Arsenal Atletico Rafaela Begrano Banfield Boca Defensa y Justicia Estudiantes Gimnasia Esgrima de la Plata Godoy Cruz Independiente Lanus Newlls Olimpo Quilmes Racing River Rosario Central San Lorenzo Tigre Velez

06 octubre 2014

Vigliano en el foco

Boca y River igualaron 1-1 en el superclásico del fútbol argentino. El partido desnaturalizado por el campo de juego anegado fue clave para impedir una tarde de buen fútbol como se aguardaba en la previa. Fue todo pelotazo y pierna fuerte. Sumado al pésimo arbitraje de Mauro Vigliano.

Hubiera sido interesante observar las propuestas de ambos equipos. “Pressing contra pressing”, había anunciado Rodolfo Arruabarrena en la conferencia de prensa post Quilmes. Marcelo Gallardo, en la vereda opuesta, tiene bien en claro su idioma futbolístico.: agresividad y ataque bajo cualquier circunstancia. Ayer, nada de fútbol se vio. Fue un partido en el cual corría peligro el que tenía más tiempo la pelota cuando, habitualmente, sucede a la inversa.
Como resulta prácticamente imposible analizar tácticamente el partido, Mauro Vigliano y la terna arbitral estarán situados en el ojo de las críticas durante toda la semana. Y merecidamente. Fue una máquina de cometer errores. No sólo contra Boca, sino también contra River. Lo insólito radica en que a los 40 minutos, vio una mano que no existió y determinó expulsar al autor de la no mano. Doble equivocación que modificó el curso del partido. Después, la debacle. Infracción de Jonathan Calleri sobre Ramiro Funes Mori que solo el lineman – a tres metros de la jugada- percibió y que, en la repetición, se observó claramente que no era (aunque no hacía falta comprobarlo). Un offside de Carlos Sánchez que devino en gol de Teófilo Gutierrez que tampoco era. Una expulsión nítida a Gabriel Mercado que fue transformada en amarilla. Y, por último, la falta de rigurosidad para quitarle la segunda amonestación a Cristian Erbes y expulsarlo. ¿El acierto? La expulsión a Funes Mori. Después, tuvo equivocaciones en todos los sitios del campo de juego.
Un breve matiz futbolístico en el partido tiene que ver con los inconvenientes que tuvo Boca durante todo el encuentro a la hora de defender los envíos cruzados. Siempre emergió un jugador de River solitario por el segundo palo. Arruabarrena intentó corregirlo colocando a Insúa-Colazo por la banda, pero afloraron los problemas por el otro lado, hasta que ingresó Fuenzalida y se acomodó con Marín.
El partido de los centrales goleadores fue el reflejo de lo que hubo de fútbol: nada. Centros y a la carga. Lisandro Magallán primero, desde una pelota parada casi de mitad de la cancha; y Germán Pezzella después, ubicándose de nueve para jugar de lo que jugó.
Desgraciadamente no hubo fútbol. Toda la expectativa de la semana se diluyó por la intensa tormenta que acechó a la Capital Federal durante gran parte del sábado y todo el domingo. Fue, sin lugar a dudas, una lástima. ¿Quién se hubiera beneficiado con el pasto seco? Quizás, por el pasado corto, River. Pero futurologías no sirven. Se perdió un partido que generó muchas ilusiones futbolísticas. Lamentablemente, fue un desperdicio. 

Por Matías Adami @matiadami2.

0 Comentarios:

Publicar un comentario