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27 octubre 2014

Recursos

Arrancó que parecía fácil, se puso difícil, estaba perdido, se sufrió, se remontó, se terminó perdonando al rival... En un partido tan cambiante como entretenido, River se trajo  puntos valiosísimos de una cancha complicada como la de Atlético Rafaela, ampliando el historial invicto frente al elenco santafecino.
No fue bueno el primer tiempo de los de Gallardo. Tras un arranque fenomenal, generando chances, poniendo el juego lejos de Barovero y haciéndose de la posesión del balón, las luces se fueron apagando con el correr de los minutos, a tal punto que los dirigidos por Sensini frenaron todos los circuitos de juego del millonario forzando imprecisiones y pases largos e imprecisos (por no decir pelotazos ante la falta de hombres desmarcados), contrariando las primicias que el entrenador procuró inculcar desde su arribo. Con un sacrificio notable y una vergüenza admirable, Rafaela fue quien tuvo las más claras en el primer tiempo, encontrándose con un golazo desde afuera del área de Diego Montiel en el minuto 13. La clave del gol: la espalda de Vangioni. El lateral, quien se perderá el próximo encuentro por acumulación de amarillas, subió al ataque desmedidamente descuidando su sector en más de una ocasión. Ante una floja reacción -o directamente inacción- de Trapito, el partido se puso cuesta arriba y el irse 0-1 al vestuario no fue un mal resultado para la Banda, considerando el desarrollo del juego.
Sin embargo, al igual que como sucedió en los últimos encuentros, las individualidades aparecieron cuando más se las necesitó. Poco después de arrancado el segundo período, una pincelada mágica de Pisculichi puso a River en partido de vuelta. El enganche, cuyo rendimiento se vio disminuido en los partidos anteriores por el desgaste físico acumulado, colocó contra el palo un tiro libre exquisito, y, a partir de ese momento, procuró tomar las riendas del conjunto, distribuyendo con mayor precisión el balón y encontrándose con esa función de armador que tan bien ejecutó al llegar al club. Los dirigidos por el Muñeco pasaron de ser dominados a dominadores y, llámese suerte u ojo crítico –dependiendo del gusto y la (des)confianza del lector- fue justamente el técnico quien, nuevamente, se la jugó con un cambio, por lo menos, llamativo: afuera la figura del torneo, Teófilo Gutiérrez, y adentro el Cholito Simeone. Tan solo un minuto después de su ingreso, fue él quien peleó un pelotazo largo y, gracias a una serie de graves errores de la defensa y del arquero rival, el silencioso pero imprescindible Ariel Rojas marcó su segundo gol con la Banda.
A partir de allí, Rafaela, quien no pudo sostener la presión ejercida en el primer tiempo, fue con más ganas que fútbol y, más allá de una salvada agónica de Maidana sobre la línea, no generó grandes situaciones  de peligro. Fue River quien tuvo las más claras sobre el desenlace pero no resolvió bien ninguna de ellas.
Lejos de su mejor versión, lo que uno se puede llevar de positivo en un partido como éste es que el puntero de la tabla, de quien se sabe que no depende exclusivamente del talento individual sino de un engranaje conjunto, también tiene diversos recursos para afrontar paradas complicadas: el juego aéreo en el Marcelo Bielsa de Newell’s y la jerarquía individual en la calurosa noche rafaelina fueron las llaves de sendas victorias.

Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.


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