Chile venció a España por 2-0 y forjó un nuevo “Maracanazo”. Ese
estadio mítico propone historias impactantes y hoy, miércoles 18 de junio,
elaboró una nueva. El último campeón y revelador del fútbol mundial, retornará
a casa con la cabeza gacha y con la obligación de disputar el último partido
sabiéndose eliminado.
El impacto mayor comenzó el viernes pasado, en la segunda jornada
de Brasil 2014. Los prode diagnosticaban victorias españolas, con
algunos empates y esporádicas derrotas. Holanda, el rival, con nuevos apellidos
y un sistema criticado, lo vapuleó y dio el batacazo histórico. Debut y cinco
goles en la bolsa, con Iker Casillas arengando a sus compañeros. Los ojos
posados en el suelo de Busquets, Ramos, Piqué, Azpilicueta, Silva y el
mismísimo Iniesta manifestaron el impacto de semejante goleada. Ni el más
optimista de los futboleros podría haber presagiado ese resultado. El
estilo de juego que propone España le sienta fenómeno a Holanda y eso, en gran
parte, fue el motivo del 5-1. Contraataques a una defensa que siempre deja
espacios y que posee centrales que, más que en las presentaciones con la
selección, no tienen la química y la coordinación necesaria.
Y rápida y sorpresivamente, la primera final del mundial tuvo a
España como protagonista y a Chile como invitado VIP. Otra vez, los dos
equipos, como en Sudáfrica 2010, disputaban una final en la zona de grupos.
Hace cuatro años, los de Marcelo Bielsa corrían de atrás; en el 2014, con Jorge
Sampaoli, tenían a su favor el empate y la disputa en una supuesta tercera
jornada contra Holanda ya clasificado. Todos los papeles a la hoguera: España
recibió cinco y un bajón anímico inconmensurable. No tenía más remedio que
reconocer la superioridad de su rival y preparar, en cuatro días, una levantada
moral y futbolística que le permitiera seguir con vida en el mundial.
Con los nervios de la posible descalificación y el conocimiento de
un siempre complicado Chile, España se presentó en el Maracaná, estadio
renovado pero que, al parecer, mantiene esa chispa opulenta voraz, destructora
de grandes leyendas y abstraída de todo tipo de lógica. El nerviosismo proliferó
en el primer minuto que tuvo entre sus segundos dos situaciones de gol para el
equipo sudamericano. Distracciones defensivas, algo de garra y una pelota
parada.
España no supo entrarle a un equipo que, a pesar de tener el empate
a su favor, tuvo el hambre y la sagacidad de ir por la victoria para asegurarse
la clasificación. Lejos de replegarse y cuidar el cero en la valla de Bravo,
adelantó sus líneas, presionó e incomodó al mediocampo español. Iniesta mostró
la energía necesaria de un equipo que no lo acompañó. Silva tuvo movilidad y
voluntad, pero sus movimientos, faltos de asociaciones y profundidad,
concluyeron en ataques endebles o en la garra de Gary Medel, el baluarte de la
última línea chilena.
El 2-0, otra vez por error de Iker Casillas, de mundial olvidable,
fue el golpe de nocaut. España estaba enclenque y Charles Aránguiz se ocupó de
mandarlo a la lona. El tiro libre de Alexis Sánchez estuvo cargado de efecto
pero carente de potencia; Casillas llegó al balón sin inconvenientes y, tal
vez, por la desconfianza del último partido y por la exigua solidez en sus movimientos,
decidió aplicar los puños. El rebote hizo todo lo contrario a lo que indica el
manual de arqueros: al medio y largo. El jugador chileno le dio mordido, de
punta, y la colgó del ángulo. Allí se derrumbaron todas las ilusiones.
A pesar de la elaboración de situaciones nítidas y de la presencia
efectiva del arquero Bravo, España no superó a Chile. En el complemento se
replegó e intentó aprovechar las praderas liberadas que dejó la selección de
Vicente del Bosque pero careció de efectividad. Busquets tuvo la más clara;
Diego Costa desperdició la suya. Y así, para pena del fútbol bello, sonó el
silbato que manifestó la frescura de Chile y la opacidad de España.
¿El 0-2 habla de fines de ciclo? ¿Habla de la partida de Vicente
Del Bosque? ¿De la salida de Casillas o Xavi? Habrá momento para dar lugar a
estas reflexiones. España ha revolucionado y ha marcado la historia del fútbol
mundial y ese título lo poseen sólo algunos privilegiados. Cometió errores y lo
pagó, demasiado temprano. Sin lugar a duda, esta es la imagen más injusta para
un equipo que ha dado funciones de alegría para el público futbolero.
Puede ser el fin de una era, de un cuerpo técnico o de algunos
jugadores experimentados… Pero esta España, la Roja que cambió la
filosofía del fútbol y funcionó como la pionera para resucitar el estilo bello,
continuará muchos años más. Implantar una ideología lleva tiempo, pero
desarraigarla, mucho más. Cambiarán los actores, pero España seguirá siendo
España; esa, la del “tiki-tiki”.
Por Matías Adami @matiadami2.























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