Por Matías Adami @matiadami2.
Los jugadores aburrieron. Hubo poca generación y escasas situaciones. Lo que sustenta al Superclásico desde hace unos años, es el folklore de los hinchas.
La gente asistió en masa a la Bombonera para presenciar el partido más importante del fútbol argentino. River saturó la tercer bandeja, probablemente, excediendo las 4.500 localidades que se le habían otorgado. La gente Xeneize fue llegando desde temprano para alentar a su equipo y colmó la tribuna, esperando una victoria.
¿Por qué motivo se sustenta en el folklore? El juego es flojo e híbrido. Hay poca triangulación, escasa generación de situaciones de gol en ambos arcos y por estos motivos, las tribunas son la principal atracción. El cotejo de hoy no fue una excepción. Fue más de lo mismo. Hace ya unos cuantos años que se repite esta historia.
El famoso dicho que dice que un equipo “arranca ganando desde el vestuario” se dio en esta versión del Superclásico. Antes de cumplirse el primer minuto de juego, Juan Manuel Iturbe practicó un control orientado en velocidad que le permitió quitarse de encima a dos jugadores; por esos imprevistos del fútbol, Guillermo Burdisso fue al piso y luego de recuperar el balón a medias en dos oportunidades, le cedió el balón a Carlos Sánchez que envió un centro magnífico para la aparición de Manuel Lanzini. El enganche cabeceó a contrapierna, dejando sin chances a Agustín Orión.
Lo positivo del conjunto de Carlos Bianchi, y que él también lo destacó, fue la forma en que afrontaron el partido los jugadores a pesar de haber recibido el gol a los 42 segundos. Intentó apoderarse del balón y realizar un planteo similar al que gestó contra Corinthians. Pero hubo un jugador clave que no participó: Cristian Erbes. En aquel encuentro, el Pichi era una rueda de auxilio para el volante central. Se cerraba cuando el equipo volvía tras la pérdida del balón en zona ofensiva y colaboraba con la marca. Pablo Ledesma no cumplió con este rol. Aparecía más pegado a la línea, priorizando su participación en ataque.
La segunda situación más clara fue para River. Carlos Sánchez recibió un centro desde el sector izquierdo y con categoría, la quiso tirar por encima del portero. El intento fue bueno, pero no sirvió. La pelota se fue desviada.
Luego, Boca generó una gran jugada colectiva de la mano de Walter Erviti – de presente superlativo en el club-. El ex Banfield ingresó al área por derecha, se tomó el segundo de más que se toman los cracks y asistió a Santiago Silva, que hizo lo que tenía que hacer: meterla.
El entretiempo finalizó en empate. Poca triangulación y poco juego. Como ocurre últimamente, se jugó a impedir el juego del rival.
La segunda parte tuvo a un Boca más protagonista. El juvenil Nahuel Zárate se proyectó y se asoció de buena forma con Juan Manuel Sánchez Miño, pero la finalización de la jugada era defectuosa y por eso no lograron gravitar.
La situación más clara fue luego de un córner de Leandro Paredes. Gonzalo Escalante anticipó en el primer palo y Marcelo Barovero, a puro reflejo, evitó el gol Xeneize.
Desde la previa hasta el pos-partido, la parcialidad local le recordó a su archirrival en forma constante que había descendido. Los cánticos, los "fantasmas" y el cotillón característico de los Superclásicos tomaron vital importancia en el rodaje del encuentro. Era el mejor momento de Boca en el segundo tiempo. River estaba en su propio campo y cometía errores en los pases que dejaban a entrever una superioridad en el dominio de la pelota por parte del Xeneize. Poco le importó el partido al público y el árbitro, Germán Delfino, tomó la decisión de interrumpir el encuentro debido a la pirotecnia utilizada por la parcialidad local. Fueron diez minutos de euforia en el que la gente se hizo sentir. Uno de los petardos cayó cerca de Barovero y el árbitro insinuó una posible suspensión del partido. Luego de unos minutos, la pelota volvió a rodar, y el rendimiento disminuyó paulatinamente. Cerca del final, Burdisso fue fuerte abajo sobre Sánchez y recibió la expulsión.
Una vez más, lo poco que presentaron ambos equipos en el verde césped provoca que el Superclásico, se sostenga por el folklore y por todo lo que se genera a nivel mundial; pero no por el juego.
Boca acumula once partidos sin victorias en el Torneo Final. La última vez fue por la fecha 1, contra Quilmes. Sin duda, una racha negativa que “está para cortarse”, según afirmó Carlos Bianchi.
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