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28 noviembre 2014

Se despide de sus hinchas

Independiente recibirá a Newell's Old Boys por la decimoctava fecha del Torneo de Primera División y será su último partido de local en el campeonato. Sólo con chances matématicas de pelear el torneo, el equipo de Jorge Almirón sólo piensa en terminar lo más arriba que pueda en la tabla y clasificar a la Copa Sudamericana.

Después de la derrota por 3-1 en La Bombonera, Independiente se despidió del campeonato y su único objetivo ahora es entrar a la próxima edición de la Copa Sudamericana. Para ello, Almirón sólo dispuso un cambio en los 11 que cayeron la fecha pasada: Jesús Méndez vuelve luego de cumplir su fecha de suspensión, en lugar de Franco Bellocq, que vio la roja contra Boca.


De esta manera, el Rojo podría salir a la cancha con: Diego Rodríguez; Alexis Zárate, Victor Cuesta, Emanuel Aguilera, Lucas Villalba; Federico Mancuello, Jesús Méndez; Francisco Pizzini, Daniel Montenegro, Matías Pisano; Sebastián Penco. 

Por Facundo Fagnano @FacuFagnano.

Renunció Milito

Últimamente parecen todas malas en Avellaneda. Por lo menos, en la zona roja de la misma. A sólo unos días de quedar fuera de la lucha del campeonato, a pesar de todavía tener chances matemáticas, el último gran referente e ídolo del club, Gabriel Milito, renunció a su cargo como Director Técnico de la Reserva.

Independiente tiene que enfrentar este sábado a las 21:30 en el Libertadores de América a Newell's Old Boys por la decimoctava fecha del Torrneo de Primera División, pero sólo a un día del choque, los ojos se sitúan en otra cosa.

Milito ya venía cansado de algunas voces dirigenciales que salían en distintos medios quejándose por los resultados que estaban obteniendo las divisiones inferiores a lo largo del torneo. Personalidades como Noray Nakis, Héctor “Yoyo” Maldonado y Daniel Seonane se cargaban contra Gomis y su proyecto. A su vez, sólo hace unas semanas surgió un conflicto con el padre y los hermanos de Sergio Agüero: El Mariscal bajó a la cuarta división a Gastón Del Castillo por bajo rendimiento y Leonel Del Castillo, padre y actual integrante de la CD, comenzó a presionar para que le firmarán un contrato a sus hijos. En un principio se rumoreó que Gastón comenzaría a entrenar con la Primera, pero tanto él como su hermano se ausentaron una semana a las prácticas.

Por último, Miguel Gomis y Santiago Rodríguez, hombres de confianza de Milito que coordinaban las inferiores, se debían reunir para firmar sus contratos ayer por la tarde en la sede. Pero raramente, los contratos no estaban listos y les pidieron que regresasen la siguiente semana. Esto bastó para finiquitar la ruptura entre Gabriel y la Dirigencia, y presentar su renuncia su cargo en el club.


Mañana, en la antesala de lo que será el partido de Primera, Gabriel Milito estará al frente de lo que será su último partido como DT de la Reserva de Independiente, por lo menos, en esta primera etapa.


Por Facundo Fagnano @FacuFagnano.

Detalles

Boca perdió 1-0 contra River y quedó eliminado de la Copa Sudamericana. El primer tiempo fue mejor, pero los locales concretaron esos pequeños detalles que hacen la diferencia en los partidos de este calibre.
En la semana se habló del 0-0. En base a eso, se sacaron muchas conclusiones. Todas, buscando hipótesis a futuro, creyendo que evitar el gol en contra como local podía dar la serie o, quizás, ir de visitante y salir a buscar la tranquilidad. Y así como sin quererlo, Rojas bajó a Meli dentro del área y Delfino pitó. Gigliotti, falló su segundo penal consecutivo –había errado contra Tigre-. Después, el Puma tuvo dos situaciones claras más. Pero Barovero y la falta de puntería se la negaron. Fue un primer tiempo como hubiéramos esperado toda la serie. Activo, de ida y vuelta, con espacios. Boca, arriesgando; River, avanzando en bloque e intentando protagonizar el partido. Tras eso, subida de Vangioni usufructuando las parcelas que dejó Boca por derecha. Paréntesis: Arruabarrena puso un 4-4-2 con Meli por derecha. Por inercia, el ex Colón se introdujo en el circuito interno CON el balón, y SIN él. Picnic para Vangioni. Cada subida fue una asociación con Rojas que no llegó a mucho. Hasta el gol. Remate potente de Vangioni al corazón del área y Pisculichi, así como un crack, la tomó de pleno, y pegada al césped, la ubicó contra el poste derecho de Orion. ¿El falló? Erbes dejó cinco metros a su espalda. Díaz y Forlín persiguieron a sus marcas y el punto del penal quedó liberado. El Pichi estaba en la medialuna. Ese espacio, vaya detalle, terminó siendo impactado por Pisculichi ante el inútil intento de Colazo por cerrarlo.
Más tarde, se evocó el nefasto partido de la ida. Juego cortado, brusco. Desesperación. River jugó el partido que quiso y, por ende, llevó a Boca a disputarlo así. Prácticamente no hubo aproximaciones al arco de Barovero. El ingreso de Chávez fue inútil, y la falta de gestación fue evidente. Teo lo dejó claro en el entretiempo, mientras dialogaba con Ponzio: “Ya no está el que piensa”. Claro, Gago abandonó la cancha por una distensión en el isquiotibial. Una serie que, para Boca, estuvo malparida desde los primeros minutos de la ida con la lesión de Martinez.
River fue inteligente, capaz. Se vio superado en el primer tiempo pero se fue venciendo 1-0. En la segunda mitad, Boca fue inofensivo. Algunos intentos de Carrizo y Calleri, y las dificultades para manejar la pelota de Meli cuando se aproxima al área. El impacto anímico fue más fuerte. Malograr el penal fue el comienzo del final. El final, llegó cuando Gigliotti falló el cabezazo, la última situación de Boca.
Después de una década plagada de felicidades, Boca perdió y quedó afuera de la Copa Sudamericana. Un golpe que será sumamente difícil de asimilar, pero los jugadores y el cuerpo técnico tendrán una pretemporada larga para inculcar conceptos y pulirlos en lo que será un 2015 con la necesidad imperiosa de campeonar.
2014 y 2015: dos años sin campeonatos. Parece mucho para un equipo de la envergadura de la institución Boca Juniors.

Por Matías Adami @matiadami2.  

El nene


El nene nació y le estamparon la banda en el pecho. No tiene idea del cuándo, pero desde el primer momento en que tuvo uso de razón ya era de River. Fuese por el padre, por un tío, por un amigo. Nunca nadie lo vio con otra camiseta. El nene creció al ritmo de los títulos locales. Tuvo como ídolo a Saviola, Aimar, Ortega, Ángel, el Muñeco. Se acuerda del zapatazo de Zapata en Olimpo y del día que Cavenaghi, Domínguez, Demichellis y compañía gritaron campeón en el Monumental con los pelos de todos los colores. 29, 30, 31…ya ni los contaba. Pero algo le faltaba… el nene veía como la Argentina era suya, pero como su primo malvado ganaba en Colombia, Brasil, Méjico. Veía como un tal Bianchi de pelo blanco se sacaba fotos con copas; como Riquelme paseaba a Makelele en Japón; como un Palermo, a quien nunca lo considero bueno, hacía goles de cualquier forma. Se entera que Bianchi, cuando era nene, era de River. Repudio. Llega a semifinales de su tan ansiada Copa, era su chance, fue a la cancha. Vio como volaban patadas de todos los colores y cuando se abrochaba el cinturón para irse a Colombia, un Tévez le hizo la gallinita. Se esperanzó con Nasuti; lo erró Maxi. Esa espina le quedó clavada. Nunca se la pudo sacar. Leía estadísticas: nunca había podido eliminar a ese equipo en llaves directas de copas internacionales. Siguió creciendo, terminaba el secundario: malas dirigencias, se afanaron hasta el agua del florero, Belgrano. Belgrano. De vuelta al embrión, a renacer, a hacerse de las cenizas. ¡Pelado…Pelado! Y a Primera. River vuelve a ser River. Algo empieza a cambiar. Un poco de orden. Salta la ficha. Vuelve Ramón. Que se vive del pasado, que se vive del presente, que volvemos a dar vueltas: campeón. Ahora sí lo festeja. Ahora sí valora tal y como se merece ser el mejor de los 20 mejores equipos de uno de los países más futboleros del mundo. Lo grita. Lo siente… se va el hijo pródigo. Se va Ramón. ¿Gallardo? ¿Sólo Nacional dirigió este? ¿Está listo? Glamour, fútbol champagne. Semifinales. Sudamericana. Boca… Bajón. Lesiones. Cero goles de visitante. Se lo ve venir. 15 segundos. Penal. Otra vez sopa. Esta película ya la vio. El nene abraza sus rodillas, agacha la cabeza, mira su ombligo. La espina duele. Nunca sanó. Está latente. Se larga a la una, a las dos…¡Trapito..Trapito! Perdió 15 años de vida en 15 segundos de partido. Vangioni, Piscullichi. Afónico. El nene siente lo mismo que antes. El nene está ahí, adentro, con esa puta espina que no sale. El nene ve 5 minutos de descuento. ¡Ya lo vi esto! ¡Está comprado! Teo. Roja. ¡Terminalo por favor!

El nene, ya no es un nene. Dio el salto. Pegó el estirón.


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

25 noviembre 2014

All in

Así se dice cuando en Póker un jugador se juega todas las fichas en una mano, en base a las cartas que le tocaron y a la probabilidad de que el dealer dé vuelta las cartas que necesita para ganar. Es apostar todo lo que uno tiene a una jugada, a una sola cosa, a un único resultado. Eso fue lo que hizo el Muñeco Gallardo. ¿Arriesgado? Sí. ¿Equivocado? Sólo el destino lo sabe.

Únicamente dos titulares paró el DT frente a su inmediato perseguidor. Decidió salir a jugar una final con una reserva reforzada. Los pibes tuvieron que bancar la parada. No estuvieron lejos de la hazaña. Racing no fue más que River, pero tampoco menos. Se encontró con el gol y, a partir de allí, hizo lo que cualquiera haría en la fecha 17 quedando como único puntero: cuidó el resultado. Sabiendo que la juventud no era una amenaza insostenible, Cocca armó bien el fondo y aprovechó tener al hombre-del-momento Gustavo Bou, posiblemente el mejor delantero en el fútbol argentino para complicar en soledad a una defensa entera. El pibe surgido en la cantera millonaria es el típico punta incisivo, plagado de recursos para generar peligro en el área rival, sea definiendo con categoría así como con violentísimos remates. A su lado, chapeau para Diego Milito. Para evitar contiendas judiciales, citamos textualmente un twit del número uno, Juan Pablo Varsky: “El regreso de Milito a Racing se parece, por liderazgo, influencia y contribución, al de Enzo a River en 1994”. El ex Inter de Milán puede no anotarse en el marcador sin dejar de ser fundamental para su equipo, juntando marcas y dejando en libertad a sus compañeros, mostrando esa categoría que solamente distintos como él poseen. Por último, mención especial para un cinco que da que hablar: Ezequiel Videla es cosa seria. Dios quiera que D’onofrio y compañía ya lo estén gestionando para la próxima temporada.

Por el lado de la Banda, poco y nada. Un arranque auspicioso con dos llegadas claras en el primer cuarto de hora se fue diluyendo con el correr de los minutos. Pasado ese sacudón, el juego nunca se encontró, los pases imperfectos reinaron y los centros prácticamente nunca fueron bien tirados. La suerte no estuvo de nuestro lado, a tal punto que el gol de Racing llega de una triple carambola. Más que analizar a los que jugaron, más interesante es analizar las decisiones que se tomaron. La apuesta de Gallardo es clara: la prioridad es Boca y no está mal que así lo sea. Ahora bien, ¿era necesario no parar a más titulares en el banco? ¿El ingreso de Vangioni o Mercado para ajustar los centros no hubiesen esclarecido las llegadas al arco de Saja?

El técnico se la jugó. Los pibes hicieron lo que pudieron y hasta se puede pensar que estuvieron a un sólo gol de mantener la punta. La suerte no estuvo de nuestro lado. River, nuevamente, no se reencontró con su juego. Posiblemente se llega de la peor manera al partido más importante del año. Sin embargo, esto es fútbol, y así como tantas otras veces llegamos como favoritos y nos volvimos con las manos vacías en los superclásicos, quién te dice que el viernes los titulares de los diarios se quedan sin palabras para describir lo acertada que supo ser la decisión de Gallardo. 

Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

23 noviembre 2014

Difícil de jugar

Boca recibe a Independiente desde las 19.10hs con el arbitraje de Darío Herrera. Con la cabeza situada en el próximo jueves, Arruabarrena pone suplentes para ¿darle una mano a River?

Esta clase de partidos son los que mayor dificultad traen en el fútbol. El objetivo principal está cerca y, en el medio, hay un partido por la fecha 17, contra uno de los equipos grandes del país que, curiosamente, pelea palmo a palmo con el archirrival. No hay suspicacias. Boca saldrá a la cancha a ganar, sin duda. Pero lo hará con un equipo que lejos está de ser el mejor porque, lógicamente, el foco está puesto en la Copa Sudamericana.

Sin embargo, este once que propone Arruabarrena está formado, sin dubitaciones, por jugadores de primer nivel. Y el repaso así lo indica: Tripodi; Grana, Echeverría, Pérez, Insúa; Fuenzalida, Cubas, Castellani, Carrizo; Calleri y Gigliotti. ¿Cambio de esquema?

Orión estará ausente por primera vez en el semestre. Disputó cada uno de los partidos que le tocó jugar a Boca. Esta vez, el Vasco optó por darle descanso después de haber entrenado diferenciado el viernes post River. El DT ha dicho que Fuenzalida no se siente cómodo jugando como interno por lo que lo hará, otra vez, contra la banda. ¿Carrizo será el encargado de crear fútbol por dentro? Tiene con qué y, por sobre todas las cosas, posee la chance de repetir lo hecho en Sarandí el domingo pasado y catapultarse como el reemplazante de Martinez para el próximo jueves.

De eso se trata. Otro que se observó molesto por no haber podido formar parte del banco de suplentes contra River fue Castellani, que también hizo bien su tarea contra Arsenal. Ni hablar de Gigliotti: el hombre gol. Ovacionado cuando ingresó contra River y autor de muchos goles importantes, el Puma peleará en el campo de juego su lugar contra Calleri, compañero en la delantera. No se trata de quién hará más goles, sino de quien será más beneficioso para el funcionamiento del equipo. Esa ventaja técnica es la que tiene el ex All Boys del ex Colón.

Es un partido difícil con poco incentivo por la disputa paralela de la Copa Sudamericana. Boca debe salir a ganar y así lo hará, sin pensar en las consecuencias favorables que le puede producir una derrota de Independiente a River. Muchos jugadores que intentarán brindarle confianza al Vasco para estar en la vuelta el próximo jueves. La cabeza está puesta en la copa, pero no hay que olvidarse de que en el torneo local, Boca debe hacerse respetar.

21 noviembre 2014

Primó el miedo al fracaso

Boca y River igualaron 0-0 en uno de los peores superclásicos de los últimos años. Desde lo futbolístico, hubo poco y nada más que fricción, golpes, amonestados y cortes constantes de juego. Terminó sin goles y, desde las dos veredas, señalan que es un “resultado positivo”. Curioso.

Un colega, promediando la mitad del segundo tiempo, me dijo: “Para mí, los jugadores buscan que los dos partidos terminen 0-0 y ‘lavarse las manos’ en los penales”. Claro. La victoria es el deseo. Pero el medio para llegar a ella está rodeado de piernas nerviosas e imprecisas, incapaces de afrontar riesgos que en otros momentos se hubieran tomado. Primera opción: reventar el balón al campo contrario.

Boca intentó. Gago fue efímero en su precisión. Hasta él falló en algunos pases de corto recorrido. Amontonó el juego en un costado y no pudo limpiar el ataque en ningún momento para incomodar por el otro sector. Esto, por la buena disposición que tuvo River defensivamente y, a la vez, por el desorden en el mediocampo que sufre Boca cuando ataca. Después, queda poco por analizar. Boca buscó, sin fundamentos y con jugadas aisladas; y River se ocupó de romper. En ningún momento intentó ser lo que fue. La conformidad de irse con el empate a Núñez reinó en los visitantes. Curiosamente, fue la misma conformidad que tuvo Boca por no recibir goles como local. Todo, al cabo, se definirá en el nervioso Monumental el próximo jueves y allí, se verá a quién favoreció más el 0-0.

La televisión realizó una previa desde las 15hs. Cinco horas y 45 minutos antes del pitido inicial. Se habló del partido desde que se concretaron las clasificaciones en semifinales y, desde lo previo, simulaba ser el superclásico con mayor vuelo futbolístico de los últimos años. ¿Qué pasó? Nada de eso. La Bombonera colmó de nerviosismo y miedo a los jugadores. En vez de creer que una jugada podría haberlos llevado a la gloria y transformarlos en ídolo, se temía por el yerro y el posterior contraataque letal. Pesó mucho más el miedo al fracaso que el hambre de gloria. Y ese, fue el principal motivo por el cual se vio un partido nefasto. Los dos decepcionaron.

Emitir un análisis del árbitro con diversas formas de verlo en base al escudo del buzo de los técnicos fue irrisorio. ¿El árbitro es importante? Sí. ¿Decisivo? Sólo si no tenes fundamentos para superar a tu rival. Y eso sucedió. Por eso, tanto Gallardo como Arruabarrena se quejaron a su manera: “Dejó pegar. Le pregunté si había traído la roja”. Del otro lado, “La gente influyó en las amonestaciones. Cada vez que gritaban era una tarjeta”. Y así. No más que un indicio fiel del pésimo partido que disputaron ambos. Boca, por la localía, intentó un poquito más, pero sin ser incisivo.

Pasó el primero de los dos superclásicos de la Copa Sudamericana y dejó un sabor horrible y una imagen pésima al mundo. Nos vendieron algo que no era. Esperemos que, todo lo que no se vio en la Bombonera, se vea en el Monumental. Allí, el reloj será el enemigo del que menos ambición tenga de ganar.

En la ida, primó el miedo al fracaso por encima del deseo de gloria. 


Por Matías Adami @matiadami2.

No solo es cuestión de actitud

No soy de los que creen en eso de “mística copera”, creo en los equipos, en sus líderes y en sus técnicos. No creo en las estadísticas, están para romperlas. Ahora bien, sí creo fervientemente que para ganar una copa hay que tener un plus actitudinal en ciertos partidos así como la medida justa de temple: de nada sirve desbocarse en cada pelota sin la serenidad ni la inteligencia necesaria para afrontar un superclásico. En esta confusión entre violencia y actitud, así como la falta de alguien que calme los ánimos y ponga los pies en tierra de todos, River se fue de la Bombonera sin perder, pero sin anotar ni un solo gol de visitante…
Desde un comienzo se vio a un equipo lento, llegando tarde a los balones disputados y cediendo la posesión ante un Boca que, con muy poco, le alcanzaba para situar el juego lejos de su arco. Recién cerca de los 20 minutos, los dirigidos por Gallardo parecieron acomodarse; lejos –lejísimos- de generar peligro, por lo menos equipararon el partido en el mediocampo. Justamente ese sector no supo ser usufructuado: cuando pasaban el círculo central con la pelota al pie se le presentaban huecos en la defensa y, en más de una ocasión, superioridad numérica. Así y todo, las imprecisiones reinaron en un primer tiempo apático en donde la falta de creatividad de los conductores primó.
Por nuestro lado, Piscullichi se mostró reacio a tomar las riendas del partido. Es claro que su rol no es aquel del 10 de toda la cancha: se le pide que se recueste por las laterales para hacer de enlace entre las diferentes líneas de ataque. Cuando se enciende, esta función de nodo conector le sale naturalmente bien; cuando tiene un partido como el hoy en la Bombonera, el equipo lo extraña. Se necesita mucho más de él. ¿Por qué? Porque a los grandes jugadores hay que exigirle. Si uno le pide, es porque es consciente de lo que puede llegar a dar. Se lo requiere al mismo nivel con el que se ganó la confianza del hincha en sus primeros encuentros con la Banda: enchufado, colocando esos cambios de frente que sólo talentosos como él ven antes de recibir el pase y, como lo hizo en una ocasión a Giovanni Simeone, poniendo esos pases entre líneas -y piernas- propias de un gran conductor.
Sin embargo, Piscu no fue el único apagado de mitad de cancha en adelante. Teo no generó ninguna situación de peligro, sin desequilibrar en ninguna jugada ni abrirle espacios al joven Simeone. Bajo la misma línea, el uruguayo Sánchez evidentemente necesita parar: jugar prácticamente todos los encuentros del semestre, debutar con tu selección y, en menos de 48 horas, tener que jugar un superclásico suena extenuante de sólo decirlo. Es un jugador clave en el equipo, uno de los principales creadores junto con Piscullichi y Rojas, además de ser el que mayor desgaste hace. Sin él a un 100% y con Kranevitter lesionado, River no disfruta de sus dos mejores jugadores o, al menos, los más constantes en sus rendimientos.
En cuanto a la defensa, se la vio segura, sin sufrir grandes arrebatos, pero, a la vez, desmedidamente violenta. La cantidad de amonestados -siete- refleja el juego tan brusco como innecesario que la Banda desplegó en la Boca. Vangioni podría haber sido expulsado de no ser los primeros minutos del encuentro mientras que Maidana y el Mellizo cruzaron tarde y mal en sendas ocasiones. El punto más alto del equipo: Mercado. El lateral anuló completamente al corajudo Chávez y siempre que pasó al ataque no perdió el balón, mostrándose seguro en todas sus intervenciones.

Retornando al punto inicial, si River quiere traer una copa continental a Núñez luego de diecisiete años,  necesita dar vuelta la página, volver a sus raíces reencontrándose con el juego ofensivo que tan bien desplegaba, recuperar físicamente a sus jugadores -¿parar o no al once ideal el domingo contra Racing?- y comprender que una oportunidad como ésta no se presenta todos los días. La vuelta se jugará con el cuchillo entre los dientes pero River deberá recapacitar y comprender que jugar con actitud no es entrar a golpear y que, así como los grandes hombres se destacan en los momentos duros, los grandes jugadores  deben aparecer en estas circunstancias.


Por Ignacio Alejandre @nachoalejandre.

17 noviembre 2014

Se fue el último tren

Boca y Arsenal igualaron 1-1 en el viaducto. El xeneize dilapidó la chance de quedar a cuatro puntos de los líderes con 12 en juego. Una utopía inmerecida, pero real. Alemán abrió el marcador para los locales; igualó Echeverría, firmando la ley del ex.

Cuando Boca perdió contra San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro hace poco más de dos semanas, quedó a ocho unidades de River: una diferencia que, en ese momento, se avizoraba como inalcanzable. Dos fechas más tarde, tras una inesperada merma futbolística reflejada en resultados de River, tuvo la oportunidad de salir al campo de juego y quedar a tan solo cuatro puntos. No sucedió. La cabeza está en otro lado, de eso no hay dudas.
Con un once sin titulares, Arruabarrena plantó un equipo con el mismo esquema e indicios similares a los que poseen los titulares. Esa es su intención: a pesar de los apellidos que figuren en la planilla, desea el mismo juego, con la misma intención. Presión elevada, protagonismo desde la posesión y profundidad por los costados. Contra Arsenal hubo algo de eso, pero faltó lo indispensable: profundidad.
El regreso del Cata Díaz fue una señal inmejorable de cara al partido del jueves contra River. Falló en algunos envíos frontales, intentando anticipar, fallando el cálculo y excediéndose en el adelantamiento. Luego, estuvo firme y preciso. Jugó 45 minutos porque, al parecer, estará como titular contra River. Otro que parece sumamente afianzado a pesar de sus escasos 18 años es Cubitas, Cubas. Siempre bien parado. Siempre una molestia para sus rivales. Es pequeño. Muy pequeño. Pero incomoda, empuja, mete el pie y termina por quitarle el balón a su contrincante. Con la pelota, sobrio. Recupera y toca, generalmente para los costados, limpiando la jugada.
De quien se esperaba más era de Castellani y ayer demostró lo que puede dar. Estuvo preciso y se transformó en el eje del equipo. Cambios de frente bien ejecutados, asociaciones en corto y hasta disparos de media distancia. Fue reemplazado por una molestia en el gemelo. Por último, el punto más alto del equipo fue Carrizo. Ese jugador que vivió dos etapas en tres meses: fue el mejor con Bianchi, y mermó con el Vasco. Contra Arsenal, estuvo imparable, tanto por la banda izquierda como por el centro, organizando y proponiendo las situaciones en ataque. Le demostró al jefe que está en óptimas condiciones para jugar contra River, aunque sea entrando desde el banco.
El partido fue parejo, sin grandes sobresaltos. El gol del Arse provino de una pelota parada que concluyó en la diestra de Alemán. Ese zurdo hábil y con gol, que cada partido muestra sus condiciones para formar parte de un equipo grande en el próximo año. Buena pegada, dúctil y preciso, se transformó en el eje del equipo de Palermo. Minutos después, un envío de Grana concluyó en la cabeza de Echeverría. Tras un rebote, agujereó la red e igualó el tablero. Ley del ex en Sarandí, aunque ya parece broma esa norma que se cumple regularmente en el fútbol.
Después, Boca generó sus situaciones así como lo hizo Arsenal. Las más claras fueron para el xeneize. En la última una gran jugada de Carrizo y un pase inesperado para Suárez (¿se va al Valencia?). Enganche y remate cruzado con la pierna inhábil. Ante la inminente llegada de un jugador de Boca, la enviaron al córner y final. Y tren sin abordar. Y una nueva chance dejada en el camino. Ahora, todas las fichas puestas en el superclásico, con los once titulares frescos y en condiciones de dar todo para alcanzar la final.
Boca no pudo romper el invicto de Arsenal. Siguió de largo el último tren, y Boca fue incapaz de abordarlo porque, claro está, su destino está situado en otra dirección. 

Por Matías Adami @matiadami2.

16 noviembre 2014

Cuartetazo

Recuperó la sonrisa, este San Lorenzo que anda de tropiezo en tropiezo y tiene la mente puesta en Marruecos pudo volver a celebrar ante un Belgrano que tuvo poco que hacer en la calurosa tarde del Nuevo Gasómetro. San Lorenzo goleó por 4 a 0 a Belgrano con los goles de Ortigoza, Mercier, Barrientos y Mas. La expulsión de Olave fue clave.

 La primera jugada importante del partido fue determinante para todo su desarrollo: a los 7’ Cauteruccio aprovechó un pase a la espalda de los centrales cordobeses, cara a cara con Olave y luego de que pase la pelota mediante un “Sombrerito”, el uno lo tocó abajo. Penal y expulsión que el infalible Ortigoza lo cambió por la ventaja para el local.

Cuando Belgrano se intentaba acomodar a una tarde que de entrada se venía muy difícil San Lorenzo, a los 13’, cerró la persiana del partido. El gol de Mercier, que tuvo una excelente  asistencia de Barrientos sin tocar la pelota, dejaba prácticamente sellada la victoria. El sello llegó minutos antes de finalizar la primera etapa, Barrientos, que en el segundo gol fue asistidor, en el tercero anticipó a la defensa y anotó en el primer palo.

El segundo tiempo estuvo de relleno, Belgrano que con sus limitaciones intentaba que el partido no se convirtiera en una goleada y el equipo de Bauza que ya tenía el partido definido, sedaron el partido. El transcurrir de los minutos dejaron a cinco minutos del cierre el gol de cabeza de Mas. Cuatro goles que sirven para levantar la moral y terminar lo mas decorosamente el torneo, dejaron a San Lorenzo con una sonrisa en la tarde del sábado.

Por Carlos Souto @carlossouto11