdazo cruzado. Siendo el que menos minutos sumó este cuatrimestre, el nacido en Madrid es quien muestra la mayor serenidad a la hora de definir aunque presenta un estilo distinto al de su competencia Boyé, de mayor rigor físico y sacrificio para defender pero con menor temple en los últimos metros.
Gallardo y sus dirigidos hicieron lo que debían hacer: defender el buen resultado obtenido a la ida y clasificarse a cuartos, donde un histórico equipo copero como Estudiantes lo espera. Prolongar los momentos de buen fútbol, “taponear” los espacios formados por los laterales y centrales al pasar al ataque (esenciales en la idea de parar la mayor cantidad posible de jugadores cerca del área rival) y potenciar las combinaciones por las bandas que tan buen resultado le da, son los 3 aspectos que River debe fortalecer para mantenerse en esta senda victoriosa.

Por Juan Ignacio Alejandre @nachoalejandre.



20 octubre 2014

Da que hablar

  El River de Gallardo no afloja. Por la Fecha 12 del Torneo Transición 2014 sumó una nueva victoria en casa al derrotar con autoridad por 3-0 a Belgrano, extendiendo su invicto a, nada más ni nada menos, 26 partidos, de los cuales 18 corresponden al ciclo del Muñeco al frente del equipo.
  En el inicio de partido se dio lo que se esperaba. River se hizo dueño de la pelota aunque una defensa cordobesa bien plantada le impedía generar chances claras de gol. Algunas insinuaciones por las bandas anticipaban lo que iba a llegar al minuto 34: tras un esfuerzo valiosísimo de Mora de arrojarse a disputar una pelota que parecía perdida, Ariel Rojas simuló un remate al arco que funcionó de señuelo perfecto para poner un pase exquisito a Leonel Vangioni. El lateral, recientemente vuelto de la gira con el seleccionado nacional, no hizo más que definir ante la salida del polémico Juan Carlos Olave, quien en el segundo tiempo provocaría a la hinchada local haciendo alusión al descenso del 2011.
  El segundo tiempo mostró a un conjunto millonario sufriendo el desgaste de jugar entresemana. El partido pasó a ser más disputado, la posesión del balón se repartió equitativamente e incluso Belgrano tuvo sus llegadas, confirmando la jerarquía de Marcelo Barovero al impedir lo que era un golazo desde afuera del área del habilidoso Emiliano Rigoni así como también un mano a mano del siempre peligroso Picante Pereyra. Sin embargo, cuando parecía que el Pirata estaba para empatarlo, River hizo valer a sus individualidades y, luego de un desborde del incansable Carlos Sánchez, el centro fue anticipado por Teo Gutiérrez: remate letal de sobrepique y 2-0 arriba a falta de 17 minutos para que termine el encuentro.
  El tiempo restante mostró a un Belgrano rendido frente a un conjunto local que recuperó su mejor versión, comenzó a jugar a uno o dos toques y se encontró con el tercero por medio de la misma fórmula: fenomenal asistencia del uruguayo Sánchez para que Teo se convierta en el goleador del torneo con 10 goles, uno por partido que jugó.
  Gallardo sigue en senda victoriosa, ya no con la contundencia y el juego vistoso de principio de torneo pero sí con una efectividad notable, con jugadores en un altísimo nivel y, sobretodo, con resultados que confirman el por qué le saca 4 puntos de diferencia a su inmediato perseguidor. 


Por Juan Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

06 octubre 2014

Hubiera sido un partidazo

River y Boca empataron bajo la lluvia. ¿Se tendría que haber jugado el partido? ¿Era posible suspenderlo con 60 mil espectadores, y jugarlo entre semana? Son preguntas que darán para el análisis en el trascurso de la semana post súper clásico. Lo cierto es que el partido se jugó como se pudo y quedó la sensación, por el esfuerzo que dieron los jugadores de ambos equipos, que en óptimas condiciones hubiera sido un partidazo. Ninguno de los clubes pudo festejar, pero el súper se jugó.
El factor climático lluvia – mucha lluvia- estuvo por encima del juego que River y Boca podían dar. Magallán primerió a la defensa millonaria a los 22´ PT aprovechando un centro que partió de los pies de Carrizo. La pelota aérea – centro, córner y tiro libre- era la única jugada para atacar al rival y  precaución, era lo necesario para evitar acciones imprudentes para ambos equipos, errores de cálculos, llegadas a “destiempos” – expulsión de R.Funes Mori 38´ST-. A los 40´PT, llego la polémica. Vigliano interpreta una mano de Gago en el área chica, y con la ley del último recurso lo expulsó y penal para River. Con las repeticiones se vio que no era penal. Había mucha gente en el medio, seguramente el golpe visual por la mano extendida, que no toca la pelota, le jugó una mala pasada al árbitro. Después de tres minutos de protestas, Mora erró el penal.
La lluvia no paró. El complemento fue igual de incierto que el comienzo. Muchos resbalones y caídas. Boca buscó cuidar la ventaja y River ambicioso de arrebatarlo, puso cuatro delanteros. Teo, Mora, Boyé y a los 30´ST entró Pezzella para jugar en el área. Increíblemente a las 32´ST cabeceó  y fue al rebote. Gol del defensor, que entró de delantero y cuando su equipo quedó con diez, volvió a la defensa. Polifuncional. Dos minutos después entro el “chiqui” Pérez para marcarlo. Luego del empate Chávez pudo darle la victoria a Boca y Boyé a River. Pero el tiempo se acabó y, afortunadamente, para los organizadores el partido se jugó.

Cambios: Vangioni por Boyé (R); Carrizo por Insúa (B);28´ST Calleri por Fuenzalida;30´ST Solari por Pisculichi; 30´ST Pezzella por Solari: 34´ST Colazo por Pérez
Amonestados: 25´Vangioni (R); 27´Marin (B); 42´Chavez(B); 10´ST Mercado (R)
Expulsados:40´PT Gago(B); 38´ST Funes Mori (R)
Formación Boca: Orion; Marín; Echeverria; Magallán; Colazo;Meli; Erbes; Gago; Carrizo; Calleri; Chávez. Dt: Rodolfo Arruabarrena
Suplentes: Tripodi; Pérez; Insúa;Fuenzalida; Martinez;Castellani; Gigliotti.
Formación River: Barovero: Maidana: Funes Mori; Mercado; Vangioni; Ponzio; Rojas; Sanchez; Pisculichi; Teo; Mora. Dt: Marcelo Gallardo
Suplentes: Chiarini; Pezzella; Balanta; Solari; Ferreyra; Martínez; Boyé.
Estadio: Monumental -  Antonio.V Liberti

Arbitro: Mauro Vigliano


Por Luis Castro @Luiscastrop14.

05 octubre 2014

Un súper de fútbol

River y Boca se medirán en una nueva versión del superclásico. Desde las 17.15hs, con arbitraje de Mauro Vigliano, habrá fútbol en el Monumental. El líder, contra su eterno rival. El obligado a ganar, contra su histórico contrincante.
River-Boca. Boca-River. El superclásico posee, en el corto pasado, una historia marcada por el folklore y los colores de las tribunas. Hace tiempo que no se palpita uno con el sabor dulce de creer que habrá un fútbol atractivo dentro del campo de juego. Cada vez que River ingresa en la cancha, se encienden los televisores para ver la agresividad y la contundencia. Tuvo vallas por superar para ser reconocido como un equipo que juega bien. De a poco y con el correr de los partidos, concretaron los rumores y disiparon las voces disonantes. River es el mejor equipo del fútbol argentino.
El resurgir de Boca mermó en los últimos partidos. No por los resultados, sino por el nivel futbolístico. De apabullar a Vélez y Rosario Central, a empatar siendo superado por Banfield, a sufrir una derrota despiadada contra Racing en 33 minutos y a vencer a Quilmes, pero sin ser el equipo que mostró en los primeros compromisos del Vasco Arruabarrena como DT.
River sorteó las pruebas difíciles con holgura. Cuando afirmaban que debía jugar con equipos de jerarquía, fue al Nuevo Gasómetro y venció a San Lorenzo por 3-1, o goleó a Independiente por 4-1 en el Monumental… Y así, se fue afianzando en lo que es hoy. Los dos empates pasados tienen que ver con una disminución del nivel de algunos jugadores y el conocimiento de los rivales. Ya no se aventuran a disputarle el balón en campo rival porque la precisión de sus ofensivos es letal.
Así formará River: Barovero; Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Rojas; Pisculichi; Teo y Mora.
Boca saldrá con: Orión; Marín, Díaz, Magallán, Colazo; Gago, Erbes, Meli; Carrizo, Calleri y Chávez.
Se disputará una nueva versión del superclásico. River vs. Boca, en el Monumental. El último en ese estadio, fue para Boca. Esta vez, River buscará darle una alegría mayúscula a su público. La lluvia complicará el despliegue de ambos equipos. ¿El campo de juego aguantará? A las 17.15hs empezará a rodar el balón y las voces de la semana quedaran en el olvido.
Después de mucho tiempo, la pelota está en el ojo de las cámaras. Las tribunas, esta vez, serán un complemento de lo que suceda dentro del campo de juego y estas, son buenas noticias para el fútbol argentino.


Por Matías Adami @matiadami2.

22 septiembre 2014

River vale cuatro

River rompe rachas. Estrenó camiseta, similar a los gloriosos años 97-98. Rojas debuto en la red, por primera vez en su llegada al club. Gallardo no para y le pide a sus jugadores que tampoco lo hagan. Salió lesionado el pibe Kranevitter y lo reemplazo muy bien Ponzio. Su goleador volvió a marcar. Pisculichi ensambla las piezas. Mora produce y vende golazos. Volvió Maidana y a Barovero respondió cuando  lo necesitaron. En su primavera el Millo venció a Independiente 4 a1 con goles de Pisculichi, Rojas, Gutiérrez y Mora. Mientras que para el rojo descontó Mancuello.
“Ya sabemos a qué jugamos y nosotros hablamos en la cancha” resumió el goleador de, Teo Gutierrez, finalizado el partido. Así se siente River, confiado en su juego y con la semblanza de ser el equipo más goleador del torneo. Independiente tuvo un buen arranque en el segundo tiempo e incómodo al  local, se puso 2 a 1 y le quito la pelota. Pero un error de Tula, pase corto al arquero, desechó la arremetida roja. Le convirtieron el tercero y el local se floreció.
Presión de tres jugadores millonarios en la mitad de la cancha. Roban. Ponzio a un toque con Martínez. Recibe. Siempre vertical saca el pase para Mora. En diagonal al arco busca la encomienda. Lo persigue el defensor y el Russo Rodríguez lo espera adelantado en el arco. “Vaselina” Mora decide pincharla desde afuera del aérea. Delira el Monumental. Golazo para la colección. Así se cerró la noche para el inagotable equipo de Marcelo Gallardo.
River e Independiente han jugado 167 partidos en Primera, con 71 triunfos para el Millo, 49 para el Diablo y 47 empates. 22 partidos de diferencia entre ambos, que se explican por el poderío de la Banda en Núñez. Es que en las últimas dos décadas, el Rojo pudo triunfar en apenas dos ocasiones (Clausura '96 y Apertura '09). Después, se dieron tres empates y la supremacía del dueño de casa, con 15 alegrías. ¿Cómo salió el último en el Monumental? Fue 2-1 para River en el Final 2013, con goles de Iturbe y Lanzini. Montenegro descontó para el visitante, que se terminaría marchando a la B Nacional. Dato del diario Óle.
Formaciones
Barovero; Maidana; Funes Mori; Vangioni; Mercado; Kranevitter; Sanchez; Rojas; Pisculichi; Guitierrez; Mora. Dt: Marcelo Gallardo
Suplentes: Chiarini; Pezzella; Balanta;Solari; Ponzio;Martinez; Boyé.
Rodriguez; Tula; Breitenbruch; Villalba; Bellocq; Mancuello; Ojeda; Cuesta; Montenegro; Pisano; Raiño. Dt: Jorge Almiron
Suplentes: Montoya;Zárare; Méndez; Lucero; Insúa; Pizzini; Penco.
Goles: 3´Pisculichi (R); 37´Rojas(R); 12´STMancuello (I); 20´ST Gutierrez; 32´ST Mora(R)
Amonestados:4´ Cuesta; 32´Bellocq; 21´ST Mendez;
Amonestados: 7´Vangioni; 11´Sanchez; 19´Ktanevitter;
Cambios: 25´Kranevitter por Ponzio (R); ET Pizzini por Ojeda(I);11´STMontenegro por Méndez(I);15´ST Pisculichi por Martinez(R); 24´ST Breitenbruch por Zárate(I); 40´STMora por Boyé


Estadio: Antonio V. Liberti (Monumental)
Árbitro: Pablo Lunati




Por Luis Castro @Luiscastrop14

18 septiembre 2014

River se enamora

A River le alcanzó con la primera media hora de juego para cerrar la llave ante Godoy Cruz. Con dos goles del uruguayo  Rodrigo Mora-27´y 31´-, gano 2(3) a 0(0) y eliminó  al “tomba” de la Copa Sudamericana. Los millonarios impusieron su juego de presión y ataque como lo viene haciendo y sepultó a los mendocinos que intentaron jugar al mismo ritmo pero la apuesta fallo. Ahora enfrenta a Libertad de Paraguay.

Los dirigidos por Marcelo Gallardo no ocultan nada, como hace ya varios partidos muestra las cartas con las que juega. Al descubierto expone su juego sin miedo a ser leído previamente. Tiene confianza en el grupo y hasta en las individualidades. Luego del partido el delantero del “Tomba”, Tito Ramírez, declaró: “River está jugando muy bien y hay que felicitarlo tienen la suerte del campeón… Son el mejor equipo de Argentina.”. En la noche del miércoles uno de los destacados fue el arquero Barovero, quien respondió en tres ocasiones claras que podrían haber modificado el desarrollo del partido.

Pero la noche la definió en dos ocasiones su delantero Mora. Afilado en el área capturo los dos rebotes que le quedaron y sin concesiones liquido el match. El delantero no había tenido lugar con la dirección técnica anterior de Ramón Díaz – 45 PJ 9 Goles- hoy ya lleva 5 goles en esta temporada. La confianza sin duda está empujando a los jugadores a las victorias. “La confianza es lo principal para estar bien y poder afrontar los tres torneos” expresó R. Funes Mori luego del partido.

La Confederación  Sudamericana de futbol CONMEBOL sanciono, este miércoles, a River con una multa de 30.000 dólares y la prohibición de llevar público visitante por 3 fechas, por los cantos xenofóbicos en el partido vs Godoy cruz que motivaron la suspensión del encuentro por un instante en el partido de ida de la segunda fase. También se confirmó que el partido del domingo vs Independiente se mantendrá en el horario de las 21.30, pese al pedido del presidente D´onofrio el día martes para que se cambie al horario de las 18.15. Después de las malas noticias institucionales los de Nuñez cerraron una jornada con el pase de fase.

En la próxima ronda se medirá contra Libertad de Paraguay que trae como DT a Pedro Sarabia, ex defensor, que jugó en River entre 1997 y 2002. El equipo de Nuñez posee la ventaja de definir la fase de local.


River: Barovero; Pezzella; R. Funer Mori; Vangioni; Mercado; Kranevitter; Rojas; Sanchez; Pisculichi; Gutierrez y Mora. DT: Marcelo Gallardo
Suplentes: Chiarini; Urribari; Solari; Ponzio; Ferreyra; Martinez y Boyé.

Godoy Cruz: Moyano; Jerez silva; Burgos; Cosaro; Velazquez ; Zuqui; Rodriguez; Gonzalez; Lopez; Fernandez; Ramirez. DT: Carlos Mayor.



Suplentes: Rodrigo F.J. Rey , Víctor E. Aguilera , Lucas E. Ceballos , José L. Fernández , Jonathan Chávez , Claudio E. Aquino , Juan F. Garro
Amonestados:
River : 67´Vangioni; 89´ Funes Mori;
Godoy Cruz: 72´Ramirez; 75´Zuqui; 83´Rodriguez
Goles: 27´PT y 31´ Mora (R)
Cambios:
0´ST  Aquino por Lopez (G) -  Fernandez por Cosaro(G) ; 68´Gonzalez por Chavez(G)
63´Martinez por Pisculichi(R) – Boyé por Mora(R); 82´Solari por Sanchez (R)
Estadio: Antonio V. Liberti (River)
Arbitro: Saúl Laverni

Por Luis Castro @Luiscastrop14.


Foto: Diego Haliasz / Prensa River

08 septiembre 2014

Un clima de buenas vibras

River con dos goles de Mora, derrotó 2 a 0 a Tigre y estira su ventaja como líder del torneo. En el estadio Monumental, muy resbaladizo por el riego previo,  volvió a desplegar fútbol combinado con dinamismo y recuperación. Finalmente jugaron Vangioni y Mercado, que estuvieron en duda en la semana,  y las dos modificaciones fueron: Pezzella por Maidana (lesionado)- Boyé por Gutiérrez (Sel. Colombia).
El ambiente Millonario disfruta uno de sus mejores climas. Luego del campeonato en el primer semestre las buenas vibras continúan, y eso hoy se siente en Núñez. Ya lo dijo Estela de Carlotto “En este gran club que es River Plate”, gritó la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo en un homenaje, poco antes que salgan los equipos a la cancha, donde se entregó una plaqueta por la recuperación de su nieto Ignacio Guido Carlotto.
Al equipo de Gallardo por su juego a un “toque”, veloz y profundo, siempre le es favorable un campo rápido, pero esta vez a los cancheros se les fue de las manos el agua. Cuando comenzó el encuentro era un desfile de bloopers, los jugadores de ambos equipos tuvieron que adicionar un factor extra: las caídas.
El conjunto de Tigre espera por su nuevo técnico Gustavo Alfaron, mientras tanto ---- se hace cargo del equipo. El Matador incomodó a River en el primer tiempo, sacándole la pelota y evitando que desarrolle su juego. Pero cuando hay buenas vibras los goles llegan igual. En el Pt 33´, desbordó Vangioni y con un centro aéreo atrás, recibió Mora para en dos “toques” resolver al palo más lejano de García. En el ST 2´, otro desborde pero esta vez era Pisculichi, misma fórmula, centro aéreo atrás y nuevamente Mora definió ante un arquero ya vencido.
Después del segundo gol, el mensaje de Gallardo fue claro “ahora tocamos más y corremos menos”, eso mismo hicieron los jugadores, pero con un Tigre netamente perdido las ocasiones de gol seguían llegando.
El buen clima abunda en Núñez y eso se nota cuando entra los jugadores denominados suplentes, rinden de igual manera que los jugadores denominados titulares, caso Driussi y Solari. Los puntos más altos estuvieron en la defensa que no solo hicieron su trabajo sino que cooperaron en ataque. Kranevitter es clave, cada partido supera su nivel, y contagia a los volantes y delanteros que se animan a tirar algún que otro “taquito”. Cuando todo esto se ve protegido en un clima de buenas vibras, los resultado llegan solos. Así es el ambiente que respira la gente de River por estos tiempos.


Ficha:
Formación River: Barovero; Solari; Funes Mori; Pezzella; Vangioni; Kranevitter: Sanchez; Rojas; Pisculichi: Mora; Boyé.
Formación Tigre: García; Godoy; Canuto; Blengio; Cáceres; Galmarini; Arzura; Peñalba; Italbe; Wilchez; Luna
Goles: 33'PT Rodrigo Mora (RIV); 2'ST Rodrigo Mora (RIV).
Cambios: 0'ST Augusto Solari por Gabriel Mercado (RIV); 17'ST Pablo Vitti por Erik Godoy (TIG); 23'ST Sebastián Driussi por Lucas Boyé (RIV); 23'ST Leonardo Ponzio por Matías Kranevitter (RIV); 27'ST Leandro Leguizamón por Carlos Luna (TIG); 35'ST Emiliano Ellacópulos por Joaquín Arzura (TIG).
Amonestados: 3'ST Rodrigo Mora (RIV); 26'ST Martín Galmarini (TIG); 39'ST Pablo Cáceres (TIG).
Expulsados: 41'ST Martín Galmarini (TIG).
Arbitro: Mauro Vigliano


Por Luis Castro Palma @Luiscastrop14



01 septiembre 2014

El más líder siempre

River se pudo sobreponer en un partido complicado que comenzó con un gol temprano a los 5´de juego. Paso de ser sometido, por el ataque de las bandas de San Lorenzo, a someterlo con triangulaciones y presiones en las primeras líneas de ataque. El equipo de Gallardo ganó en el Bajo Flores y es líder. Los goles fueron de Pisculichi, Teo y Boyé, mientras que para el Ciclón convirtió Matos.

En el cupo de las 21.15 el actual campeón de América, con la vuelta del mediocampista “pichi” Mercier y sin poder contar con Romagnoli, recibía al millonario con Teo Gutiérrez y Álvarez Balanta ya confirmados para jugar el Campeonato de Transición 2014. Los dirigidos por Bauza buscaban dejar atrás el aire de festejos arrastrados por la obtención de la Copa. En tanto River –ya con la derrota de Vélez- buscaba quedar puntero del Torneo.
San Lorenzo madrugó a la visita, que desplego su ataque pressing como lo viene haciendo en todos los partidos, atacó las espaldas de Vangioni y Mercado. La corrida de Villalba dejo en evidencia a la defensa. Definió Matos. Y a los 5´se ponían en ventaja los Santos de Boedo. Sin embargo esto no desanimó a la “banda”. Pases rápidos y resoluciones instantáneas. Recibo y descargo. Esto hizo Vangioni con Rojas y él mismo para Pisculichi que definió con un zurdazo cruzado, inesperado. Derroche de experiencia. Recién solo 11´. River, continuó hostigando a un ya sometido San Lorenzo. Triangulaciones y movilidad. Pisculichi aparecía como nueve. Rojas y Sanchéz se vistieron de obreros de la recuperación.

El segundo tiempo no fue nada feliz para el azulgrana. Cedieron la pelota y perdieron las marcas. Algunos fallos arbitrales – pedían la correcta expulsión de Teo- desconcentraron a los jugadores. Así fueron llegando las expulsiones: primero Mercier 32´ST, después Cetto 41´ST. El segundo gol de River surgió de una contra, gran visión para poner un bochazo largo con destino Pisculichi, vértice del área. Nuevo derroche de experiencia. Enganche y pase al fondo donde solo él y Teo veían “luz”. Lucas Boyé entro a los 31´del ST, solo pasaron dos minutos para que de un centro llovido convirtiera, de cabeza, el tercero y sentenciaría el partido.

De esta manera, en un partido que en los papeles era complicado, River se supo sobreponer a un rival que parecía someterlo y demostrarles quién era el campeón de América. El mensaje de Gallardo sigue más intacto que nunca y pasó una prueba, reaccionar en la desventaja.

GOLES
5'PT Mauro Matos (SLO); 11'PT Leonardo Pisculichi (RIV); 13'ST Teófilo Gutiérrez (RIV); 33'ST Lucas Boyé (RIV)

CAMBIOS
25'PT Juan Ignacio Cavallaro por Gonzalo Verón (SLO); 4'ST Martín Cauteruccio por Mauro Matos (SLO); 22'ST Matías Catalán por Nicolás Blandi (SLO); 24'ST Tomás Martínez por Leonardo Pisculichi (RIV); 31'ST Lucas Boyé por Rodrigo Mora (RIV); 38'ST Germán Pezzella por Jonatan Maidana (RIV)

AMONESTADOS
9'PT Teófilo Gutiérrez (RIV); 25'PT Emmanuel Más (SLO); 42'PT Jonatan Maidana (RIV); 44'PT Mauro Cetto (SLO); 4'ST Leonel Vangioni (RIV); 15'ST Héctor Villalba (SLO).

EXPULSADOS
32'ST Juan Mercier (SLO); 41'ST Mauro Cetto (SLO).

ARBITRO
Germán Delfino

Por Luis Castro Palma @Luiscastrop14