Arrancó que
parecía fácil, se puso difícil, estaba perdido, se sufrió, se remontó, se
terminó perdonando al rival... En un partido tan cambiante como entretenido,
River se trajo puntos valiosísimos de
una cancha complicada como la de Atlético Rafaela, ampliando el historial
invicto frente al elenco santafecino.
No fue bueno
el primer tiempo de los de Gallardo. Tras un arranque fenomenal, generando
chances, poniendo el juego lejos de Barovero y haciéndose de la posesión del
balón, las luces se fueron apagando con el correr de los minutos, a tal punto
que los dirigidos por Sensini frenaron todos los circuitos de juego del
millonario forzando imprecisiones y pases largos e imprecisos (por no decir
pelotazos ante la falta de hombres desmarcados), contrariando las primicias que
el entrenador procuró inculcar desde su arribo. Con un sacrificio notable y una
vergüenza admirable, Rafaela fue quien tuvo las más claras en el primer tiempo,
encontrándose con un golazo desde afuera del área de Diego Montiel en el minuto
13. La clave del gol: la espalda de Vangioni. El lateral, quien se perderá el
próximo encuentro por acumulación de amarillas, subió al ataque desmedidamente
descuidando su sector en más de una ocasión. Ante una floja reacción -o
directamente inacción- de Trapito, el partido se puso cuesta arriba y el irse
0-1 al vestuario no fue un mal resultado para la Banda, considerando el desarrollo
del juego.
Sin embargo, al
igual que como sucedió en los últimos encuentros, las individualidades aparecieron
cuando más se las necesitó. Poco después de arrancado el segundo período, una
pincelada mágica de Pisculichi puso a River en partido de vuelta. El enganche,
cuyo rendimiento se vio disminuido en los partidos anteriores por el desgaste
físico acumulado, colocó contra el palo un tiro libre exquisito, y, a partir de
ese momento, procuró tomar las riendas del conjunto, distribuyendo con mayor
precisión el balón y encontrándose con esa función de armador que tan bien
ejecutó al llegar al club. Los dirigidos por el Muñeco pasaron de ser dominados
a dominadores y, llámese suerte u ojo crítico –dependiendo del gusto y la
(des)confianza del lector- fue justamente el técnico quien, nuevamente, se la
jugó con un cambio, por lo menos, llamativo: afuera la figura del torneo,
Teófilo Gutiérrez, y adentro el Cholito Simeone. Tan solo un minuto después de
su ingreso, fue él quien peleó un pelotazo largo y, gracias a una serie de
graves errores de la defensa y del arquero rival, el silencioso pero
imprescindible Ariel Rojas marcó su segundo gol con la Banda.
A partir de
allí, Rafaela, quien no pudo sostener la presión ejercida en el primer tiempo,
fue con más ganas que fútbol y, más allá de una salvada agónica de Maidana
sobre la línea, no generó grandes situaciones
de peligro. Fue River quien tuvo las más claras sobre el desenlace pero
no resolvió bien ninguna de ellas.
Lejos de su
mejor versión, lo que uno se puede llevar de positivo en un partido como éste
es que el puntero de la tabla, de quien se sabe que no depende exclusivamente
del talento individual sino de un engranaje conjunto, también tiene diversos
recursos para afrontar paradas complicadas: el juego aéreo en el Marcelo Bielsa
de Newell’s y la jerarquía individual en la calurosa noche rafaelina fueron las
llaves de sendas victorias.
Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.
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