Brasil venció a Colombia por 2-1 y está entre los cuatro mejores
del mundial. El sabor dulce de la clasificación no duró, porque a Neymar lo
lesionaron y se pierde los dos partidos restantes.
Después de cuatro cotejos con rendimientos frágiles y poco
convincentes, Brasil despertó. Los primeros 45 minutos fueron lo mejor del
equipo de Felipe Scolari en lo que va del mundial. Ahogó la salida de los
nerviosos colombianos, estuvo agresivo y cortó, por medio de una cantidad muy
elevada de infracciones leves, el circuito que intentó proponer José Pekerman.
Contó con la complicidad de Velasco Carballo, el árbitro español, que pareció
olvidarse la tarjeta amarilla.
Al igual que contra Chile, la apertura del marcador provino de un
balón parado que usufructuó Thiago Silva asomando por el segundo palo y
aprovechando la endeblez de Carlos Sánchez en la marca. A diferencia de los
octavos, Brasil explotó la diferencia e incrementó su comodidad. La presión
asfixiante provocó ataques cortos y la participación constante de David Ospina,
quien debió emerger bajo los tres caños para rescatar a Colombia del abismo
prematuro.
Todo lo que manifestaron los hombres de Pekerman durante los cuatro
partidos del mundial, se vio inundado por el desasosiego y la exigua calma que
se atisbó en esa primera mitad. A ello, la mentalidad asesina de los
brasileños elaboró mayores conflictos para que James Rodriguez y Juan Cuadrado
lograran conectar líneas e inquietar a la última línea que se mostró segura y
carente de incendios por apagar.
A pesar del intento en el complemento por retomar la senda
triunfalista y del circuito fluido y elaborado, Colombia no logró imponerse.
Sostuvo el balón, buscó los métodos ofensivos propicios, integrando a Camilo
Zúñiga y Pablo Armero al bloque ofensivo y tomó riesgos en la última línea con
el anhelo de igualar. Sin embargo, como sucedió también en el choque entre
Alemania y Francia, el 2-0 derivó de un balón detenido. Zapatazo de David Luiz
contra la arista izquierda de la valla de Ospina. El arquero se estiró, pero no
logró más que rosarla y embellecer la figura del gol.
Como sucede asiduamente en el fútbol actual, la conversión provoca
retrocesos ordinarios en la cancha. Brasil retrasó líneas, regaló el balón,
determinó defenderse muy cerca del área y careció de iniciativa para emprender
contraataques dañinos. Esta decisión se llevó a cabo a falta de 20 minutos para
el cumplimiento de los 90 reglamentarios. Con un rival de la jerarquía de
Colombia, con jugadores de elite y una ideología ofensiva, es un riesgo innecesario
que tuvo sus consecuencias tras un movimiento colectivo preciso que concluyó en
un penal diáfano de Julio César a Carlos Bacca. Algunos solicitaron su
expulsión. Si se toma en cuenta el último recurso, es irrisorio. David Luiz
forcejeaba con el delantero cafetero. Quizás, la vehemencia y rudeza de la
infracción puede haber significado algo más que una amonestación. El pésimo
arbitraje de Velasco Carballo produjo dudas donde no las hubo. James lo
transformó en el 1-2, con 10 minutos por jugar.
10 minutos que transformaron profundamente el epílogo de este gran
mundial. 10 minutos que le significaron al público brasileño un motivo
suficiente para disminuir las ilusiones y la euforia. 10 minutos que cambiarán
la vida futbolística de Neymar por siempre. En esos 10 minutos, Neymar recibió
una patada despiadada de Camilo Zúñiga, con algo más que el deseo de jugar el
balón. Fue innecesaria e improductiva, directo al contacto, con el balón fuera
del radio de su pierna. El craqui brasileño se retiró con muchísimo
dolor y fue trasladado inmediatamente al hospital en donde le diagnosticaron
que se fracturó la tercera vértebra lumbar, por lo que no podrá
participar en lo que queda del mundial. Noticia nefasta si las hay. El mejor
jugador brasileño se pierde la primera semifinal que podría haber disputado en
su carrera como consecuencia de una patada malintencionada de un colega
colombiano.
La clasificación cargó con el sufrimiento lógico de unos cuartos de
final, pero como consecuencia del repliegue excesivo de los brasileños con el
2-0 a su favor. Y, sin lugar a duda, toda sensación de algarabía se vio
absolutamente aplacada por la desagradable lesión que sufrió Neymar. Excede
nacionalidades. Los futbolistas de primer nivel deben protagonizar las etapas
claves de un mundial y, desgraciadamente, el jugador del Barcelona no estará
presente.
Brasil está entre los cuatro mejores, y Colombia ha dejado una
imagen más que aceptable, con jóvenes de un futuro inmedible. James, Cuadrado y
el chico Juan Quintero, entre otros, volverán a participar con un bagaje que
brinda la experiencia necesaria para triunfar en un mundial. Brasil es Brasil,
y es el más firme candidato para levantar la copa. La próxima parada será el
martes, contra Alemania.
Por Matías Adami @matiadami2.























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