Boca
perdió 2-1 contra River por la fecha 10 del torneo Final. Manuel Lanzini y
Ramiro Funes Mori marcaron para la visita; Riquelme, de tiro libre, firmó el
gol xeneize.
El
condimento de la lluvia fue imposible de soslayar. El balón tuvo un despliegue
correcto dentro del verde césped pero, en algunos sectores del terreno, se detuvo
su marcha debido a las grandes cantidades de agua acumuladas. De todos modos no
modificó demasiado la ecuación del partido. Boca manejó, generó y falló; River
elaboró de contraataque y marcó las que tuvo. El gol de la victoria llegó como
consecuencia de una mala salida de Agustín Orión.
Fernando
Gago regresó a su puesto originario. Se ubicó entre los mediocampistas
externos, hizo de volante tapón, y se ocupó de tener bien cerca a Manuel
Lanzini para evitar sus arremetidas en velocidad. Tuvo poco contacto con el
balón porque, en las salidas, el “10” de River se posicionaba cerca de él para
impedir la fluidez del juego xeneize. Juan Román Riquelme no se retrasó a
solicitar el balón. Se ubicó en tres cuartos y, principalmente por el sector
izquierdo, asociándose con Emanuel Insúa y Juan Sánchez Miño, generaron las
mejores situaciones. Emmanuel Gigliotti no estuvo fino y esa, fue la clave del
encuentro. Tuvo algunas oportunidades nítidas que por yerros en el último toque
no pudo enviarlas al fondo de la red. Cristian Erbes y Juan Manuel Martinez
también tuvieron las suyas, pero se toparon con Marcelo Barovero.
Boca fue
más y eso debe observarse en el próximo partido, contra Rosario Central. El
equipo de Carlos Bianchi disputó un gran encuentro. Supo qué hacer con el
balón, usufructuó las bandas y se mantuvo atento ante las posibles arremetidas
del rival. Hubo dos puntos que provocaron ciertos desbarajustes defensivos: el
retorno del ataque, algo desordenado y permisivo, y la libertad que tuvo
Cristian Ledesma para distribuir el balón durante los 90 minutos. No hubo
jugador xeneize que se interpusiera a su dominio. River jugó a un toque, con
fluidez y movimientos, pero no supo quebrar a la defensa local.
Los
fallos de la terna arbitral están lejos de justificar la derrota. Fueron dos
errores muy finos (especialmente la jugada del tiro de esquina) y sería un
gravísimo error adjudicarle el 1-2 a los encargados de impartir justicia. Boca
propuso y River esperó, reflejando el partido en el Monumental pero con los
roles invertidos. Los de Bianchi fueron más que los de Ramón pero fallaron y
eso, en este fútbol, es imperdonable. El local generó no menos de siete
situaciones claras, con buen contenido colectivo y elaboración del espacio en
una defensa cerrada.
El gol
de Lanzini fue un baldazo de agua fría que Boca supo asimilar. Porque de la
mano de Martinez, la figura del partido, y tras la exquisita pegada del “10”,
el partido se igualó. El yerro de Orión en la salida justificó el 1-2 final en
la cabeza de Ramiro Funes Mori. Sin tiempo para más, el Superclásico en la
Bombonera, después de 10 años, se fue para Nuñez.
Algo que
ha dejado en claro el Boca-River del torneo Final 2014 es que Juan Manuel
Martinez no puede malgastarse estando sentado en el banco de relevos. Sus
arremetidas individuales en velocidad deben llevarse a cabo en el último cuarto
del campo y no en mitad de cancha, como sucedió a lo largo de los 90 minutos.
¿Boca
mereció ganar? No convirtió y eso integra la vara del merecimiento. Falló en el
arco de enfrente y River fue contundente. En juego, hay más por destacar y
menos por castigar. Bianchi debe continuar por esta senda porque ha sido el
mejor partido de Boca en el campeonato. Ahora, resta ratificar el nivel en
Rosario, el próximo miércoles, y acompañarlo con una victoria.
Por Matías Adami @matiadami2.























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