Por Daniela Giovagnoli @dagiovagnoli
Ayer, el equipo de Almeyda se enfrentó a Instituto de Córdoba. Ambos llegaron al estadio mundialista con sed de victoria, pero ninguno logró convertir en los 90 y un poco más minutos de juego.
Si bien ambos se fueron con las manos vacías en cuanto a conversiones, River sigue manteniendo el liderazgo del torneo. Instituto, su escolta se encuentra a sólo un punto de diferencia. Era un partido del cual se esperaba mucha acción, tal cual lo describía Matías Almeyda, DT millonario, prometía ser un “partidazo”. Pero como dice un reconocida frase “Del dicho al hecho, hay un largo trecho”, y eso pasó anoche en el estadio mundialista.
Si bien River fue más, atrás quedo aquel equipo que consiguió dos victorias consecutivas, donde mostró el juego del bueno y gustó. Faltó juego, faltó definición, y sobretodo, el grito de gol. Por el lado de Instituto, se encontró desbordado por el contexto en el cual jugaba. Una chancha llena de simpatizantes visitantes, algo a lo que no estaban acostumbrados.
Por momentos se vieron buenas jugadas millonarias, salió bien a presionar, tuvo buen recupero de pelota. Pero faltó lo más importante, el grito de gol que le permitiera llevarse los tres puntos que lo alejarían aún más de Instituto, su escolta. River tuvo llegadas al arco de Chiarini, hasta hubo un gol que el árbitro anuló correctamente, ya que fue Fernando Cavenaghi intentó rememorar la “mano de Dios” de Maradona, pero sin la misma suerte.
En el segundo tiempo, El Torito Cavenaghi fue remplazado por Daniel “Keko” Villalva. Con este cambio el Pelado mostró una formación que atacó aún más el arco de Instituto. El Keko tuvo su oportunidad de abrir el marcador luego de un contraataque, pero el tiro salió desviado y ni siquiera dio chance de rebote.
Más allá de los resultados, River sigue demostrando que tiene grandes figuras en su plantel. Tiene iniciativa, pero falta mejorar el juego y la precisión. Hoy es líder de la tabla de posiciones del torneo Nacional B y aún le quedan unas cuantas fechas para demostrar que su paso por ahí es circunstancial.























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