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18 agosto 2014

¡Que viva el pelotazo!

Boca le hizo un gol a Belgrano de Córdoba y ganó 1-0. El partido fue muy malo y los de Bianchi volvieron a decepcionar futbolísticamente. Ni el cabezazo de Gigliotti salva al equipo.
El pelotazo se ha transformado en un estilo de juego, en una ideología. El jugador del fútbol argentino, en su mayoría, tiene incorporado el bartoleo del balón con destino incierto o poniendo en riesgo la tenencia. Con la pelota en los pies, la acción inconsciente es levantar el mentón, divisar una camiseta similar, y mandar a volar el esférico por los aires buscando la tarea difícil que implica que un delantero deba controlar con un hombre que lo asfixia desde atrás. Que el pelotazo se haya transformado en una filosofía habla del presente del fútbol local. Se habla también de la “segunda jugada”, un derivado del pelotazo.
Boca comenzó el Torneo de Transición y tras las dos primeras fechas disputadas, se atisbó una diferencia diáfana respecto del campeonato anterior. El abuso del pelotazo. Los baluartes de este sistema, contra Belgrano, fueron Hernán Grana y Nahuel Zárate; contra Newell’s, se sumó Lisandro Magallán. Una constante e imprecisa costumbre que daña a cualquier equipo con jugadores capaces técnicamente. La interrogación que emerge es: ¿lo pide Bianchi? Quizás solicita evitar complicaciones que peligren el bloque defensivo, pero se percibe un hábito peyorativo e incorporado que impide un juego fluido. Hay compañeros libres y de acceso sencillo, pero se opta por el balón largo en busca de los solitarios delanteros que no cuentan con la incorporación de los volantes porque, lógicamente, la pelota viaja mucho más rápido.
De esto se hizo un culto. Una constante durante el partido. Emmanuel Gigliotti no logró ganarle una vez a los centrales de Belgrano y la pelota estuvo deambulando por el mediocampo sin destinatarios nítidos ni manejos claros. El gol fue anecdótico. Provino de un centro del mejor jugador de Boca desde el comienzo del semestre, Federico Carrizo, para Gigliotti, que aprovechó la desatención de Pier Barrios y estampó una injusta victoria. El empate era lo correcto en un partido que generó dolor de ojos a todos los espectadores.
El 1-0 en Córdoba sirve para entrenar con otra actitud anímica, con una sonrisa y mayor tranquilidad. Boca no suele ganar jugando mal. Esta vez, Agustín Orión le ahogó el gol a Cesar Mansanelli y Carlos Olave no pudo con el cabezazo del 9 xeneize. Por eso, a pesar de jugar mal, hay un retorno con muecas de felicidad.
Mientras los laterales xeneizes continúen haciendo uso constante del pelotazo, será difícil que Boca logre hilvanar buenas actuaciones que permitan un futuro promisorio y alentador. Para los defensores, desde donde deben comenzar los ataques, ¡que viva el pelotazo!

Por Matías Adami @matiadami2.

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