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02 abril 2014

Los cambios de Bianchi

Boca volvió a perder. Esta vez fue por 2-1 contra Rosario Central, como visitante. Las modificaciones del DT, una vez más, en el ojo de la tormenta.
Más que un análisis futbolístico, una crónica o un resumen de lo que fue el partido contra Rosario Central, intentaré desmenuzar las variantes que empleó Carlos Bianchi durante los 90 minutos. Claudio Riaño por Emmanuel Gigliotti; Luciano Acosta por Juan Manuel Martinez; y, la más llamativa, porque se dio en el 1-1, Claudio Pérez en lugar de Cristian Erbes.
En la antesala al partido pos-Superclásico, Bianchi barajó la posibilidad de colocar a Riaño desde el inicio, en la ubicación de Gigliotti. Decidió mantenerlo y le pagó con un gol (que debió ser invalidado por offside). En el complemento, se llevó a cabo la variante. El “Puma” jugaba mano a mano con los centrales visitantes, expuestos y jugados en ataques con el anhelo de encontrar la igualdad. Tuvo un mano a mano desperdiciado, y la oportunidad de generar otro pero sufrió un agarrón que el árbitro Fernando Rapallini no percibió. Con un cambio concretado, decidió enviar al campo de juego al joven Acosta en lugar de Martinez, de correcto primer tiempo. Estaba algo cansado y estático, pero es sumamente útil para usufructuar las bandas y hacer descansar el balón en ataque. Franco Niell puso el 1-1 y, para sorpresa de todos, Bianchi sacó un mediocampista como Erbes, y mandó a jugar al Chiqui Pérez. Es cierto que el Pichi estaba extenuado pero Pérez no parecía ser el indicado para suplantarlo. El ida y vuelta con el que comenzó el partido Erbes desapareció, y pasó a ser una carta exclusivamente ofensiva, que no colaboraba con la presión y dejaba espacios en el carril de Hernán Grana. Era inminente su salida, pero lo llamativo fue su reemplazante.
Para intentar brindar una explicación del último cambio, aclaro que Juan Forlín pasó a jugar como volante central. Bianchi nunca practicó con Forlín en esa posición pero, en el Espanyol, se transformó en el estandarte del equipo. Con el “ex zaguero” de cinco, Federico Bravo debió correrse a la izquierda y Sánchez Miño se desentendió del sistema defensivo. Al instante, llegó el 2-1 que desmoronó el castillo de fantasía de Bianchi. Pérez ingresó para contrarrestar los cabezazos de Sebastián Abreu que ni Daniel Díaz ni Forlín pudieron impedir durante todo el partido. No funcionó y, con el resultado adverso y habiendo disminuido el contingente en ataque, Boca sufrió de la carencia de ideas para gestar. Injustificable e improvisada variante. Sin entrenamientos previos y ante la necesidad de ordenar y atacar.
Una vez más, disputó un correcto primer tiempo, tuvo sus chances para liquidarlo, pero la fortuna y la falta de puntería de Gigliotti lo impidieron. Sánchez Miño sufre de displicencia. Ese defecto que poseen los jugadores que creen ser más de lo que en realidad constituyen dentro del equipo y que no logra hilvanar dos partidos en buen nivel. Después, cuando es quitado de los concentrados, su representante asoma en las redes sociales criticando las determinaciones del entrenador.
Otro que está en un nivel muy bajo es el Cata Díaz. Endeble, fácil de atravesar, fuera de tiempo… Nunca logró afianzarse a pesar de poseer un compañero de zaga firme y tiempista. Quien mantuvo un buen rendimiento, una vez más, fue Emanuel Insúa por el carril izquierdo y Juan Manuel Martinez en ofensiva, hasta que el correr del partido lo cansó.
Boca parece no saber ganar los partidos. El 1-0 le genera dudas, incertidumbre. El temor por la igualdad aumenta en cada situación a favor desperdiciada. Orión mantuvo el arco en cero hasta donde pudo, pero los empellones de Central fueron mucho para este frágil Boca. Otra derrota. Como visitante en esta nueva etapa, Carlos Bianchi disputó 25 cotejos de los cuales ganó tres, empató once y perdió catorce, con una efectividad del 22,6%. Dato que ilustra a la perfección las dificultades que sufre Boca a la hora de salir de la Bombonera.


Por Matías Adami @matiadami2.

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