Carlos
Bianchi dejó de ser el director técnico de Boca después de más de una temporada
y media. Los números decoran. Él, seguirá siendo el pionero del triunfalismo en
la institución xeneize.
El final de
ciclo estaba a la vista. No hay que tener tanto conocimiento de fútbol para
darse cuenta que el equipo no respondía a los pedidos de Bianchi. La línea de
entendimiento nunca funcionó como alguna vez había funcionado. La energía
parecía renovada con la incorporación de siete jugadores en el extenso receso
de invierno, pero él continuó por la senda de los antiguos que no le
respondieron. El único que ingresó fue Carrizo y, lentamente, debió darle lugar
al resto.
El dolor en
el hincha estará acumulado en lo profundo del corazón. Todos sabían que
era muy difícil que el Virrey pudiera revertir este nefasto presente, pero
aguardaban por la decisión final de él, del dueño de las sonrisas futbolísticas
de muchas generaciones, del principal creador de un equipo temido a nivel
nacional e internacional. Bianchi generó eso. Catapultó a Boca al pináculo del
mundo del fútbol y lo hizo crecer a puntos inimaginables. Viajó a Japón y
transformó al país nipón en la segunda casa del xeneize. Derribó al Real Madrid
plagado de figuras, formó jugadores, y mejoró personalidades. Supo hacer todo,
y más. Siempre se lo destacó, además de por sus principios deportivos, por la
calidad de ser humano que es. Y eso, es el logro máximo que puede anhelar
cualquier persona.
El 45% de
efectividad en esta última etapa no mancha lo que fue el entrenador más ganador
de la historia xeneize. Habrá algunos desagradecidos de siempre, inoportunos y
desconsiderados que le reclamarán cuestiones inadmisibles. Aquellos incapaces
de sonreír en la alegría y de llorar de emoción... Bianchi generó felicidad, lo
logró todo. Y a pesar de eso, decidió volver. Porque los ganadores innatos
llevan ese traje heroico cargado de valentía. ¿Quedarse en su casa, todavía?
Optó por salir y volver. Dejar a sus nietos y calzarse el buzo otra vez. Aquel
hincha que afirme que no estaba de acuerdo cuando asumió, se consagrará de
hipócrita. El deseo era unánime.
Después de
tres extensos párrafos, llegué a la palabra clave: dirigencia, resumida en una
personalidad: Daniel Angelici. Hombre de principios fraudulentos y sospechosos.
Desgastó a Riquelme, se manejó de mala forma, y provocó su salida. Aunque
muchos afirmaron que no quería a Bianchi, decidieron darle un contrato por tres
años, pero comenzaron una opereta mediática para consumirlo. El costo político
de echar a un entrenador de la envergadura de Bianchi era un asunto que no eran
capaces de asumir. Quisieron su renuncia, y esperaron a que el público
reconociera que el ciclo del Virrey había llegado a su final por motivos
futbolísticos.
Cuando tenía
en sus manos la posibilidad de quitarlo del camino, falló una vez más. Con el
escenario ideal para Angelici, con el entrenador en la cuerda floja, bancándose
a los periodistas operarios, indignos, y poco profesionales, se sentó a
dialogar con Bianchi y lo ratificó. Horas después, lo despidió. ¿Rumores?
Millones. Es el famoso Mundo Boca.
¿Realidades? Bianchi afuera.
Se cerró una
etapa. Se cerró un libro. Bianchi mantuvo abierta su historia durante la siesta
y tomó la pluma para escribir el peor final de su obra. Sin embargo, a pesar de
los yerros, las derrotas y los papelones futbolísticos, la primera parte está
tan cargada de felicidad y algarabía que no hay epílogo que lo oscurezca.
Bianchi seguirá siendo el Virrey, el técnico más ganador de uno de los clubes
más grandes del país, y ese título concreto, lo lleva a la idolatría eterna, en
donde siempre tendrá el apoyo de los suyos. Por eso, por medio de periodistas,
envió un mensaje final que genera lágrimas en el pueblo xeneize: “Sólo quiero
decirle gracias a los hinchas de Boca por tanto cariño”. El hincha de Boca y
Bianchi; Bianchi y el hincha de Boca… Por siempre juntos, hasta el final de sus
vidas.
Por Matías Adami @matiadami2.























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