Boca perdió por 3-0
contra Atlético de Rafaela en la Bombonera. Ambiente hostil y tenso, con ánimos
de cambio y hartazgo. Histórico: primera victoria de la Crema en la Boca.
En el habla cotidiana se emplea la frase “tocar fondo” que
implica haber alcanzado lo más profundo del pozo en donde no hay posibilidad de
continuar cayendo. Este Boca de Carlos Bianchi parece un proyecto en el cual todos se ocupan de seguir cavando e indagando
en oscuridades cada vez más lejanas. A pesar de aparentar lo peor de un equipo
en un partido, al siguiente lo profundiza, aunque parezca imposible. Eso es
Boca. Un equipo que cada vez ahonda en los errores y no los corrige.
Desde lo táctico, hubo falta de sintonía entre ataque-defensa.
Los problemas a la hora de defender con la posesión del balón han sido el foco
del conflicto que atravesó el equipo de Bianchi durante su último período. Los
laterales no ofrecen oportunidades en ataque; ambos muy limitados. Rifar la
pelota forma parte del primer eslabón de su reglamento del fútbol. En ataque, deficiencias
técnicas absolutas; en defensa, inseguridad.
Todo es peor. El nivel en estos tres partidos fue nefasto.
En la victoria contra Belgrano y en ambas derrotas. Es cierto que Rafaela fue un
equipo efectivo que alcanzó el primer gol sin siquiera aproximarse a Orión. A
pesar del mal juego, hay una cuota de fortuna que escasea en Casa Amarilla. Más
allá de eso, la falta de reacción, la carencia de asociaciones, el abuso del
pelotazo y los centros desde tres cuartos, las imprecisiones y los errores
ingenuos… Hasta un lateral mal sacado se atisbó en esta goleada.
Boca es desconcierto, y parece empeorar el diagnóstico con
cada partido. Bianchi no parece encontrarle la vuelta al equipo. Fuenzalida se
mostró flojo, sin soluciones. Castellani y Carrizo fueron lo mejor del equipo.
Se mostraron para recibir e intentaron jugar la pelota con precisión. El ex
Rosario Central se excede con el balón en sus pies. Traslada por demás y no
busca espacios al vacío. De todas formas, es el menos criticable. Está último
en la lista. Antes, todo el resto.
Y, al igual que contra Newell’s, el final fue puro empuje.
Centros desde cualquier lado buscando algún rebote que favoreciera a un equipo
sin suerte, cabezazo o tiro de esquina. Nada más. No hubo desbordes, ni pases
profundos, ni chances diáfanas de concretar. En Boca, todo es forzado.
¿Rafaela fue mejor? Fue efectivo. Llegó dos veces y marcó
tres goles. El otro fue pelota parada. Boca generó más situaciones pero remató
centrado y se topó con la firmeza de Conde, el arquero de la Crema. El asunto
es que no hay más excusas. Las ocasiones no acarrean criterio ni cohesión. Son
aisladas, con arremetidas individuales o forcejeos constantes. Nada claro, nada
potable.
Boca volvió a escribir una página de su historia, pero con
lágrimas de tristeza. Primera derrota en la historia contra Atlético de Rafaela
en casa, y fue por 3-0. Las ilusiones de los optimistas se apagaron. Es
prematuro, pero parece que el cuerpo técnico no posee respuestas para
solucionar los conflictos que emergen en cada partido.
Boca perdió, otra vez.
Por Matías Adami @matiadami2.























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