Argentina venció a Holanda por penales y está en una final de Copa del Mundo por quinta vez en la historia. En un partido emotivo y muy rígido, el conjunto de Alejandro Sabella se metió en la final luego de 24 años y enfrentará a Alemania, el domingo, en el Maracaná de Rio de Janeiro.
Tacticismo en su máxima expresión. Un duelo de mentes brillantes que acomodaron sus piezas no para buscar una ventaja provisoria, si no para impedir que el rival se desarrolle con facilidad. Parece utópico hablar de esta manera de un partido de fútbol, pero así fue. Se asimiló a un juego de ajedrez, donde cada movimiento es clave y hacerlo correcta o incorrectamente puede marcar el inicio de un fin, ya sea con festejos o con desilusiones. El partido de ayer fue una batalla épica entre soldados que practicaron el deporte del fútbol como una serie de movimientos coordinados, como si se tratase de marionetas manipuladas para llevar a cabo un correcto orden. El partido de ayer quedará en la historia por el proceso y no por el resultado.
El estadio Arena de San Pablo dio lugar a la lucha. Parece adrede que se llame “arena”, haciendo alusión a un posible lugar de batallas entre conjuntos defendiendo un fin en común. Todo se dio para que sea una tarde/noche a pura pelea. Argentina y Holanda jugaron una semifinal aburrida en ofensiva: prácticamente no se patearon al arco (dos tiros para Argentina, uno para Holanda) y tampoco se concentraron en lastimarse, ya que 10 fueron las faltas cometidas por la albiceleste, mientras que los de naranja se anotaron con 15.
El enfrentamiento real estuvo en de la mitad de la cancha hacia atrás. Marcas hombre a hombre, cada uno siguiendo al suyo y utilizar el recurso de ocupar los espacios. La clave del partido y de lo que tanto se habla ahora. ¿Qué es eso de ocupar espacios? Moverse sin el balón, marcar en lugares donde potencialmente se pueda llegar a ubicar algún rival. Algo así como en zona, pero más individualmente. Así, fueron 120 minutos a pura tensión. Tensión a pesar de los escasos tiros al arco. El partido invitaba al espectador a pensar que, si bien no pasaba nada durante el juego, en cualquier momento se iba a romper el cero. Pero la estrategia de ambos entrenadores dio resultado, tanto así que el mejor resultado para el partido era el empate. Ambos técnicos habían plasmado a la perfección la intención que tenían con respecto a su equipo y al contrario.
Difícil es escribir acerca del partido con tan pocos condimentos tangibles. Todo (o casi todo) lo que pasó durante las 2 horas de juego era digno de ver sin clavarle la vista a la pelota. Cosas que pocos hacen, ya que la atención de todos, incluído los jugadores, pasa por allí.
El partido finalizó en empate a cero, como no podía ser de otra manera, y se venían los penales. Nadie quería los penales, no se sabe muy bien por qué. Por las dudas de Romero, quizás. Pero esta instancia fue bisagra para el uno argentino. Era su momento, le tocaba a él sepultar las críticas que cosechó a fuerza de rendimientos mediocres y poco rodaje. “Hoy te convertís en héroe”, le dijo Mascherano, el guerrero del partido y la figura indiscutible. Ese hombre que nos caracteriza a los argentinos dentro y fuera de la cancha, convencía a Romero de que ahora, la responsabilidad la tenía él. El arquero oía y asentía con la cabeza, mostrando que las palabras lo golpeaban, le influían. La historia marcó que sería el partido del nacido futbolísticamente en Racing. Dos penales atajó Romero para darle el boleto a la final de la Copa del Mundo. Maxi Rodríguez convirtió el del desahogo. Parece mentira, que no es real.
La generación del 90 puede sacarse la espina e inflar el pecho en el futuro, al decir “yo vi a Argentina en la final del Mundial”. El destino marcará, el domingo, si continuamos con las lágrimas de alegría o las reemplazamos por la de la tristeza. Es muy dificil de caer en la realidad de jugar una final del Mundial. Yo mismo, escribiendo esto ahora, no lo creo. No me alcanzan 3 dias, que es lo que resta para el partido decisivo, para asumir este presente y preparame para el siguiente. Es lo más cercano a una utopía todo lo que estamos viviendo como hinchas. Contra Alemania, el cuco que viene de hacerle 7 a Brasil, se dejará todo y más que todo. Es una certeza, viendo el recorrido de este equipo que fue de menor a mayor en
calidad de rivales y en rendimiento. El Maracaná será el escenario de gala para el partido más importante de la corta de vida de muchos. Por un lado, esta selección ya cumplió, pero si se llegó hasta las puertas del cielo, ¿por qué no atravesarlas?. Un nuevo capítulo será escrito el 13 de julio. Tenemos la posibilidad de ser los autores de esa página dorada que quedará en el recuerdo de todos y en boca y pensamiento del mundo. ¿Nos animamos?
Por Agustín Majul @agusmajul























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