Por Ricardo Pradelli @RicardoPradelli
La Selección Argentina igualó 1 a 1 contra Bolivia, fue reprobado por los hinchas y volvió a desilusionar. Messi, Pastore, Higuaín y Alvarez no encontraron la brújula. Demichelis fue silbado, Clemente Rodríguez ovacionado. Los matices de una tarde para el olvido.
No hay caso: los super jugadores en Europa son jugadorcitos cuando cruzan el Atlántico, pisan el Monumental y son más terrenales que cuando en París, Madrid, Milan o Barcelona suelen ser estrellas que destellan la mejor de las luces. Porque ya no se puede establecer únicamente paralelos con Messi, los que no rinden son varios: los que son reclamados como Pastore o indiscutibles como Higuaín, resistidos como Burdisso o sorpresivos como Alvarez. Así es Argentina, oscila entre la bronca y el éxtasis entre la alegría y el llanto desconsolado. Últimamente suele darse más de lo segundo que de lo primero, la paranoia negativa en contra de la Celeste y Blanca es generalizado, se colmó la paciencia de la gente. No soportan excusas como la altura, el calor, el estado del campo y ponen en tela de juicio jugadores que alardean ser los mejores del mundo por todo el globo terráqueo. Sin dudas Messi es el mejor, o uno de los mejores para no pecar de soberbio, Pastore tiene cerebro para manejar un equipo, Higuaín es un goleador intachable, Alvarez es un proyecto de buen jugador. El caso no son las fichas, sino cómo manejarlas. Hay jugadores, por lo menos adelante, pero falta un equipo.
Por eso Bolivia supo retrasarse, tapar espacios, y encerró a los creadores sin cometer faltas, con eso le alcanzó para que Messi no pueda ser protagonista y que Higuaín tenga algún mano a mano. Pastore funcionó bien pero nunca encontró un socio, ya que Alvarez fue de un lado a otro para encontrar su propio lugar en la cancha y por momentos se perdió. Gago y Clemente Rodríguez los mejores dentro de un mediocre partido.
El primer tiempo Argentina fue moderado pero presionó sin ser tan profundo, recién a los 20 minutos tuvo la chance más clara. Messi arrancó en mitad de campo sacándose hombres de encima y lo dejo sólo a Higuaín que definió cruzado a la red, pero el árbitro cobró falta previa sobre el 10 del Barcelona que había sido embestido. Decisión desacertada porque no dio la ley de ventaja. Fernando Gago recuperó sobre el lateral, la pelota quedó en Pastore que enseguida tocó con Messi que creó su propio espacio y pateó de zurda pero el arquero controló en dos tiempos. Luego Pastore entrando por el centro de la defensa, metió un caño y disparó de zurda, pero la pelota la devolvió el palo, la jugada continuó y terminó en gol de Higuaín que el juez volvió anular, acertadamente, por un empujón de Gago a Rivero dentro del área. Eso fue todo lo que le dejó hacer en la primera parte el rudo cuadro de Gustavo Quinteros.
En la parte final el desconcierto fue aumentando, sin juego, sin rumbo claro, sin sociedades, solo sacrificio de algunos y arrestos individuales de muchos otros. La ruptura del público con Demichelis se dio en la segunda parte cuando controló mal el pique de la pelota, Martins le ganó la posición con el cuerpo, enganchó ante la marca de Burdisso y fusiló de zurda al ángulo para el festejo loco del banco de suplentes que fue en busca del 9 del seleccionado del Altiplano. Pensar que Martins no iba a ser titular.
Salió Ricardo Alvarez e ingresó Lavezzi para dar vuelta la historia y desinflar la sorpresa que se vivía en el Monumental. Argentina insinuó con un desborde que terminó despejando la defensa casi sobre la línea.
Gago colocó un pase profundo para Lavezzi, que controló y cayéndose remató de zurda al empate. El jugador de Nápoli en la primera que tocó convirtió y por lo menos tranquilizó un poco al público.
Sin embargo el juego argentino fue paupérrimo, por debajo de lo esperado, no combinó casi nunca. Solo fue por la obligación de ser local y porque el resultado no convenía. Higuaín abrió con Lavezzi, quién disparo pero Arias sobre el primer palo envió al córner. De ese tiro de esquina Pastore encontró un rebote y de volea preocupó al arquero que despejó con los puños. Messi tuvo una jugada de las típicas que suele hacer en Barcelona de derecha a izquierda pero con final distinto con la pelota que pasó a un metro del poste. Luego Lavezzi sin marca cabeceó displicentemente un centro bien colocado de Pastore. Desesperado jugó el tramo final, por eso Bolivia estuvo sereno para ser ordenado. La esperanza estuvo en los pies de Pastore, tras una excelente habilitación por parte de Gago, le pegó fuerte y por encima del travesaño.
Una nueva decepción de la Argentina, preocupa realmente porque el rival es Bolivia uno de los peores no sólo de Sudamérica sino del mundo, que sin embargo de los últimos 9 puntos en disputa contra los bolivianos sólo se pudo rescatar 2. Porque tuvo un rendimiento malo, porque Messi aún no enamora, Pastore es un amor de verano, Ricky Alvarez ni siquiera un amor a primera vista e Higuaín parece ser un touch and go haciendo un poco de asociación con las cosas del corazón. Corazón que tampoco se encuentra en Argentina, es beligerancia más guerra fría lo que une la relación Selección-Público. Una lástima porque el material en algunos casos está.























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