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18 noviembre 2013

El fiel reflejo

En la noche de Sarandí, Boca perdió 3-2 contra Arsenal y, en caso que Newell’s gane esta noche, quedará afuera de la pelea por el campeonato. Jugó mal y, sin merecerlo, tuvo chances de empatarlo.

¿Cuántas posibilidades ha dejado pasar Boca? Si ganaba, quedaba puntero con San Lorenzo. No solo no lo logró, sino que dejó una imagen lamentable. Si en los partidos decisivos, donde deben verse las ganas y ese “plus” que todo equipo requiere, el rendimiento es bajo y se sufren derrotas categóricas, la ilusión decrece y se hace cenizas. Eso sucedió ayer.

El que de vez en cuando observa fútbol, sabe que el fuerte de Arsenal es la pelota parada. Boca se ocupó de cometer una infracción detrás de la otra para que cada una de ellas cayera sobre el área de Emanuel Tripodi. Juan Román Riquelme, con pocos espacios, debía retrasarse para buscar pasillos. Por derecha, el central devenido a lateral Matías Caruzzo que, a pesar de no conocer el puesto, cumplió y se ofreció como opción. Por el otro lado, Nahuel Zárate que jugó, quizás, su peor partido con la camiseta Xeneize. Por la misma banda, aunque generalmente introducido en el circuito interno, estuvo Jesús Méndez. Parece cansado el ex Rosario Central. No gravita, no asiste, no busca espacios. La banda izquierda de Boca fue tiempo de picnic para los jugadores del Arse.

El primer tiempo concluyó 2-0 a favor de los locales y el conjunto de Carlos Bianchi, quedó con ese sabor amargo del remate en el travesaño de Claudio Riaño tras una gran jugada colectiva. Imaginando cambios, se fueron al descanso. Pero no. A pesar del resultado adverso, el Virrey optó por mantener los mismos once que mostraron un rendimiento magro en esos primeros 45 minutos.

En la primera jugada, Caruzzo conectó un tiro de esquina de Méndez y descontó. Las ganas, el amor propio, la necesidad de obtener los tres puntos, y el empuje, generaron ilusión. Esa misma ilusión que se fue, y que después regresó. ¿Cómo? Riquelme entró en una laguna. Erró un pase detrás de otro con el equipo colocado en ofensiva. Los laterales de wines, los mediocampistas buscando pasillos para recibir y los delanteros luchando y forcejeando contra los duros zagueros de Arsenal. Uno de esos yerros, devino en una jugada individual de Sebastián Carrera que, tras abrir el juego, se ubicó entre Daniel Díaz y Ribair Rodriguez y conectó el envío de Nicolás Aguirre. 3-1 y todo parecía liquidado.

Sin embargo, a pesar del mal rendimiento, la falta de ideas y las fallas defensivas, a Boca le surgió una nueva oportunidad, como a lo largo de todo el campeonato. Se iluminó Riquelme, asistió a Riaño y el ex San Martín de San Juan se perfiló para la zurda y firmó el 3-2. Había tiempo para el empate. Un remate de Leandro Paredes y otro de Emmanuel Gigliotti fueron las oportunidades que gestó Boca para igualar. La falta de puntería y el palo se lo impidieron.

A pesar de las situaciones gestadas, Boca no jugó bien. Estuvo inconexo, falló en defensa, se mostró ingenuo ante las embestidas locales y nunca supo acoplarse al partido. El ingreso de Juan Manuel Martinez le dio explosión al ataque, pero no fue útil para, al menos, traerse un punto de Sarandí.

La fecha 16 del Torneo Inicial es el fiel reflejo de lo que deja este campeonato para Boca. Si bien matemáticamente no está afuera de la pelea, por rendimientos, no debe estar donde está. En la visita a Arsenal, Boca jugó mal, encontró posibilidades por la merma de los de Gustavo Alfaro, y estuvo cerca de conseguir el objetivo. Eso, fue lo que le sucedió a lo largo de todo el campeonato. Las veces que rindió bien fueron escasas; la irregularidad de los demás equipos le dio más vidas; y, con este 2-3, parece haber quedado afuera de los candidatos.


Solo resta saber si concluirá con una derrota, como contra Arsenal (si Newell’s gana), o si este mediocre e irregular campeonato le dará una vida más al Boca de Bianchi (si Newell’s pierde o empata), que está inmerso en el presente que atraviesa el fútbol argentino.


Por Matías Adami @matiadami2. 

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