En un partido bien atacado pero muy mal
defendido, Boca venció a Godoy Cruz por 3-2 en Mendoza y escaló a la quinta
posición de la tabla. Los goles: Gago, Martinez y Calleri.
La obligación de remontar la apática imagen que
brindó Boca el miércoles contra Deportivo Capiatá generó una asignación
específica en el ojo de las cámaras. El campeonato sigue lejos, pero el rol del
equipo es ganar, ganar y lograr encontrar una identidad.
Dentro de este plano principal que fue Boca en
Mendoza, está situado Fernando Gago: jugador indispensable en el sistema del
equipo de Rodolfo Arruabarrena. Puede no estar en su mejor nivel, algo
impreciso, o fastidioso. Ayer, demostró su nivel altísimo y confianza absoluta.
Muy comprometido a la hora de distribuir el balón; no así en los momentos en
los que se requiere sacrificio para recuperar. Fue eje y manejó los tiempos.
Fue el primer pase de sus compañeros y el que siempre le brindó un destino
claro al balón. Pero, parado a la hora de rescatar el balón pierde utilidad. Es
indispensable la entrega física para reubicarse posicionalmente y no dejar
flancos que puedan ser usufructuados por el mediocampo rival. Esa fue su cuenta
pendiente, que consta de decisión personal. Solo si lo decide puede llevarlo a
cabo.
El partido fue cambiante, con alteraciones constantes
en el resultado y un nivel ofensivo de alto vuelo por parte de ambos equipos.
Fuenzalida y Carrizo dibujaron ataques por los costados desequilibrando al
espacio y transformándose en descarga para los mediocampistas. Cubas fue la
rueda de auxilio del equipo; siempre bien posicionado y resistiendo a los
embates tumultuosos en jugadores de Godoy Cruz. Hubo déficit a la hora de
recuperar e inferioridad numérica en el mediocampo, lo que generó desbordes por
las bandas y un pésimo partido de Insúa.
El lateral izquierdo xeneize coronó una noche
para el olvido. Sufrió el reto de Forlín tras haberse colgado dos metros por
detrás de la línea de defensores y, minutos después, repitió el error que
concluyó con la igualdad del Tomba. El Vasco tomó medidas al respecto: Colazo a
la banda y Castellani a la cancha.
Boca modificó su faceta. La pasividad colectiva
que tuvo contra Capiatá se transformó en movilidad constante y una notable
distribución de la pelota desde los pies de Gago y Colazo. Esta vez, el déficit
emergió desde el bloque defensivo. Hubo un visible desacople entre los
mediocampistas y la defensa. Unos achicaban, los otros no acompañaban. Faltaban
los laderos de Cubas para evitar los avances cómodos de los medios mendocinos y
exponían a los defensores. Las subidas de Zuqui y Fernández por los costados y
la tardía colaboración de Fuenzalida y Carrizo provocaron envíos al área que
concluyeron en situaciones de peligro.
Esta vez, falló el sistema defensivo y afloró
la creatividad ofensiva. Esta vez, además, Arruabarrena obtuvo respuestas desde
el banco con Martínez y Calleri. Los encargados de dar vuelta el partido. Pared
con taco de por medio y sutileza del ex Vélez, evocando el crack que supo ser;
más tarde, asistencia de gol bochinezca de Gago (quizás la más estética de su
carrera) y definición con forcejeo incluido de Calleri. Así, se revirtió el
marcador.
Continúan los errores que generan traspiés y
dudas, pero pensando en el partido del próximo jueves contra Deportivo Capiatá,
Boca dio indicios de crecimiento colectivo. Se trajo una victoria positiva
desde lo anímico y desde el juego, pero con preocupaciones defensivas. Siguen
los asuntos por corregir, pero nada mejor que poder comenzar una nueva semana
esbozando una sonrisa en el rostro y dejando en el camino el mal trago de la
semana pasada.
Por Matías Adami @matiadami2
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