En Boca, como cada seis meses ocurre, la nomenclatura de
posibles incorporaciones aumenta sus líneas día a día. Juan Forlín, el zaguero
central salido de la cantera Xeneize, suena fuerte como el primer refuerzo de
Carlos Bianchi.
En este libro de pases, la Secretaría Técnica, con Daniel
Angelici a la cabeza, ha tomado la decisión de incorporar jugadores por medio
de préstamos por un año con opción de compra para evitar las adquisiciones de
profesionales que no logren manejarse dentro del campo con los colores de Boca.
La segunda opción, será repatriar a aquellos que han vestido la camiseta Xeneize
y tengan la experiencia suficiente como para llegar al país, calzarse la
casaca, y salir al verde césped evitando el famoso “peso de la camiseta”.
La primera imagen que aflora en la cabeza de los boquenses
al escuchar el nombre Juan Forlín es el impacto que recibió en el triangular
con Tigre y San Lorenzo. Ese cabezazo de Andrés Silvera que dejó a una joven
promesa convulsionando sobre el césped y le impidió continuar en el partido.
Además, su elegancia a la hora de recuperar el balón. Siempre limpio, elegante, sin infracción
y con una inteligencia y técnica que le permitieron ocupar el mediocampo en el
Real Club Deportivo Espanyol, de España. Por Forlín, abonaron cuatro millones
de euros por cinco años. Incluía el 70% de sus derechos federativos. Comenzó
jugando de defensor central, como a lo largo de toda su carrera futbolística,
pero se asentó como mediocampista por su solvencia para recuperar y el buen
pase inicial para distribuir el juego. Se codeó con los mejores, fue figura, y
llegó a ser nombrado segundo capitán meses antes de su partida al fútbol de Catar.
El 20 de julio de 2013 y tras dejar una grata imagen en el
club español, emigró a una liga extravagante, tan de moda en el fútbol moderno.
El Al-Rayan se puso en contacto y pagó su fichaje por dos millones y medio de
euros. Cuatro meses debieron pasar para que Forlín, otra vez, esté en boca de
todos de este lado del continente. Desde Boca, anhelan su regreso y el jugador,
disconforme con la liga a la cual fue a participar, se movilizó para facilitar
su salida de la institución de Catar.
Desde las oficinas de Casa Amarilla, aguardan por el regreso
de Carlos Bianchi. Él decidirá. El Virrey desea a Paolo Goltz, que difícilmente
deje Lanús. Pretende jugar la Copa Libertadores y mantenerse en la plantilla de
Guillermo Barros Schelotto.
Pasaron cuatro años y medio desde la partida de Forlín al
fútbol europeo. Las chances de que vuelva a vestir la camiseta Xeneize aumentan
día a día y, lo único que resta, es que el DT brinde el OK para concluir la
transacción que todos los dirigentes desean.
Forlín se fue como una promesa que no logró explotar en las
grandes ligas. Hoy, perdido en un fútbol exótico y de baja competencia, está a
un paso de volver a su cuna; al lugar que lo vio nacer. Forlín, está a muy
cerca de regresar y vestir la azul y oro.
Por Matías Adami @matiadami2.























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