Sin descollar como
en otras oportunidades, el River de Gallardo superó otro obstáculo. Su víctima
en esta ocasión fue Libertad de Paraguay, elenco dirigido por Pedro Sarabia,
quien supo defender los colores de la Banda allá por los años noventa. El marcador
final fue 2 por 0, con tantos de Gabriel Mercado y el joven Giovanni Simeone.
A pesar del
panorama favorable por el resultado obtenido en tierras guaraníes, River tomó
las riendas desde un principio. Saltó al campo con una convicción notable: “para
nosotros iba 0-0”, resumió la figura de la cancha, Carlos Sánchez, al terminar
el encuentro. Los primeros veinte minutos fueron un monólogo, con Libertad sin
poder hacer pie ante la presión alta propuesta por River, comenzando desde un
Boyé sacrificado a la hora de retroceder e incomodar al mediocampo paraguayo.
Sin embargo, en el afán de tener el arco contrario entre ceja y ceja, el fondo
millonario quedó mal parado en más de una ocasión, siendo la más evidente un
mano a mano detenido por Barovero. Así como al bahiense Pezzella se lo ve
sumamente seguro en el juego aéreo, tanto en al área propia como en la rival, y
el mellizo Ramiro Funes Mori atraviesa por el mejor momento de su carrera
(“nuevo caudillo argentino”, según el mismísimo Mostaza Merlo), por momentos se vislumbran desconciertos en
la marca a tal punto que es difícil encontrar un partido en donde no haya un
tramo de llegadas consecutivas –en su mayoría atajadas por Trapito- del
oponente de turno.
Más allá de todo
análisis detenido en la propuesta de ambos equipos, un codazo infantil de
Antonio Bareiro sobre Ariel Rojas dejó a Libertad con un hombre menos cuando
comenzaba a asentarse en el campo; reacción inentendible e injustificable en un
futbolista profesional. A partir de allí, el equipo de Gallardo no sufrió
mayores sobresaltos y, sin reencontrarse con el juego colectivo de principio de
partido, se topó con el gol de Gabriel Mercado sobre el final del primer tiempo
luego de un remate en el palo de Sánchez que dejó desencajado al buen arquero
Rodrigo Muñoz.
El segundo tiempo,
sobró. Frente a la obligación rival de hacer como mínimo 3 goles con 10
jugadores, River, sin pisar el acelerador hasta el final del partido, manejó el
encuentro a su gusto. El cambio de ritmo se vio cuando saltaron a la cancha los
jóvenes Simeone, Martínez y Solari. Sumados a los titulares Boyé y Driussi, los
cinco “pibes” de las inferiores potenciaron el hambre del equipo, jugaron a uno
o dos toques y, al ritmo del “ole” de la hinchada, el hijo del Cholo sentenció
el resultado final con un zurdazo cruzado. Siendo el que menos minutos sumó
este cuatrimestre, el nacido en Madrid es quien muestra la mayor serenidad a la
hora de definir aunque presenta un estilo distinto al de su competencia Boyé,
de mayor rigor físico y sacrificio para defender pero con menor temple en los
últimos metros.
Gallardo y sus
dirigidos hicieron lo que debían hacer: defender el buen resultado obtenido a
la ida y clasificarse a cuartos, donde un histórico equipo copero como
Estudiantes lo espera. Prolongar los momentos de buen fútbol, “taponear” los
espacios formados por los laterales y centrales al pasar al ataque (esenciales
en la idea de parar la mayor cantidad posible de jugadores cerca del área
rival) y potenciar las combinaciones por las bandas que tan buen resultado le
da, son los 3 aspectos que River debe fortalecer para mantenerse en esta senda
victoriosa.
Por Juan Ignacio Alejandre @nachoalejandre.
1 Comentarios:
Muy buen post!! Vamos River!!!!
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