Hay quienes manifiestan que hablar de merecimientos en el
fútbol es irrisorio. Claro, cuando los resultados inundan la pirámide en su
totalidad, su entorno carece de importancia. Para medir el rendimiento
general de un equipo, es fundamental analizar el merecimiento y abstraerse del
resultado. Eso sería utópico. Cómo reflexiona Jorge Valdano: “En el fútbol,
los resultados son un gran manipulador de la realidad”. Pero el análisis
descripto a continuación ponderará el mérito sobre el premio.
¿Qué partido ganó Boca que no mereció? El que se viene a la
cabeza, prontamente, es el Superclásico. Con poco, se quedó con los tres puntos
y un supuesto impulso anímico que no fue tal tras el empate y el flojo nivel
que demostró en la Bombonera contra Rosario Central. Tampoco se debe olvidar el
primer partido contra Belgrano, en Córdoba. Aunque parece añejo, la polémica en
torno a aquel choque en el que Carlos Maglio fue figura no debe ser olvidado.
¿Tigre? Considero que en todo momento quien propuso fue Boca. Sin argumentos
nítidos ni posiciones claras, se quedó con la victoria en el último minuto. El
Matador, por su parte, se fue al descanso con el 1-0 sin haber rematado al
arco. Merecido o no, es discutible.
Es más, hubo derrotas o empates que no fueron merecidas.
Estudiantes en La Plata, por ejemplo. En aquel choque, el Pincha obtuvo el
primer gol de pelota parada y el segundo, por medio de un penal inexistente.
Contra Argentinos Juniors, en La Paternal, fue un empate con sabor a poco por
las innumerables situaciones que desperdiciaron los ofensivos Xeneizes.
Dentro de las seis derrotas que sufrió en el Torneo Inicial,
cuatro fueron en condición de visitante y dos como local. Si de merecimiento
hablamos, con Olimpo, el nivel fue alarmante; contra Newell’s, la derrota no
fue justa; la de Estudiantes está esclarecida líneas más arriba; y finalmente,
con San Lorenzo y Arsenal, fueron categóricas. Como conclusión, Boca perdió los
partidos que mereció perder.
A la hora de destacar buenas producciones, afloran
rápidamente las victorias autoritarias contra Racing y Vélez, en la Bombonera.
De esos no hay discusión. Después surgen aquellos encuentros en los que Boca
gana sin desplegar un nivel propicio, pero demostrando superioridad respecto
del rival como contra Quilmes o Colón. Boca es, quizás, al único equipo al que
no solo se le exige el resultado, sino que se realiza un análisis minucioso de
su rendimiento puesto que se le demandan victorias merecidas y justas. Dos adjetivos
que, en el fútbol argentino, se están escabullendo.
Estos resultados ilustran lo que fue Boca en el semestre.
Sin aclarar las inconmensurables lesiones sufridas que no permitieron formular
un equipo realista y sólido. Quedó en el pasado, es cierto, pero en las
primeras cuatro fechas del Torneo Inicial, Bianchi logró repetir el equipo. No
sufrió lesiones en defensa y la mantuvo con Marín, Díaz, Burdisso e Insúa.
Después empezaron a caerse los soldados, uno a uno, y pasaron por allí Méndez,
Erbes, Ribair, Caruzzo en el lateral, Pérez y Zárate.
Los imponderables fueron sorteados, sin éxito en algunos
casos, y con éxito en otros. Improvisar fecha tras fecha, solicitar el mejor
nivel de un jugador en posiciones que desconocen y aspirar a un rendimiento
regular en un equipo que nunca lo alcanzó, suena a fantasía.
Habrá que pasar la hoja y dejar atrás un año 2013 que no
dejó títulos. Hay plantel, dos posibles refuerzos, y el anhelo de empezar a
conseguir cosas importantes para marcar la rica historia Xeneize. Pero, si de
merecimientos hablamos, Boca está donde debe estar.
Por Matías Adami @matiadami2.























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