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24 octubre 2014

Fue justo

Boca venció 1-0 a Deportivo Capiatá y se clasificó por medio de los penales gracias a la enorme actuación de Agustín Orión. Ejecutó, y atajó dos.
Cambio de sistema pero idea igual. Rodolfo Arruabarrena pasó del 4-3-3 que utilizó en todos los partidos desde que asumió en Boca al 3-4-3 con tres zagueros naturales como Chiqui Pérez, Lisandro Magallán y Juan Forlín. De ellos, uno cumplió una función doble: Forlín se insertó entre los dos centrales sin pelota y asomó a la hora de tener el balón para posicionarse como mediocampista central. Gago fue siempre el primer pase y su retraso en la cancha generó dificultades en la generación de juego, como había sucedido en la ida sin su presencia.
Los jugadores estuvieron dispersos. Calleri se alojó entre los centrales, recibió balones largos y rasos que tuvieron un pique sumamente defectuoso por el pésimo estado del campo de juego. Fuenzalida pareció ser, a priori, el jugador que más entendió el partido y el que más logró gravitar por la banda. Colazo se entrometió en el circuito interno y abandonó el carril, que intentó ser aprovechado por Carrizo o Chávez; ambos estuvieron imprecisos.
Capiatá dejó a Escobar como único punta e incrementó la cantidad de atacantes en los contraataques que permitió Boca. Aceleró y, en algunas ocasiones, incomodó a Orion, que concluyó el partido sin grandes sobresaltos.
Afirmar que el planteo de los paraguayos fue “inteligente” sería irrisorio. Fue, sin más, defensivo. El antiguo “derecho de los débiles” de acumular jugadores en zona defensiva para disminuir las posibilidades de acceso de su rival prácticamente sin gravitar el arco del rival y dejándolo a 50 metros de distancia, está lejos de ser un planteo “inteligente”. Se aproximó en escasas oportunidades al arco de Orión pero no logró inquietarlo. El equipo del Vasco generó situaciones, y varias, pero la falta de puntería de Carrizo, Chávez y hasta el propio Gago rematando de larga distancia, hicieron que el buen arquero Antonio Franco no tuviera que lucirse como lo hizo en la Bombonera.
El punto de inflexión en el partido fue la expulsión de Gustavo Velázquez a los 19 del segundo tiempo. Esa barricada imposible de derribar se retrasó aún más, hasta introducirse dentro del área propia. Rápidamente ingreso Juan Manuel Martinez y el desequilibrio por la izquierda se hizo incesante. Una y otra vez, con desbordes y envíos laterales, agregando a Colazo como ejecutor. Uno de ellos, terminó en la punta izquierda del pie de Chávez y en el posterior zurdazo de Calleri que, con el travesaño de cómplice, marcó el 1-0 que igualó la serie.
Desde los 28 hasta los 45, fue una ceremonia de demoras por parte de los jugadores de Capiatá. Con uno menos y resistiendo los embates del conjunto xeneize, comenzaron a simular lesiones, demorar los saque de banda y ensuciar el partido. El tiempo corrió, y tras los escuetos tres minutos de adición que dio Wilmar Roldan, el partido se tradujo a la definición por penales.
Gigliotti, Gago, Chávez y Orion cumplieron; Pérez y Colazo fallaron. Orion se agigantó y detuvo dos, sumado a un remate por encima del travesaño.
Boca se sacó una mochila pesadísima de encima. ¿Por qué? Por la jerarquía del rival. Jugar contra un equipo débil y sumamente inferior elabora una obligación irrevocable de victoria. Más que contra un equipo similar. Sumado a las habladurías semanales y la chicana que implantaron algunos de los jugadores de Capiatá, el partido se tornó en una necesidad imperiosa de evitar el fracaso y, con dificultades, lo logró.
Boca fue más que su rival que solo atinó a defenderse, pero lejos estuvo de realizar una buena serie. La próxima semana, se enfrentará al Cerro Porteño de Leonardo Astrada, un símbolo riverplatense. No quedan más palabras, solo resta el buen fútbol por desplegar. 


Por Matías Adami @matiadami2.

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