Alemania goleó 7-1 a Brasil en el partido que marcará a fuego la
historia del fútbol mundial. Los europeos esperan rival en la final. Miroslav
Klose marcó el segundo y es el máximo goleador de la historia con 16 goles.
Esta clase de partidos atípicos provocan fluctuaciones drásticas en
la práctica del deporte. El 6-1 en 1958 recibido por la Argentina en manos de
Checoeslovaquia cambió el fútbol argentino. ¿Para bien o para mal? Esa es una
discusión aledaña.
Hoy, 8 de julio de 2014, en Brasil, se llevó a cabo la goleada de
mayor impacto en la historia de los mundiales de fútbol. Más que el Maracanazo
o cualquier eliminación de alguna potencia en primera ronda. El 7-1 de Alemania
sobre los locales dibujó un hito que, con el correr de los años, incrementará
su trascendencia en el espacio futbolero.
Si bien resulta difícil encuadrar la primera semifinal bajo un
análisis táctico, es necesario remarcar que el equipo alemán jugó uno de los
mejores partidos en todos los mundiales. Desde esa base, todo el contexto
genera una atmósfera de mayor entendimiento sin dejar de lado la sorpresa que
generó en propios, extraños y extraterrestres semejante resultado.
Los minutos iniciales manifestaron una faceta similar a la que
demostró Brasil en la etapa inicial contra Colombia. Presión sofocante,
instalación en campo rival, agresividad y triangulación sobre las bandas.
Prosperó en ataque sin forzar movimientos en Manuel Neuer. Todo se derribó con
el gol de pelota parada. Como le sucedió a la Argentina en el 2010, Brasil
recibió un castigo similar. Exquisito envío de Kroos, cortina de Klose para la
liberación de Müller y la pérdida de David Luiz. Cachetazo y apertura del
marcador.
De allí en adelante, Brasil salió deliberadamente en busca de la
igualdad y dejó praderas inmensas de césped descubiertas. Componente esencial
que describe esta derrota. Extravío de balón en mediocampo, observando a un
equipo alemán cortísimo, como pocas veces visto en el fútbol, y usufructuando
la espalda de Marcelo. Responsabilizar a un componente resultaría irrisorio y
sería equívoco abogar por un protagonista en especial. Sin embargo, el aumento
de la ventaja que marcó la historia, fue responsabilidad de Marcelo. Se
desentendió totalmente de la línea defensiva, se ubicó cuatro o cinco metros
por detrás, y habilitó a todos los rivales. Klose tuvo el tiempo de definir dos
veces sin oposición y transformarse en el máximo goleador de la historia de los
mundiales, superando a Ronaldo, que observaba el partido como comentarista de
la televisión.
Con el 2-0 en la valija a los 23 del inicial, Alemania arrasó con
todo. No se apiadó, no levantó el pie del acelerador, continuó presionando, sofocando
la salida brasileña que se veía avasalladlo por los embates rivales. Brasil
careció de agresividad defensiva, de sintonización en la marca y sufrió la
jerarquía individual y colectiva de Alemania. Un minuto después, pérdida de
Luiz Gustavo y otro gol. Y dos minutos más tarde, Kroos y un sablazo fortísimo
para batir a Julio César. Y tres pasaron para que Khedira sentenciara todo tipo
de resultados por si a algún optimista se le cruzaba por la cabeza la idea de
una remontada. 30 minutos y 5-0. En semis. En Belo Horizonte. En Brasil. En
casa. Dolor y pánico. Llanto desconsolado y abandono del estadio. Una pesadilla
irrepetible. El temor por el Maracanazo en una supuesta final se
transformó en la incredulidad de todos los presentes, sin importar la
nacionalidad.
Brasil debió protegerse después de los tres goles. Acoplarse en el
fondo e intentar resistir ante los empellones alemanes. Buscar protección en la
aglomeración de jugadores en zona defensiva para detener la avalancha e
intentar comenzar desde cero, con el 0-2 o 0-3 en el resultado. La tenencia del
balón carecía de confianza y se transformaba en un estilo de ataque para los
europeos que usufructuaron cada situación. Bailaron dentro del área. Hicieron
goles de fútbol sala con toques, engaños y definiciones sin arquero. Los siete
goles fueron dentro del área.
Más tarde, afloró Neuer. Porque esta Alemania, además de agregarle
calidad y técnica al juego físico preexistente, posee al mejor arquero del
mundo que aparece aún cuando no lo necesita el equipo. Oscar decoró el
resultado anotando el ¿gol del honor? No. El gol de la decoración. 1-7, y a las
duchas, al llanto, al pedido de disculpas, a la eterna vergüenza por haber
sufrido semejante paliza en casa. Schürrle anotó por dos en el complemento para
aumentar la ventaja e incrementar los números que marcaran la historia.
Es habitual escuchar que las etapas de la historia se solidifican
con el transcurrir de los años. Este 7-1 no precisa más tiempo. Es el partido
que más marcará la historia de los mundiales de fútbol. Los condimentos lo
transforman en este hito.
Alemania asusta. Alemania parece ser una maquinita. Alemania,
también, jugó un partido de ensueño que difícilmente logre repetir. Sin
embargo, el respeto incrementa y llegan a la final con un envión anímico
inconmensurable por lo que, Holanda o Argentina, deberán prepararse física y
mentalmente para derrotar a semejante monstruo. Alemania, una vez más, es
finalista de la copa del mundo.
Por Matías Adami @matiadami2.























0 Comentarios:
Publicar un comentario