Boca
venció a Rosario Central por 3-0 por el partido de vuelta de la Copa
Sudamericana y clasificó a la próxima ronda. Chávez, en dos oportunidades, y
José Fuenzalida, fueron los autores de la goleada.
Parece
ser que Boca rinde un examen partido a partido. Como sucedió con River después
de la brillante primera actuación contra Rosario Central, debió confirmar en el
compromiso siguiente, y en el posterior, y así… Logró asentarse. El equipo de
Arruabarrena se encuentra en la misma situación. Un gran debut debió ser
corroborado en el cotejo contra los rosarinos por Copa Sudamericana, y lo hizo.
Contra Olimpo bajó, y ayer volvió a mostrar una enorme mejoría.
Boca
está en una línea ascendente en cuanto a su rendimiento. Mejora partido a
partido y, de a poco, el Vasco le inculca cuestiones tácticas a sus jugadores
que se perciben claramente en el campo de juego.
Algunos
ejemplos: Erbes es el mediocampista tapón
del equipo. Se sitúa por delante de los centrales y, cuando Echeverría avanza
por el costado derecho gracias a las subidas de Marín que despejan la zona, lo
releva resguardándose de posibles pérdidas. Con la tenencia, uno de los dos
laterales se manda al ataque. Ayer, Marín se cerraba y le cedía el espacio para
el retroceso a Carrizo, que forjaba un espacio amplio en las espaldas de Rafael
Delgado, su perseguidor. Ese flanco era aprovechado por Marín. Un movimiento
trabajado en la semana, sin lugar a dudas. No es habitual ver a un lateral
introducirse en el circuito interno.
En
el mediocampo, Erbes, Gago y Meli son jugadores de mucha entrega, y con gran
técnica, lo que permite una recuperación elevada y asociaciones en espacios
reducidos. Los internos avanzan, pero siempre se atisba a uno de ellos cerca
del Pichi para diagramar los ataques. A veces Meli, otras Gago. Lo principal de
las ofensivas xeneizes es la enorme movilidad de sus delanteros. Son jugadores multifacéticos,
capaces de correrse de su posición inicial y acoplarse a la tenencia. Calleri
aguanta y Chávez y Carrizo son habilidosos y escurridizos. El goleador, en este
Boca, no es el “9” de área, si no el “externo” (Chávez).
A
pesar de la movilidad táctica que precisa todo equipo para mantener
aspiraciones, Boca tiene una ideología. Movimiento en bloque para presionar y
atacar; sofocar al rival y ahogarlo con los tres mediocampistas; poco espacio
entre las líneas; y sacrificio absoluto de los delanteros para incomodar la
salida de los rivales. Con el balón en posesión, rifar la pelota parece ser una
humillación. Está terminantemente prohibido. Siempre se busca el toque corto o
la asistencia filtrada que rompa líneas.
La
expulsión de Lucas Acevedo a los 35 del primer tiempo empeoró el panorama de
Rosario Central. “No nos dejan avanzar”, deslizó Miguel Ángel Russo a sus
ayudantes previo al final de los 45 iniciales. La presión asfixiaba a Musto y
Dominguez, los rápidos Acuña y Aguirre no tuvieron oportunidad de usar las
bandas y Barrientos, cada vez que intervenía, tenía dos hombres encima. En el
11 contra 11 fue así, en el 11 contra 10 se agravó.
Boca
fue superior. La primera mitad fue brillante por la intensidad, la precisión y
la movilidad, sumado al golazo de Chávez. En el complemento la presión
disminuyó y cedió algunos tiros de esquina que fueron mal ejecutados por los canallas. El equipo mejora, el Vasco
adiciona elementos tácticos que enriquecen el rendimiento del equipo, y la
confianza rebasa a tal punto que, Fuenzalida entró, y marcó. No hubo puntos
bajos; y hubo muchos altos. El nivel fue parejo y elevado, por eso cuesta
acentuar un rendimiento individual.
Este
Boca, abrió la puerta de la esperanza que desde hace mucho tiempo, estaba
cerrada.
Por Matías Adami @matiadami2.























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