Por Daiana Iroz @DaiaCAI
Necesitaba la victoria como una persona necesita el agua, para sobrevivir. Con dos de los ídolos más importantes del club (Bochini y el Kun Agüero), en la cancha, el Rojo jugó bien y volvió a dar el fútbol que la gente quiere ver.
Con un estadio repleto, lleno de almas rojas alentando por el equipo. Fue un partido más de “seis puntos”, otra final. Y más teniendo en cuenta que el equipo rival se presentó con la casaca similar a la de Racing. Para ponerle más color…
Leguizamón se destapó y convirtió el gol que abrió el marcador, con la pelota que entró pidiendo permiso, para un Independiente que comenzó el partido atacando a un rival con pocas ideas desde el comienzo. El protagonismo de Américo Gallego fue importantísimo, ya que fue él quien decidió que el partido había que irlo a buscar. Que había que cambiar la imagen que estaba dando el Rojo en lo que va del torneo. En el séptimo partido (seis de campeonato, uno de la copa) se vio a un Independiente distinto, con sociedades futbolísticas que le diero vuelo.
En el complemento, cuando Rafaela dominaba la pelota, llegó Osmar Ferreyra para convertir el segundo gol, perfectamente habilitado, para que Independiente sueñe y deje, al menos por ahora, el infierno.
El Tolo Gallego seguía siendo participe del juego, con gritos que decían a sus jugadores que vayan a buscar el partido y que no se queden atrás. Esto, demuestra la capacidad del técnico de no quedarse a pesar de ir ganando por diferencia de dos goles.
Independiente despertó, de la mano de este gran técnico que le dio tantas alegrías en el pasado. Y si, porque todo vuelve… Y la mística, la historia de 100 años en primera no se perderá. De la mano del Tolo, los de Avellaneda intentarán eludir uno de sus años más complicados de su existencia. Parece haber empezado a encontrar el camino.






















