Por Ricardo Pradelli @RicardoPradelli
El Fortín tuvo un primer tiempo con mucho desgaste, lo acorraló al conjunto ecuatoriano, jugó apurado y el arquero Domínguez fue figura. Barcos convirtió a los 4' del segundo tiempo el 1-0 y ahí Vélez se bloqueó. No hubo más partido.
El aplomo, la experiencia, la solvencia defensiva, la tranquilidad, la seguridad del arquero justificaron la clasificación a una nueva final del equipo que más ganó internacionalmente en los últimos 5 años. Liga Universitaria de Quito ganó 1-0, se dio el gusto de ganar de visitante y por ende, le sacó el invicto como local a Vélez. Por eso su pase a la final es justo.
El equipo fortinero pagó caro haber colocado jugadores que no estaban en condiciones, Martínez nunca pudo desnivelar y Víctor Zapata camino la cancha y no fue solución. Además si bien presionó y metió en un arco a Liga, no pudo tener claridad de cara al arco. Obligado por revertir el 0-2, llegó varias veces con un disparo de Fabián Cubero, con Canteros por intermedio de un tiro libre y un disparo a colocar que sacó el arquero con mano cambiada, Domínguez de cabeza, y la más clara de todas: luego de un centro de Cubero al segundo porte, Franco empujó pero Domínguez con la pierna sobre la línea salvó espectacularmente usando todo el largo de su cuerpo.
Liga en los 10 minutos finales salió del asedio local, y con manejo de pelota casi llegó al gol con un cabezazo de Barcos que pasó cerca del poste.
En 4 minutos del complemento Barcos aguantó la pelota ante la marca de Cubero y Domínguez, giró y con pierna derecha cruzó un fortísimo disparo que se metió en segundo palo. Festejo medido del jugador argentino que pronto se nacionalizará ecuatoriano, que además tuvo mucho oficio y precisión para convertir.
Listo, ya está. El resto del análisis no tiene sentido. Vélez fue por inercia, para devolverle al hincha al menos la alegría del empate, con menos enjundia, apenado por el gol intentó de todos modos. Pero la defensa visitante fue un paredón, devolvió todo lo que le tiraron, y Domínguez intratable, atenazó los centros, tuvo solvencia y demostró seguridad. En Vélez todo se trasladó al hincha, que empezó a agitar las banderas, alentó, revolearon las camisetas al aire para al menos poder desahogarse de alguna forma, entre esos cánticos eufóricos hubo ovación para Ricardo Gareca y al esfuerzo insaciable de Augusto Fernández. Por eso los jugadores se contagiaron en busca de la igualdad, Rescaldani se elevó alto y cabeceó con destino de red, pero Domínguez volvió a responder sacándola del ángulo.
Fin del juego para las aspiraciones de Vélez en Copa Sudamericana. Deberá aprender de los errores que los sigue repitiendo interminablemente desde que asumió Gareca, como por ejemplo: poner jugadores que no están bien, poniendo titulares en partidos intrascendentes, entender que en esta clase de partidos no siempre hay que ser ofensivo, marcar mejor para no sufrir tanto. Por lo demás, Vélez no tiene nada que reprocharse. Siempre fue al frente y murió de pie.























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