Boca y River igualaron 1-1 en el superclásico del fútbol argentino.
El partido desnaturalizado por el campo de juego anegado fue clave para impedir
una tarde de buen fútbol como se aguardaba en la previa. Fue todo pelotazo y
pierna fuerte. Sumado al pésimo arbitraje de Mauro Vigliano.
Hubiera sido interesante observar las propuestas de ambos equipos. “Pressing
contra pressing”, había anunciado Rodolfo Arruabarrena en la conferencia de
prensa post Quilmes. Marcelo Gallardo, en la vereda opuesta, tiene bien en
claro su idioma futbolístico.: agresividad y ataque bajo cualquier
circunstancia. Ayer, nada de fútbol se vio. Fue un partido en el cual corría
peligro el que tenía más tiempo la pelota cuando, habitualmente, sucede a la
inversa.
Como resulta prácticamente imposible analizar tácticamente el
partido, Mauro Vigliano y la terna arbitral estarán situados en el ojo de las
críticas durante toda la semana. Y merecidamente. Fue una máquina de cometer
errores. No sólo contra Boca, sino también contra River. Lo insólito radica en
que a los 40 minutos, vio una mano que no existió y determinó expulsar al autor
de la no mano. Doble equivocación que modificó el curso del partido. Después,
la debacle. Infracción de Jonathan Calleri sobre Ramiro Funes Mori que solo el
lineman – a tres metros de la jugada- percibió y que, en la repetición, se
observó claramente que no era (aunque no hacía falta comprobarlo). Un offside
de Carlos Sánchez que devino en gol de Teófilo Gutierrez que tampoco era. Una
expulsión nítida a Gabriel Mercado que fue transformada en amarilla. Y, por
último, la falta de rigurosidad para quitarle la segunda amonestación a Cristian
Erbes y expulsarlo. ¿El acierto? La expulsión a Funes Mori. Después, tuvo
equivocaciones en todos los sitios del campo de juego.
Un breve matiz futbolístico en el partido tiene que ver con los
inconvenientes que tuvo Boca durante todo el encuentro a la hora de defender
los envíos cruzados. Siempre emergió un jugador de River solitario por el
segundo palo. Arruabarrena intentó corregirlo colocando a Insúa-Colazo por la
banda, pero afloraron los problemas por el otro lado, hasta que ingresó
Fuenzalida y se acomodó con Marín.
El partido de los centrales goleadores fue el reflejo de lo que
hubo de fútbol: nada. Centros y a la carga. Lisandro Magallán primero, desde
una pelota parada casi de mitad de la cancha; y Germán Pezzella después, ubicándose
de nueve para jugar de lo que jugó.
Desgraciadamente no hubo fútbol. Toda la expectativa de la semana
se diluyó por la intensa tormenta que acechó a la Capital Federal durante gran
parte del sábado y todo el domingo. Fue, sin lugar a dudas, una lástima. ¿Quién
se hubiera beneficiado con el pasto seco? Quizás, por el pasado corto, River.
Pero futurologías no sirven. Se perdió un partido que generó muchas ilusiones
futbolísticas. Lamentablemente, fue un desperdicio.
Por Matías Adami @matiadami2.























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