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16 mayo 2013

Boca, otra vez en cuartos

Por Matías Adami @matiadami2.


Sin brillar y con una postura más que defensiva, el equipo de Carlos Bianchi clasificó en el Pacaembú y está en cuartos de final. El partido finalizó 1 a 1 con goles de Juan Román Riquelme y Paulinho.
Los números utilizados para nombrar a los sistemas de juego (4-4-1-1, 4-3-1-2, etc.) nunca deben estar por encima de los apellidos que lo conforman. En el cotejo contra Corinthians, Carlos Bianchi decidió plantar una doble línea de cuatro y dejar como jugadores ofensivos a Riquelme y Blandi. Los dos jugadores, con poca velocidad y desequilibrio con balón dominado en el mano a mano. El planteo del Virrey priorizó lo defensivo por sobre lo ofensivo y esperar que, por medio de una pelota parada, un contraataque o alguna genialidad individual, llegara el gol que complique al conjunto brasileño. Y así sucedió. Los ataques del conjunto Xeneize eran esporádicos. Las subidas de Sánchez Miño y Erbes por las bandas, o las apariciones de Erviti a la hora de dominar el balón fueron aisladas. Todos estaban mentalizados en cortar el juego del Timao y después, lograr avanzar con el balón. 
Lo que hizo Boca desde el inicio del partido fue “amontonar” gente en zona defensiva. Colocó una doble línea de cuatro, con Sánchez Miño y Erbes mentalizados en defender e intentó, por medio de la pausa de Riquelme y Blandi, desprender a los volantes en forma eventual. Cuando atacaba, lo hacía con poca gente. El partido era parejo. Marín logró interrumpir el juego del hábil Emerson, Paulinho contaba con la marca constante de Erviti y Romarinho estuvo impreciso con el balón en su poder. Además, Paolo Guerrero fue reducido por la férrea marca de Caruzzo y Burdisso, de gran partido.
El gol no llegó por medio de una pelota parada o de un contraataque. El grito sagrado lo alcanzó el “10”. El mismo que estuvo 21 días sin pisar el verde césped por el desgarro; el enlace tan criticado que ama y siente que su segunda casa, es Brasil; el jugador que, casi un año atrás y en ese mismo estadio, anunció su no continuidad en el club por sentirse vacío y sin objetivos. En fin, el ídolo Xeneize jugó rápido un tiro libre, Erbes, inmediatamente, se la dejó para que se ocupe de organizar el ataque y así lo hizo. Había jugadores de Boca en el área esperando el centro pero Riquelme sorprendió a propios y extraños. La tomó y sin levantar la cabeza “envió un centro” que se coló en el ángulo, dejando abatido a un Cassio anonadado. 
Todo el pueblo boquense, sorprendido, saltó de su sillón y eufórico, gritó el gol que le daba tranquilidad. Con el gol de Román, Corinthians debía marcarle tres para clasificar. No era imposible, pero si más difícil. 
Para el segundo tiempo, Tite mandó al campo de juego a Alexandre Pato y Edenilson en lugar de Romarinho y Alessandro. Por medio de estas modificaciones y sin otra alternativa, el DT del Timao sabía que el reloj era un enemigo más y que debía ir en busca de los tres goles para clasificar. Y lo intentó, con poco juego, mucho centro y más intención que claridad. Boca, por su parte, mantuvo su speech. Los cuatro del fondo concentrados en la marca, la línea de volantes lo más pegada posible a los defensores, Erviti corriendo detrás de Paulinho, sin importar la ubicación que el volante brasileño ocupe, y arriba, Riquelme y Blandi se las arreglaban como podían, esperando el aporte de alguno de los volantes que se desprendiera.
Las oportunidades para el Timao llegaron. Al comienzo, Caruzzo dejó el balón muerto en el área y Danilo remató de primera, haciendo lucir a Orión. A los cinco minutos, un envío proveniente del sector de Clemente Rodríguez tuvo destino en la cabeza de Paulinho, que ingresó por el segundo palo y con un cabezazo preciso, igualó el marcador. La libertad que tuvo Emerson para ejecutar el centro fue la misma que tuvieron todos los jugadores brasileños a la hora de mover el balón por ese sector. 
Los cambios en Boca no se hicieron esperar. A los 22, Lucas Viatri ingresó al campo de juego en lugar de Juan Román Riquelme. La intención era buscar mantener la pelota en zona ofensiva, algo que a Boca le venía costando en el segundo tiempo. Relegó el ataque en su totalidad y se dedicó a defender, en mayor proporción que en la primera mitad. Luego, Federico Bravo ingresó en lugar de Cristian Erbes y Nahuel Zárate, por Nicolás Blandi. Boca finalizó el cotejo con cinco defensores (doble 3) y cuatro volantes centrales como mediocampo. 
Alexandre Pato se erró un gol imposible de creer que le hubiera dado un mayor nerviosismo al partido. Orión agigantó su figura y le cerró el arco al Timao que temprano, quedó eliminado de la Copa Libertadores. 
Párrafo aparte para la terna arbitral. En la primera jugada de Corinthians, Marín metió un manotazo para dificultarle el dominio a Emerson. Luego, Romarinho partió totalmente habilitado pero el lineman, invalidó el juego. Carlos Amarilla y sus compañeros tuvieron un flojo partido y perjudicaron al equipo brasileño. “Localista” no fue.
Boca tuvo un buen inicio del partido. La segunda mitad fue mala. A pesar de sumar cada vez más gente en defensa, Corinthians le llegó. Con poca claridad y mucha garra, generó situaciones de peligro y Orión debió lucirse. Los zagueros tuvieron un gran encuentro. Sacaron todo tanto por arriba como por abajo y Marín, el pibe que hasta hace dos meses estaba jugando en reserva, tuvo que marcar a Emerson, el verdugo de Boca en el 2012, y lo hizo con gran solvencia.
Boca clasificó. No brilló, no defendió bien y no generó en ataque. Esta vez, la suerte estuvo de su lado y con más ilusión que juego, está en cuartos de final del torneo más importante de América. El próximo rival, el gran Newell’s de Gerardo Martino.


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