Llegó hace un año y medio cuando su equipo, Ñuls, estaba peleando por no descender. Era uno de los candidatos para que la temporada 2013-2014 la juegue en el Nacional B. Terminó campeón.
El Tata muchas veces elogió la manera de jugar de sus últimos dirigidos antes de que él llegase a la institución. Pero los malos resultados tapaban todo tipo de análisis. Cuando se empezó a ganar aparecieron los elogios que debieron haber llegado antes. “Yo no cambié ni creé una forma de jugar. A estos chicos ya los veía jugar antes y se los notaba con una identidad muy buena”, declaró en varias oportunidades uno de los máximos ídolos leprosos.
El estilo que siguió y sin dudas mejoró; marcó un camino en la Argentina. Volvió a las fuentes. Volvió a los wines. Volvió a salir desde el fondo de manera limpia. Volvió a pregonar el juego de posición, ese de ir ganando posiciones a través del pase a las espaldas de los rivales. Ni en los peores momentos, ni en finales, cambió las formas ni el cómo.
Nahuel Guzmán, injustamente criticado, le transmitía constantemente confianza a sus compañeros desde el arco, ya sea bajo los tres palos o con el pie. La dupla central es la mejor a nivel doméstico y los laterales eran más atacantes que defensores. De mitad de cancha hacia adelante no había posiciones fijas: todos rotaban, todos la pedían y todos llegaban desde atrás, algo clave en el funcionamiento. Como todo gran equipo tuvo grandes individualidades: Ignacio Scocco y Maxi Rodríguez marcaron diferencia.
“El fútbol argentino es muy tramposo y ventajero. No me voy a quedar a dirigir acá”, fue una de las frases que disparó en el último semestre que marcó por qué se iba tras el final de la competencia oficial. En la previa de la fecha 17 hubo un sinfín de idas y vueltas sobre los horarios. “A lo mejor el lunes a la mañana nos enteramos a qué hora jugaremos. Nos vamos a levantar temprano para no llegar tarde, por las dudas”. Así, con ironía y gran inteligencia, dio otra muestra de que en un fútbol pésimamente organizado no iba a seguir. Tampoco hay que olvidar el episodio en el que el árbitro Juan Pablo Pompei lo increpó y empujó en Sarandí. ¿Así ve un futuro? ¿A costa de qué, proseguir con el proyecto?
Así se pierde un enorme protagonista. Un tipo sencillo, que no usa el cassette para hablar, que critica a quien lo merece y que defendió el estilo argentino. Ya como jugador, nombrado como el mejor de Newell´s en su historia, había dejado su huella. Ahora, como DT, seguro que su legado no será mínimo.
Por Lucas Abbruzzese @LucasAbbruzzese























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