Boca perdió
por 3-1 contra Estudiantes en La Plata y mostró una cara peor a la anterior,
otra vez. Fue superado, tuvo errores infantiles, y manifestó un desorden digno
de un equipo amateur (principalmente en el segundo tiempo). El descuento, fue
de Calleri.
Las ilusiones
se apagaron. La esperanza que emerge en cada jugador al inicio de un campeonato
se diluyó poco a poco, hasta desaparecer. Van cuatro fechas jugadas: Boca
perdió tres y ganó una pero nunca, jamás, logró jugar bien. Cuando el déficit
de un equipo es el resultado pero se atisba una idea, es cuestión de tener
paciencia hasta encontrar la eficacia que brinde victorias. Este equipo de
Carlos Bianchi no tiene forma, no elabora, y por tanto, no concreta. Además,
cada vez que recibe un ataque, concluye en gol.
En la noche
de La Plata, Joaquín Correa abrió el marcador y Diego Vera, en dos
oportunidades, liquidó el partido. El segundo, salió de un pelotazo desde el
arco de Agustín Silva. Nuevo error de Daniel Díaz: un jugador que muestra una
pasividad inconmensurable en forma constante. El último, fue una tijera que
debió haber sido anulada por un offside de 3,5 metros que el línea no percibió.
El 3-0
derrumbó toda posibilidad. Si a Boca le cuesta remontar un 1-0, ni imaginar un 3-0
en los primeros 45 minutos.
Bianchi hizo
debutar a Marcelo Meli y sacó a Federico Carrizo. Otra variante difícil de
entender cuándo, lo correcto, hubiera sido incrementar gente en ataque para ir
en busca del gol. El Virrey decidió resguardarse e impedir una goleada mayor. Estudiantes
levantó el pie del acelerador, dejó de atacar, y Boca corrió detrás de la
pelota como los niños en el potrero. Andrés Chávez y Jonathan Calleri
retrocedían desesperados en busca de la pelota, haciendo un desgaste
innecesario porque no cumplían el objetivo. La presión solitaria se torna en
ridícula, porque para que sea efectiva debe haber una sincronización colectiva
que la proteja.
En los
últimos minutos, después de un pase aéreo de Luciano Acosta, Calleri anticipó a
Silva y descontó. Faltaba poco y nada. El 1-3 decoró un resultado que, una vez
más, mostró un equipo enclenque, débil y frágil, incapaz de reponerse ante las
adversidades.
La falta de
actitud se puede reprochar a algunos jugadores. De todos modos, ese no es el
déficit. Los equipos con sangre
tienen una idea de juego. No se trata de correr detrás del balón en busca de
una recuperación infructuosa por la consecuente pérdida; ni de pegarle una
patada al colega rival que en ningún momento gastó a un equipo diezmado. Se trata de diagramar un equipo con
líneas unidas, defensores que achican, mediocampistas que tocan, se mueven y
asocian en busca de generar peligro. Boca está absolutamente perdido.
Bianchi
continúa afirmando que tiene fuerzas para revertir esta situación. Del “Boca
jugó un partido correcto”, fue derivando en resultados indiscutibles. Ni
mencionó el offside grosero del tercer gol, porque, lógicamente, no había
excusa posible. El equipo no responde hace tiempo y no se percibe una mejoría.
De hecho, se ve un conjunto en caída libre, incapaz de reponerse, y que cada
vez juega peor. Por eso, con un ciclo concluido, no hay mucho más por hacer. No
hay peor ciego que el que no quiere ver…
Por Matías Adami @matiadami2.























0 Comentarios:
Publicar un comentario