Por Damián Pugliese @damianpugliese
Un partido como muchos del fútbol nacional. Cargado de pelotazos, plagado de nervios y presiones. Encontrar jugadas asociadas fue casi una tarea titánica. Así las cosas, fue Quilmes quien en el primer tiempo logró encontrar algún atisbo de claridad. Un cabezazo de Díaz que pasó cerca del arco de Barovero, alguna corrida de Telechea sin peligro, pero poco en general.
El equipo de Almeyda era pura incertidumbre. No encontró en ningún momento la llave del mediocampo y se desnudó la dependencia casi extrema de Ponzio para el equipo millonario. Si el ex volante de Newell´s no logra conectar los circuitos de juego, River se vuelve un cúmulo de voluntades sin sentido, sin ningún propósito. Y De Felippe entendió a la perfección este elemento y les encomendó a Díaz y Romero la tarea de “tapar” al volante central rojiblanco. Y a partir de ahí fue que el equipo local quien encontró la pelota, pero no las ideas. Mucho tiempo pasó la redonda volando sin encontrar una sucesión de pases entre jugadores quilmeños.
El segundo tiempo no cambió la estructura de lo que venía pasando. Un River sin ideas y un Quilmes que a partir de la tenencia de la pelota intentaba elaborar situaciones de gol. De Felippe metió a Caneo y a Cauteruccio para patear un poco el tablero de un chato encuentro. Aunque le duró poco la alegría. Sólo trece minutos duró el número diez en cancha ya que se resintió de la tendinitis en el tendón de aquiles derecho que lo puso entre algodones en la semana. Los estudios finalmente arrojaron una rotura del tendón, y el Chino estará afuera de las canchas por, al menos, cinco meses. Con estas variantes, el conjunto del Sur encontró un poco más de profundidad en ataque. Tanto es así que a los 14 minutos del segundo tiempo, y tras aprovechar un error de Bottineli, Cauteruccio tomó el rebote y abrió el marcador. De ahí en más, River tomó la pelota en busca de un empate que maquille una deslucida actuación. No lo logró. Quilmes le cerró cada uno de los caminos al arco de Trípodi y el conjunto de Almeyda no encontró variantes para lastimar.
Sonó el silbato final de Silvio Trucco y respiró. Omar de Felippe juntó aire y lo largó con un aroma de tranquilidad que no venía teniendo las últimas semanas. No tanto por el nivel del equipo, mucho menos por la estética impuesta en los 90 minutos de juegos. Sí por cortar una racha de siete fines de semana seguidos sin volver a casa con un triunfo y también por la jerarquía del rival que venía de golear y golear.
Quilmes se volvió a encontrar con el triunfo y dejó a River en un mar de dudas de cara al Superclásico. Ahora se viene San Lorenzo, un partido muy importante para la permanencia en la Primera División. Será un encuentro de alta complejidad, pero el cervecero cambió el aire.






















