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28 junio 2014

Brasil tambalea, pero sigue

Brasil venció a Chile por 3-2 en los penales luego de empatar 1-1 durante los 90 minutos. Julio César, el héroe, y Neymar, el ausente.

Se habla de jugadores estratosféricos, ubicados en escalones superiores por las inmensas cantidades de dinero que poseen en sus cuentas bancarias. La presión localizada en el Estadio Mineirão se percibía desde el sillón, observando la pantalla del televisor. El clima festivo del himno, con el emocionante canto a capela, y el incentivo del 1-0, fue menguando al compás de los minutos. El 1-1, el paso del tiempo, la incertidumbre e inferioridad, el imaginarse eliminados, y una cantidad incuantificable de condimentos, abstrajeron a esos jugadores millonarios de todo tipo de contexto extrafutbolístico. Se situaron allí, en su habitualidad, con el anhelo de que el gol llegue sin siquiera tener que elaborarlo. El nerviosismo se contagió y se sintió. No fueron necesarios los silbidos o los murmullos. La atmósfera del Mineirão explicó la presión de los jugadores brasileños: el llanto desconsolado de Neymar, al finalizar los penales; el desahogo de David Luiz, para estrecharse en un abrazo con el crack, y rezar en el medio de un estadio inmerso en algarabía y alivio; los ojos rojos y empapados de Julio César previo a la definición, sabiendo la enorme responsabilidad que tenía en sus manos.
Por eso fue tan importante. Por eso el mundial en tierras brasileñas es un arma de doble filo. El peso de la gente, el insoportable pensamiento de saber que un segundo puesto será despreciado, y esa cuota de la historia, del tan mal recordado Maracanazo, cargando sobre las espaldas de estos jugadores que nada tuvieron que ver con aquel 1-2 de 1950.
Hoy, los jugadores de Brasil se desprendieron de una mochila que incrementó su peso de acuerdo al correr de los minutos. El respeto hacia Chile fue constante, tanto en la previa como durante el partido. A pesar de ello, Brasil tiene algo más en los mundiales que lo catapulta a cuartos de final, a pesar del mal juego, de la carencia de estilo, del desorden defensivo. Las cuestiones tácticas aminoran su trascendencia en cotejos de semejante presión. Dani Alves y Marcelo fueron vistos, en más de una oportunidad, dentro del círculo medio. Luiz Gustavo se situó como tercer central. No entre ellos, sino al costado, en algunos pasajes. Neymar se ausentó y manifestó dolencias físicas. Fred mantuvo la línea de la zona de grupos. Jo no incomodó. ¿Oscar? Y Hulk, el único rescatable de los 90 minutos, se impuso y logró lo que pocos: jugar bien en un equipo que lo hace mal. En la definición, Julio César fue todo y Neymar despejó a los futuros críticos.
Brasil puede no jugar bien, no encontrar una idea, ser desordenado en defensa… Pero siempre será Brasil. No por nada es el país con mayor cantidad de mundiales en su historia.
Clasificó, con lo justo, pero lo hizo. Hoy, Brasil se quitó una mochila y está, una vez más y como sucede habitualmente, entre las ocho mejores selecciones del mundo.


Por Matías Adami @matiadami2.

Por poco, Chile

Tras igualar 1-1 durante el partido, Brasil predominó en los penales y venció a Chile por 3-2 clasificando a cuartos de final del Mundial 2014.

Allá a lo lejos, el 10 de agosto de 2007, un argentino se situó en el banco de suplentes de la Selección de Chile. Fue Marcelo Bielsa quien se ocupó de construir los cimientos de un proyecto, remarcando cada letra de la palabra y dándole una orientación futbolística a un país que siempre se situó en la mediocridad. Desde ese día, Chile ha cambiado su mentalidad, su idea, su ambición. Está para grandes cosas y así lo demuestra en cada oportunidad.
Claudio Borghi no supo dominar disciplinariamente al equipo. Mantuvo una línea: idiosincrasia ofensiva, riesgos defensivos, frescura, presión elevada y serenidad. Chile amalgamó todas estas condiciones desde que Bielsa pisó sus tierras. Jorge Sampaoli se puso al mando, estructuró al plantel, y aseveró su estilo. De alguna forma, retomó el pequeño desvío que sufrió la selección en el lapso pos Sudáfrica 2010.
Chile ha crecido en medidas inconmensurables, manteniendo una línea nítida, con un proyecto a futuro sumamente atractivo. Se percibe una orientación en cada movimiento de la Federación de Fútbol de Chile y eso es, lo que hoy en día, genera certezas. De no haber giros de timón –que no deben aparecer-, el fútbol chileno mantendrá la onda ascendente, con crecimientos perceptivos.
Segundo mundial que le toca Brasil en octavos. En el 2010, en el nacimiento del proyecto, recibió tres goles tras una correcta zona de grupos. Sufrió el partido. Cuatro años más tarde, con Sampaoli como entrenador, los roles se invirtieron. Chile pudo ganarlo, superó a Brasil, pero no concretó. Y Brasil no perdona. Brasil siempre será Brasil, y en los mundiales hay que noquearlo porque, de darle una vida más, te noqueará. Y eso sucedió.
Los penales decoran y de derrotas no se hace historia. Este combinado eliminó a España, el último campeón, clasificó con holgura, disputando el primer puesto del grupo contra Holanda, y se marcha a casa temprano. Esta vez, la despedida será inmerecida pero satisfactoria. Algunos jugadores rompieron en llanto; otros se insertaron en el desconcierto, en la búsqueda del quiebre de una pesadilla eterna; y estuvieron, también, aquellos que consolaron a sus compañeros, porque cada uno sabe que ha dado todo por la roja.
Chile sigue creciendo. Asciende futbolísticamente por el mundo. Pelea palmo a palmo contra España, Holanda o el pentacampeón Brasil, bajo cualquier atmósfera, en cualquier estado y ante cualquier circunstancia. La historia no se hace de un día para otro y en la inmensa mayoría de los casos, requiere una pequeña cuota de suerte. El travesaño de Mauricio Pinilla lo dice todo. Mantiene su ideología, emergen jugadores de elite y con el correr de los años multiplican su prestigio. Chile, de a poco y con una búsqueda diáfana, continuará insertándose en la elite futbolística mundial. 


Por Matías Adami @matiadami2.