Por Santiago Creado @sncreado22
Si algo se pudo apreciar en los últimos años de nuestro fútbol, es que este tipo de torneos “cortos” siempre arrojó campeones con una cualidad muy marcada y, sobre todo, vital para quedarse con el título. Desde aquel famoso San Lorenzo de Pellegrini y hasta el Argentinos Juniors de Borghi, fue clave lograr hilvanar una serie de victorias consecutivas en la parte final del certamen y, así, arrebatar la primera colocación a aquellos punteros flojos.
Y el Torneo Inicial 2012 dio la sensación que esta tendencia se repetiría, ya que, en la segunda mitad, Lanús encadenó siete triunfos que hicieron temblar todo y a todos. Pero apareció Vélez, fiel al estilo europeo de una base de jugadores consolidada hace varios años y una organización institucional impecable, para romper el molde y quedarse con la competencia de punta a punta, de principio a fin. Quedaron fuera de combate rápidamente equipos irregulares y de endebles rachas, como Newell’s, Racing, Boca o el propio Lanús.
Pocos fueron los que dieron al Fortín como candidato al irse una importante cantidad de jugadores de experiencia y se posicionaba, a priori, como un equipo de transición. De la mano de Domínguez, en la defensa, Cerro e Insúa, en la conducción, Ferreyra, su goleador implacable, y Pratto, su mejor jugador, el conjunto del Tigre Gareca aplastó a sus rivales e hizo del dilema, un trámite.






















