Todo Rosario Central está envuelto en una alegría de la que nunca quisiera despertar, tal clima se vivió en el Gigante de Arroyito. El partido fue la excusa perfecta para que todos los Canallas se juntaran en el estadio a recibir a los jugadores que consiguieron el ascenso en Jujuy. De entrada ya hubo dos números musicales a cargo del Pájaro Gómez (cantante de Vilma Palma e Vampiros) y Juan Carlos Baglietto, encargados de entonar las estrofas del himno de Rosario Central. Pero la gran fiesta estuvo cuando los jugadores hicieron su entrada al campo de juego.
El partido fue bastante chato y no dejó mucho para el análisis. Si bien Rosario Central tiene el objetivo de ser campeón, se nota que juega un tanto más relajado ahora que tiene el ascenso en el bolsillo. Así fueron transcurriendo los primeros minutos hasta que llegó el gol de Nahuel Valentini a los 7’. El defensor recibió la pelota desde un corner que pateó Delgado, cabeceó y la clavó un ángulo haciendo imposible la atajada de Campodónico. Explotó el Gigante de Arroyito.
El gol hizo que Central fuera más dueño que nunca de la fiesta, Aldosivi cumplía a la perfección el rol de invitado. Javier Toledo quería tener su grito pero no era el mismo de Jujuy, solo que esta vez la gente le perdonaba los goles errados y lo que bajaban eran aplausos, no insultos como en otros tiempos. Encina y Ferrari aportaban la velocidad y las trepadas de siempre, Bareiro también quería pero se apresuraba demasiado. El Tiburón no aportaba mucho más allá de algún pelotazo anunciado y un remate de Matías Gigli.
En el segundo tiempo las cosas no cambiaron. Aldosivi era muy displicente y Rosario Central tenía el control, lo que hizo que el partido cayera en un bache. Hasta que a los 8’ Toledo se sacó el traje de goleador, emprendió una corrida sobre el costado derecho, tiró el centro atrás para Bareiro y el paraguayo no tuvo más que tocar la pelota sutilmente para que entrara en el arco del Tiburón.
Desde allí el partido pasó a ser una anécdota porque Rosario Central se dedicó a tocar y mover la pelota de un lado para el otro. Lo único para resaltar fue que el árbitro, Fernando Rapallini, debió detener el juego por las bengalas que estaban encendiendo en la popular del Canalla.
El partido terminó y la fiesta siguió por las calles de Rosario. Todo el plantel emprendió una caravana con un micro descapotable, desde el Gigante de Arroyito hasta el Monumento a la Bandera. Rosario Central está de fiesta, la fiesta interminable.
Por Marina Merlo @marimerloo























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