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28 agosto 2014

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Boca perdió por 3-1 contra Estudiantes en La Plata y mostró una cara peor a la anterior, otra vez. Fue superado, tuvo errores infantiles, y manifestó un desorden digno de un equipo amateur (principalmente en el segundo tiempo). El descuento, fue de Calleri.

Las ilusiones se apagaron. La esperanza que emerge en cada jugador al inicio de un campeonato se diluyó poco a poco, hasta desaparecer. Van cuatro fechas jugadas: Boca perdió tres y ganó una pero nunca, jamás, logró jugar bien. Cuando el déficit de un equipo es el resultado pero se atisba una idea, es cuestión de tener paciencia hasta encontrar la eficacia que brinde victorias. Este equipo de Carlos Bianchi no tiene forma, no elabora, y por tanto, no concreta. Además, cada vez que recibe un ataque, concluye en gol.
En la noche de La Plata, Joaquín Correa abrió el marcador y Diego Vera, en dos oportunidades, liquidó el partido. El segundo, salió de un pelotazo desde el arco de Agustín Silva. Nuevo error de Daniel Díaz: un jugador que muestra una pasividad inconmensurable en forma constante. El último, fue una tijera que debió haber sido anulada por un offside de 3,5 metros que el línea no percibió.
El 3-0 derrumbó toda posibilidad. Si a Boca le cuesta remontar un 1-0, ni imaginar un 3-0 en los primeros 45 minutos.
Bianchi hizo debutar a Marcelo Meli y sacó a Federico Carrizo. Otra variante difícil de entender cuándo, lo correcto, hubiera sido incrementar gente en ataque para ir en busca del gol. El Virrey decidió resguardarse e impedir una goleada mayor. Estudiantes levantó el pie del acelerador, dejó de atacar, y Boca corrió detrás de la pelota como los niños en el potrero. Andrés Chávez y Jonathan Calleri retrocedían desesperados en busca de la pelota, haciendo un desgaste innecesario porque no cumplían el objetivo. La presión solitaria se torna en ridícula, porque para que sea efectiva debe haber una sincronización colectiva que la proteja.
En los últimos minutos, después de un pase aéreo de Luciano Acosta, Calleri anticipó a Silva y descontó. Faltaba poco y nada. El 1-3 decoró un resultado que, una vez más, mostró un equipo enclenque, débil y frágil, incapaz de reponerse ante las adversidades.
La falta de actitud se puede reprochar a algunos jugadores. De todos modos, ese no es el déficit. Los equipos con sangre tienen una idea de juego. No se trata de correr detrás del balón en busca de una recuperación infructuosa por la consecuente pérdida; ni de pegarle una patada al colega rival que en ningún momento gastó a un equipo diezmado. Se trata de diagramar un equipo con líneas unidas, defensores que achican, mediocampistas que tocan, se mueven y asocian en busca de generar peligro. Boca está absolutamente perdido.

Bianchi continúa afirmando que tiene fuerzas para revertir esta situación. Del “Boca jugó un partido correcto”, fue derivando en resultados indiscutibles. Ni mencionó el offside grosero del tercer gol, porque, lógicamente, no había excusa posible. El equipo no responde hace tiempo y no se percibe una mejoría. De hecho, se ve un conjunto en caída libre, incapaz de reponerse, y que cada vez juega peor. Por eso, con un ciclo concluido, no hay mucho más por hacer. No hay peor ciego que el que no quiere ver… 


Por Matías Adami @matiadami2.

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