Boca venció a Olimpo por 2-0 con goles de Sánchez Miño y Riquelme,
de penal. Con esta victoria acumula 7 unidades pero lejos está de alcanzar un
rendimiento satisfactorio. Forlin terminó salió del campo por una molestia y están en duda para enfrentar a Racing. Ledesma llegó a la quinta amarilla.
Transcurrieron 101 días para que Juan Román Riquelme vuelva a pisar
una cancha de fútbol desde el primer minuto. Suscitaron una parafernalia, una
imposibilidad absoluta, una incoherencia que graficaba al “10” como el salvador
del mal andar xeneize. Irrisorio, claro. A pesar de sus magistrales condiciones
técnicas y posicionales, de su sentido de orientación futbolístico y de la
inteligencia con la cual maneja los partidos, no hay jugador terrestre que logre
quitar a un equipo del mal rendimiento. Lo que sí hizo, fue distribuir la
pelota y darle cierta coherencia al juego, sin obtener un gran rendimiento.
Con la ausencia de Fernando Gago, Boca manifestó un mediocampo
menos técnico pero más luchador y vertical. Juan Sánchez Miño usufructuó la
banda izquierda y Cristian Erbes realizó un correcto partido incomodando a la vereda
izquierda aurinegra. Sin embargo, ambos goles derivaron de desbordes por parte
de Leandro Marín y Emanuel Insúa, los laterales del equipo. Los dos comenzaron
el año de atrás, luchando para obtener la titularidad. Marín es más prudente y
moderado a la hora de atacar; tiene buena pegada e interesante técnica. Insúa,
como contraposición, es más vehemente, veloz y encarador; agacha la cabeza y avanza.
Ellos han generado las ocasiones que devinieron en los goles. En el primer
caso, el envío de un centro raso y en el segundo, un enganche que bastó para
que le cometieran penal. La utilización de los laterales en un mediocampo
técnico e interno, es esencial para la explotación de las bandas y la apertura
del terreno.
Boca no disputó un buen partido. Enfrente se le presentó un equipo
que no propuso otra cosa que defender. Desde el primer cuarto del encuentro se
observó que Olimpo estaba replegado y que los contraataques parecían lejanos
por las extensas parcelas de césped que debían recorrer hasta alcanzar el arco
de Emanuel Tripodi. A pesar de ello, generó cuatro situaciones claras (una de
ellas de pelota parada) que podrían haberle dado un impacto anímico
irreversible al conjunto xeneize. La fortuna y el arquero lo negaron. Hubiera
sido injusto. La propuesta fue mezquina y Boca, obligado, tomó el protagonismo del
partido. No tuvo profundidad en el primer tiempo y en varios pasajes de los 90
no supo qué hacer con el balón. Además, las situaciones gestadas por la visita
no precisaron de una gran elaboración. Tomaron mal parada a la defensa boquense
una y otra vez, pero la ineficacia resolutiva de sus ofensivos provocó el cero
en la valla de Tripodi.
El hincha xeneize atraviesa ese momento en el cual no solicita un
buen rendimiento, ni el anhelo de un despliegue futbolístico atractivo. Desea
sumar de a tres, avanzar en la tabla de posiciones y crecer en base a ello. En
el torneo Final, como local, Boca ganó dos y perdió uno y posee dos unidades menos
de las que tenía en la sexta fecha del campeonato pasado, que terminó ‘peleando’.
Lo cierto es que, manteniendo un rendimiento como el que viene acarreando, será
sumamente complejo ver al elenco de Carlos Bianchi disputando los puestos de
vanguardia. Tendrá que mejorar, pero siempre es más sencillo crecer con la
sonrisa de haber sumado de a tres el domingo.
Por Matías Adami @matiadami2.























0 Comentarios:
Publicar un comentario