Boca empató
contra Banfield en el Florencio Solá por 1-1. Chávez puso en funcionamiento a
la ley del ex, y Terzaghi, a un
minuto del final, igualó el partido.
Desde la
propuesta, la previa indicaba un partido atractivo con situaciones. Dos equipos
que piensan en el arco contrario, que presionan a la defensa rival, y que
disponen jugadores de buen pie para asociarse y avanzar en el campo. De eso se
trataron los primeros minutos: de ver quien presionaba a quien, y usufructuaba la
recuperación para ejercer ataques cortos y gravitantes.
Banfield fue
dueño. Estuvo más fino con la pelota, ganó las divididas, usó las bandas y
cortó los ataques xeneizes. Fue, de los dos, el que más generó, pero se topó
con la figura de Agustín Orión que, después de varios partidos, volvió a ser
figura. Bertolo, Erviti, Noir y Salcedo tuvieron sus situaciones; hasta Bianchi
Arce, por medio de pelotas paradas. Fue superior, ganó el mediocampo y por eso,
hizo sufrir a Boca. El equipo de Arruabarrena tiene una calidad individual que
solicita una concentración al máximo de sus rivales: Calleri, Carrizo y alguna
arremetida de Martínez incomodaron a la defensa rival, pero Servio se mostró
sólido para apaciguar los temores.
Hay un famoso
dicho en la jerga futbolística que afirma que los goles que no se hacen en un arco, se reciben en el otro. Y tras
observar el desarrollo del partido y las ocasiones dilapidadas de Banfield,
todo hacía pensar que ese aforismo se iba a presentar en el sur. Chávez a la
cancha, en lugar de Martinez. Chávez, el tanque fresco, con un látigo en la
zurda, que posee el arco entre ceja y ceja y que, además, es hábil y solidario.
Forcejeó con Bianchi Arce después de un pelotazo de Orión, le ganó y quedó mano
a mano. Mermó su marcha, levantó la mirada, y sacó un sablazo inexpugnable.
1-0, con un posterior pedido de disculpas. La ley del ex piso fuerte en el Florencio Solá.
El taladro sintió el impacto. Decreció su
intensidad, la presión y la agresividad. Boca se hizo dueño del partido.
Aprovechó la fineza de Gago, el aguante de Calleri y sufrió la parsimonia
improductiva de Castellani. Y evocando aquel empate en el Gigante de Arroyito
por Copa Sudamericana, recibiendo el gol en el último minuto, hubo una
desconcentración en la última línea. Terzaghi era la marca de Colazo y Salcedo
de Forlín. Se cruzaron, los defensores de Boca prácticamente se chocaron y le
dieron el segundo necesario a Terzaghi para definir de zurda y derribar a
Orión, el arquero que parecía invencible. A los 44 minutos, a pesar de la
inferioridad de Boca durante gran parte del encuentro, Banfield igualó, y se
llevó un empate que a los dos equipos les deja un sabor agridulce: a Boca,
porque a pesar del flojo nivel pudo haberlo ganado; a Banfield, porque fue
superior durante casi todo el partido pero la carencia de efectividad le
impidió anotar más goles.
Fue un
partido agradable para el espectador. Hubo situaciones, desequilibrios y
gambetas. Faltó gol, es cierto, pero las ocasiones le dan otro color al
partido.
La novedad
negativa para el equipo del Vasco es que el Cata Díaz salió en el entretiempo
por un esguince de rodilla (afuera por un mes) y que, Juan Forlín –su reemplazante-,
terminó el partido con un desgarro en el gemelo (mismo tiempo de recuperación
que el Cata). Ambos, afuera del superclásico. Esta es la primera adversidad
seria que se le presentó a Arruabarrena como DT de Boca. ¿Magallán o Pérez,
quién jugará?
Por Matías Adami @matiadami2.























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