Boca volvió a perder. Esta vez fue por 2-1 contra Rosario Central,
como visitante. Las modificaciones del DT, una vez más, en el ojo de la
tormenta.
Más que un análisis futbolístico, una crónica o un resumen de lo
que fue el partido contra Rosario Central, intentaré desmenuzar las variantes
que empleó Carlos Bianchi durante los 90 minutos. Claudio Riaño por Emmanuel
Gigliotti; Luciano Acosta por Juan Manuel Martinez; y, la más llamativa, porque
se dio en el 1-1, Claudio Pérez en lugar de Cristian Erbes.
En la antesala al partido pos-Superclásico, Bianchi barajó la
posibilidad de colocar a Riaño desde el inicio, en la ubicación de Gigliotti. Decidió
mantenerlo y le pagó con un gol (que debió ser invalidado por offside). En el
complemento, se llevó a cabo la variante. El “Puma” jugaba mano a mano con los
centrales visitantes, expuestos y jugados en ataques con el anhelo de encontrar
la igualdad. Tuvo un mano a mano desperdiciado, y la oportunidad de generar otro
pero sufrió un agarrón que el árbitro Fernando Rapallini no percibió. Con un
cambio concretado, decidió enviar al campo de juego al joven Acosta en lugar de
Martinez, de correcto primer tiempo. Estaba algo cansado y estático, pero es
sumamente útil para usufructuar las bandas y hacer descansar el balón en
ataque. Franco Niell puso el 1-1 y, para sorpresa de todos, Bianchi sacó un
mediocampista como Erbes, y mandó a jugar al Chiqui Pérez. Es cierto que el
Pichi estaba extenuado pero Pérez no parecía ser el indicado para suplantarlo.
El ida y vuelta con el que comenzó el partido Erbes desapareció, y pasó a ser una
carta exclusivamente ofensiva, que no colaboraba con la presión y dejaba
espacios en el carril de Hernán Grana. Era inminente su salida, pero lo
llamativo fue su reemplazante.
Para intentar brindar una explicación del último cambio, aclaro que
Juan Forlín pasó a jugar como volante central. Bianchi nunca practicó con
Forlín en esa posición pero, en el Espanyol, se transformó en el estandarte del
equipo. Con el “ex zaguero” de cinco, Federico Bravo debió correrse a la
izquierda y Sánchez Miño se desentendió del sistema defensivo. Al instante,
llegó el 2-1 que desmoronó el castillo de fantasía de Bianchi. Pérez ingresó
para contrarrestar los cabezazos de Sebastián Abreu que ni Daniel Díaz ni
Forlín pudieron impedir durante todo el partido. No funcionó y, con el
resultado adverso y habiendo disminuido el contingente en ataque, Boca sufrió
de la carencia de ideas para gestar. Injustificable e improvisada variante. Sin
entrenamientos previos y ante la necesidad de ordenar y atacar.
Una vez más, disputó un correcto primer tiempo, tuvo sus chances
para liquidarlo, pero la fortuna y la falta de puntería de Gigliotti lo
impidieron. Sánchez Miño sufre de displicencia. Ese defecto que poseen los
jugadores que creen ser más de lo que en realidad constituyen dentro del equipo
y que no logra hilvanar dos partidos en buen nivel. Después, cuando es quitado
de los concentrados, su representante asoma en las redes sociales criticando
las determinaciones del entrenador.
Otro que está en un nivel muy bajo es el Cata Díaz. Endeble, fácil
de atravesar, fuera de tiempo… Nunca logró afianzarse a pesar de poseer un
compañero de zaga firme y tiempista. Quien mantuvo un buen rendimiento, una vez
más, fue Emanuel Insúa por el carril izquierdo y Juan Manuel Martinez en
ofensiva, hasta que el correr del partido lo cansó.
Boca parece no saber ganar los partidos. El 1-0 le genera dudas,
incertidumbre. El temor por la igualdad aumenta en cada situación a favor
desperdiciada. Orión mantuvo el arco en cero hasta donde pudo, pero los empellones
de Central fueron mucho para este frágil Boca. Otra derrota. Como visitante en
esta nueva etapa, Carlos Bianchi disputó 25 cotejos de los cuales ganó tres,
empató once y perdió catorce, con una efectividad del 22,6%. Dato que ilustra a
la perfección las dificultades que sufre Boca a la hora de salir de la
Bombonera.
Por Matías Adami @matiadami2.























0 Comentarios:
Publicar un comentario