En San Pablo, Holanda venció a Chile por 2-0 y se clasificó primero
en el Grupo B. Una final sin resultados lapidarios pero que, si la lógica sigue
su rumbo, tiene a Brasil como destino.
El partido se presentó con un equipo protagonista y dueño del
balón, y otro a la espera, con el contraataque como carta más significativa.
Hace unos años, la adivinanza hubiera sido sencilla y todo el mundo futbolero
tendría a Holanda como la opción A. Sin embargo, esta nueva versión de Chile invirtió
los roles de las grandes potencias mundiales y dio lugar a un fútbol ofensivo,
con presión alta y plagada de jugadores pequeños.
¿Quién hubiera dicho hace algunos años que el técnico de Chile sería
tan crítico del de Holanda después de un partido porque no hubo propuesta? Jorge
Sampaoli lo dejó claro: “Nosotros queríamos jugar y Holanda no”, sentenció. Sin
vueltas. Y algo así sucedió. Holanda se preocupó por anular a su rival, y lo
logró. Está claro que el combinado de Louis van Gaal se siente confortable
esperando y atacando de contraataque. Su as de espada es Arjen Robben, un
jugador fugaz, con técnica y capaz de usufructuar los espacios. Lo hizo contra
España, enfrentando a los mejores centrales del mundo. Por lo que, de ahí en
adelante, cualquier oposición es sorteable.
Si bien Chile mantuvo la posesión e hizo deambular el esférico por
todo el frente defensivo, no pudo conectar líneas. Dependió, en gran medida, de
las arremetidas individuales de Alexis Sánchez para quitarse un hombre de
encima y limpiar el terreno. El árbitro Bakary Gassama cortó asiduamente el
juego impidiendo un desarrollo fluido del mismo. Con la espera y sin permitir
las contras holandesas por medio de la alta presión, Chile recibió el impacto
por medio de una pelota parada.
Las variantes que planteó Van Gaal le dieron resultado. Dos de los
tres cambios marcaron los goles de la victoria. Uno de ellos, el de apertura,
fue la primera intervención. Leroy Fer asomó libre, sin marca, y conectó un
cabezazo cruzado para dejar sin chances a Claudio Bravo. El segundo merece un párrafo
aparte.
Chile soñaba con evitar a Brasil pero el sueño menguaba con el
correr de los minutos y la imposibilidad de generar situaciones. Un tiro de
esquina para los pequeños chilenos plantó a Robben contra el segundo palo y de
allí, surgió el contraataque. Despeje posterior y corrida enorme del jugador
del Bayern Munich. Cruzó el campo de juego a lo largo, envió un centro preciso
contra la línea final, y conectó con Memphis Depay, para sentenciar el partido
y provocar así un cuadro de octavos de final más accesible.
Los de Sampaoli intentaron quebrar la barricada defensiva holandesa
y no pudieron. Sufrió las réplicas y, a pesar de haber clasificado, no logró el
objetivo de evitar a Brasil en la próxima ronda. Chile tiene con qué eliminar a
los locales. Mostró una intención clara y bien pulida, con las cartas necesarias
para ocupar cada función. Por eso, a pesar de la derrota por 2-0 en la
postrimería del partido, el equipo trasandino debe tener confianza porque,
además de chocar con el local, deberá desplegar su juego para incrementar las
posibilidades de seguir haciendo historia.
Por Matías Adami @matiadami2.























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